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Otro
estío
Cuando
toca escribir después del verano no hay ni ideas de temas de reflexión.
Por eso el colega de la página de al lado me sugirió un
asunto -yo carecía-, las vacaciones. Luego preparando el artículo
caí en cuenta que es la cuarta vez que me pasa lo mismo. Después
de verano discernir sobre el descanso M estío. Otras veces surgieron
las maldades o la sustancia de¡ ocio veraniego. Otras sobre quién
es el causante de la inactividad política -recuerdo que tras prolijo
raciocinio la conclusión era que los periodistasAhora se me ocurre
que es saludable pasar de la crítica al cambio.
Al acabarse este agosto se me hace más esforzado que nunca la vuelta
al diario. Serán los años. El otoño se atisba y la
melancolía vuelve por sus fueros. Vienen, se agolpan, los recuerdos.
Estaba en un bar en Sao Paulo con el ahora alcalde de Reus saboreando
una segunda caipiriña. Llegamos al mutuo convencimiento de que
tal brebaje merecía, en tales latitudes, cambiar su nombre, para
pasar a denominarse otracaipiriña. Pasa algo parecido después
de las vacaciones estivales. Deberían redenominarse -tomando el
modo de la otracaipiriña, aunque cambiando el antes al después-,
por otras vacaciones. Porque las vacaciones ilustran mejor que nada el
paso de[ tiempo, al ser el revulsivo físico y anímico de
todo el año.
Realmente el año empieza ahora, es tiempo de comienzos, de vueltas.
Que, con el calentamiento previo y necesario, podemos llevar hasta el
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de septiembre, equinoccio. Fecha mágica, además, en la Cábala
(y, por cierto, el día de mi cumpleaños). Hace mucho tiempo
¿es mucho 32?- hubo un ministro de educación de Franco al
que se le ocurrió, y puso efímeramente en práctica,
hacer coincidir el curso escolar con el calendario. 0 sea que empezase
en enero. Razón de coincidencia no le faltaba, pero se equivocó
en la mudanza. Lo que habría que hacer es llevar todo el calendario
al escolar. Misión imposible. Porque el verano es el tiempo que
invita al sosiego y al descanso. Disculpa, el calor.
Realmente es un verdadero disparate que mayoritariamente las vacaciones
se disfruten, mejor quieran serio, en un solo mes del año. Trastoca
de forma total la actividad productiva. Es la forma más perversa
imaginable de despilfarrar recursos. Monstruosa. No hacen falta muchas
explicaciones. Concentración de recursos en un espacio para un
uso muy restringido. Frenazo y parada y luego arranque. Es como un motor.
¿Puede mudarse el sistema? ¡Pues claro
que sí!
En su día tuvo un fundamento, repito, el calor. Hoy no tiene sentido.
¿Se deja, acaso, de trabajar en la construcción? ¿En
la agricultura? ¿En los servicios básicos, aparte de la
Administración, la Justicia y la política? Estando además
universalizados los sistemas de climatización del ambiente. ¿Es
más tórrido agosto que julio o junio? Las respuestas son
obvias.
El cambio habría de ser paulatino. El principio, por quien tiene
mando. El Gobierno debería tomar la iniciativa, tras el correspondiente
y evidente debate nacional. A acabar con los días inhábiles
de agosto en la justicia, a acabar con el mes inhábil en la realidad
administrativa. Y, por supuesto, racionalizar el curso escolar; es suficiente
con copiar, mejor calcar para evitar errores, el modelo británico;
consiste en algo tan elemental como repartir las vacaciones con seso.
Qué decir con la actividad parlamentaria o gubernamental. Para
eso existen los turnos. No es comparable la vacación anual con
la semanal. Sé que nadie va a hacer caso. Pues así nos irá.
Estamos en tierras de acusar defectos y no poner arreglos, liberalización
de la economía, precio del suelo, sistema de pensiones, vacaciones
de verano, la contaminación de la economía por el precio
del petróleo. Las soluciones no requieren complicados inventos
dignos de un Nobel, sino sólo voluntad de solución. Que
hay que pisar algún callo, pues sí. Pero si esperamos a
que los problemas los solucione el tiempo, el "venga después"
o el extranjero vamos listos.
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