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Nº 660
5/9/2005

 

Otro estío

Cuando toca escribir después del verano no hay ni ideas de temas de reflexión. Por eso el colega de la página de al lado me sugirió un asunto -yo carecía-, las vacaciones. Luego preparando el artículo caí en cuenta que es la cuarta vez que me pasa lo mismo. Después de verano discernir sobre el descanso M estío. Otras veces surgieron las maldades o la sustancia de¡ ocio veraniego. Otras sobre quién es el causante de la inactividad política -recuerdo que tras prolijo raciocinio la conclusión era que los periodistasAhora se me ocurre que es saludable pasar de la crítica al cambio.

Al acabarse este agosto se me hace más esforzado que nunca la vuelta al diario. Serán los años. El otoño se atisba y la melancolía vuelve por sus fueros. Vienen, se agolpan, los recuerdos.
Estaba en un bar en Sao Paulo con el ahora alcalde de Reus saboreando una segunda caipiriña. Llegamos al mutuo convencimiento de que tal brebaje merecía, en tales latitudes, cambiar su nombre, para pasar a denominarse otracaipiriña. Pasa algo parecido después de las vacaciones estivales. Deberían redenominarse -tomando el modo de la otracaipiriña, aunque cambiando el antes al después-, por otras vacaciones. Porque las vacaciones ilustran mejor que nada el paso de[ tiempo, al ser el revulsivo físico y anímico de todo el año.

Realmente el año empieza ahora, es tiempo de comienzos, de vueltas. Que, con el calentamiento previo y necesario, podemos llevar hasta el
21 de septiembre, equinoccio. Fecha mágica, además, en la Cábala (y, por cierto, el día de mi cumpleaños). Hace mucho tiempo ¿es mucho 32?- hubo un ministro de educación de Franco al que se le ocurrió, y puso efímeramente en práctica, hacer coincidir el curso escolar con el calendario. 0 sea que empezase en enero. Razón de coincidencia no le faltaba, pero se equivocó en la mudanza. Lo que habría que hacer es llevar todo el calendario al escolar. Misión imposible. Porque el verano es el tiempo que invita al sosiego y al descanso. Disculpa, el calor.
Realmente es un verdadero disparate que mayoritariamente las vacaciones se disfruten, mejor quieran serio, en un solo mes del año. Trastoca de forma total la actividad productiva. Es la forma más perversa imaginable de despilfarrar recursos. Monstruosa. No hacen falta muchas explicaciones. Concentración de recursos en un espacio para un uso muy restringido. Frenazo y parada y luego arranque. Es como un motor. ¿Puede mudarse el sistema? ¡Pues
claro que sí!

En su día tuvo un fundamento, repito, el calor. Hoy no tiene sentido. ¿Se deja, acaso, de trabajar en la construcción? ¿En la agricultura? ¿En los servicios básicos, aparte de la Administración, la Justicia y la política? Estando además universalizados los sistemas de climatización del ambiente. ¿Es más tórrido agosto que julio o junio? Las respuestas son obvias.

El cambio habría de ser paulatino. El principio, por quien tiene mando. El Gobierno debería tomar la iniciativa, tras el correspondiente y evidente debate nacional. A acabar con los días inhábiles de agosto en la justicia, a acabar con el mes inhábil en la realidad administrativa. Y, por supuesto, racionalizar el curso escolar; es suficiente con copiar, mejor calcar para evitar errores, el modelo británico; consiste en algo tan elemental como repartir las vacaciones con seso. Qué decir con la actividad parlamentaria o gubernamental. Para eso existen los turnos. No es comparable la vacación anual con la semanal. Sé que nadie va a hacer caso. Pues así nos irá.

Estamos en tierras de acusar defectos y no poner arreglos, liberalización de la economía, precio del suelo, sistema de pensiones, vacaciones de verano, la contaminación de la economía por el precio del petróleo. Las soluciones no requieren complicados inventos dignos de un Nobel, sino sólo voluntad de solución. Que hay que pisar algún callo, pues sí. Pero si esperamos a que los problemas los solucione el tiempo, el "venga después" o el extranjero vamos listos.

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