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Nº 652
6/6/2005

 

No sólo 'no' a Chirac

Con un 70 por ciento de participación y un 55 por ciento de no en Francia la senda de la Constitución Europea estaba marcada por la dificultad. Cabía la esperanza de que el no lo fuera al Gobierno francés o a su Presidente, y cambiando uno u otro se allanaría el camino para otro referéndum en que podría ganar el sí. Pero la votación celebrada el miércoles en Holanda desvanece todo tipo de dudas, con un 63 por ciento de participación y un rotundo no del 62 por ciento hace que la Carta Europea haya fracasado completamente en su andadura. Y si siguen las consultas populares, que deben seguir, en lo países que faltan, es más que probable que los fracasos se repitan. Es difícil percibir como han visto franceses y holandeses el proyecto de la llamada Constitución Europea. Lo que sí parece es que no son más listos que los españoles, ni tienen una cultura política más desarrollada. 0 sea, que el farragoso texto sometido a ratificación popular no es lo que determina su negación. Lo que se vota en contra es el estado actual de la Unión.

La denominada Constitución ropea ni es constitución ni es europea, en ambos casos por defecto. El núcleo fundamental es lo mismo que ya estaba y lo que introduce nuevo, fundamentalmente es el cambio parcial del criterio de la unanimidad para la adopción de decisiones por el de mayoría cualificada. Se hace extraño pensar que ante algo tan difícil de percibir por la ciudadanía se ofrezca una negativa tan rotunda.

Lo primero que hay que hacer ahora es suspender a los redactores del texto de la Constitución, por su flagrante equivocación en las previsiones de tramitación, al no haber considerado alternativas al fracaso en la aprobación. Además, por haber querido introducir en un texto único los dispersos anteriores, sin distinguir lo nuevo y lo viejo. Cuando hace tanto tiempo que se ha inventado la técnica de los textos refundidos es absurdo volver a aprobar lo que ya existe. Porque esto nos lleva a la siguiente pregunta: Si se han sometido a referéndum, otra vez, los tratados vigentes, ¿se extiende el no francés y holandés también a la Unión Europea? Lo cierto es que en puridad democrática habría que responder que sí. Lo que resultaría absolutamente catastrófico para Europa.

La pretensión de poder levantar en un futuro, más o menos próximo, los resultados de Francia y Holanda no es razonable. Lo sensato será empezar de nuevo y sin prepotencia legislativa. Y antes de empezar hay que reflexionar acerca de los motivos del no. ¿Se ha dicho no a la ampliación de la Unión? Posiblemente sí. ¿Se ha dicho no a Chirac y a sus obras? También. ¿Se ha dicho no a la situación económica y social? Seguro que sí. ¿Se ha dicho que no a la situación de la emigración? Pues también.

Así las cosas, caben varias alternativas: Una, dejar las cosas como están. No parece mala solución, confesar el fracaso y a empezar de nuevo. Dos, insistir en lo mismo, previas elecciones generales, incluso presidenciales, en Francia y Holanda. Es un albur que conduciría posiblemente a lo mismo, con el riesgo de repetir el fracaso, con consecuencias ahora imprevisibles pero, desde luego, malas, muy malas. Tres, desgajar lo mínimo imprescindible del texto de la Constitución y reiniciar el proceso de ratificación. Puede ser lo más sensato. Cuatro, la solución valiente e imposible. Ir más allá en la unión de Europa y unirse de verdad. No se lo cree nadie. Pero he de confesar que a mi es lo que más me gustaría.

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