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La
nueva cocina
S
i algo es nuevo es porque cambia, aunque en su esencia permanece lo mismo.
No voy a gastar ni una frase en profundizar acerca de la esencia, pero
sí de la cocina, Preparación de los alimentos para su ingesta.
Lugar donde se realiza tal acción. A pesar de que el término
nueva se aplica a una forma especial de cocinar, hoy la cocina es necesariamente
nueva y en su totalidad. Hay de todo en todas partes, en casi todas. Hay
refrigeración y congelación. Hay hornos con control de temperatura
y humedad. Eso permite juntar materias que antes era imposible por estacionalidad.
Eso permite la cocción sin pérdida de humedad. Eso permite
la cocción a baja temperatura. Sin hablar de las ollas a presión
que permiten obtener vapor de agua con temperatura superior al punto de
ebullición. Las posibilidades actuales son totales. Así
que tenemos una auténtica no sólo nueva, sino revolucionaria
cocina. Sin embargo, se llama al uso nueva cocina a algo distinto. Separar
sabores, aromas y texturas, O componer de forma distinta a la tradicional
sabores, aromas y texturas. Es algo parecido a la pintura abstracta. El
resultado final puede ser fantástico o un verdadero churro. Normalmente
ocurre lo segundo. Volviendo a la pintura, las nuevas composiciones sin
forma re-quieren evolución permanente, es la búsqueda constante
de la originalidad. En la nueva cocina es lo mismo. Malamente un nuevo
plato logra perdurar, y si es realmente una creación nueva rápidamente
se generaliza. ¿Cuántos platos nuevos han logrado tal propósito?
Ninguno. Más que decir entonces nueva cocina, lo que hay que expresar
es buena cocina.
Las cocina tradicional estaba muy limitada por la conservación
de los alimentos y el control del fuego. Ahí estaba la buena mano,
el saber hacer especial. El toque de gracia. Actualmente estamos ante
la cocina exacta. Ingredientes perfectos. Sistemas de elaboración
precisos. Y encima ante un aparato que deja comer caliente a los lerdos,
entre los que me incluyo, esa cosa llamada microondas, que hace vibrar
las tan especiales moléculas de agua.
Hay unos condimentos nuevos, este sí que sí, en cocina que
la hace aproximarse a la política. La comunicación y la
sugestión. Si no, sería inconcebible el éxito de
las nuevas cocinas. Requieren adornarse de teatros y palabrería
para lograr el triunfo. Te sientas en un sitio de los nuevos. Lees la
carta. No sabes lo que vas a comer. Se adorna de locuciones inciertas
que no significan nada. El comensal no avezado no tiene ni idea de lo
que ha pedido ni lo que va a comer. Tan es así que el buen camarero
tiene que explicar, plato en mesa, qué es de lo que trata, por-que
ni saboreándolo puede el paladar distinguirlo. Puede que sea el
signo de los tiempos. La apariencia con-vertida en fundamento. Igual que
en política con su carta de programa electoral. Si no le gusta
el plato se lo cambiamos por otro, no hay quien lo haga después
de llenado estómago. Porque nadie dice "si no le gusta no
se lo cobro". Ahora el programa electoral se pregona como un contrato,
pero, evidentemente, si no se cumple habrá que esperar a las siguientes
elecciones.
En estos días en que casi todo está inventado hay que tener
prevención cuando a algo se le llama nuevo. No es tal. Es superchería
para crédulos. Hasta que el tiempo les hace salir del embuste.
Se cambia lo bueno por lo nuevo. Lo que conlleva la pérdida de
identidad por requerir siempre nuevos nuevos, que son necesariamente ajenos.
Y ya me voy a comer que son las dos y media. No sé que comeré
ahora. Después posiblemente tampoco sepa lo que he comido. Ni siquiera
si me ha gustado.
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