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Nº 640
14/3/2005

 

La tele que viene

El panorama de la televisión es caótico. Y otro tanto puede decirse de Ela radio. La cuestión del desorden tiene solo una explicación y es el afán del poder, sea cual fuere su nivel y color, de querer controlar los medios. Baldío afán. En su día paso lo propio con la prensa escrita. En tiempos de la dictadura, el Estado controlaba la mayor parte de los medios diarios.

Allá por 1984 se subastaron los periódicos del Movimiento, todos, que pasaron a manos privadas. No ha pasado nada en cuanto al alcance, del poder mediático en su influencia política. Ha habido cambios de color en casi todos los gobiemos y se ha demostrado que la prensa escrita no es decisiva para el electorado, ni siquiera ayuda decisivamente para el cambio de tomas. Puede que se diga que la privatización de la prensa pública daba igual políticamente porque entonces existía monopolio público en la televisión, que tenía mas peso en la opinión pública que los periódicos.

Luego se abrió un poco la mano en la admitiendo las cadenas privadas y tampoco se reveló una influencia política decisiva. Entonces, ¿cuál es el porqué del caos reinante? Aunque antes de seguir conviene aclarar qué es eso del caos. Es caos porque no existe libertad de establecimiento de postes, ni de televisión ni de radio, lo que ha conducido a una situación en que las concesiones de, radio se han dado --no en algún caso, sino siempre- de forma discriminatoria y sin sentido y sin control posterior. Hay quien tiene muchos, muchos postes y no ha explotado por sí nunca, ni siquiera uno, los arrienda. ¿Qué sentido tiene esto? A su lado nacen como en la televisión las emisoras piratas. Que a sí mismas se titulan de paralegales, lo que es una solemne bobada, son sencillamente ilegales.

Hace algún tiempo, cuando empezaron unos negocietes que se llamaban vídeos comunitarios, algún gobernador civil de turno llegó hasta la clausura de alguno. luego no pasó nada y montaba una emisora por cable cualquiera que pagara el cable. luego el atrevimiento, ante la lenidad de las autoridades, fue más allá y empezaron a emitir por el espacio radioeléctrico. No pasó nada. Alguna ley amenazó con que se iba a regular el caos. No ha pasado nada. Y la solución no es regular para restringir, sino dar libertad total con exigencia de mínimos en contenidos, en programación y en cobertura territorial. Que ponga una emisora quién le dé la gana. No sirve la disculpa de la limitación de frecuencias, porque hay bandas para casi todos. Eso sí, eliminando las frecuencias no directamente explotadas. Es una vergüenza que sigan existiendo postes alquilados.

Y ahora en relación con la televisión. Se está suscitando una pelea en un vaso de agua sobre la ampliación a abierto del canal de televisión analógica de pago. La cuestión es baladí. Porque lo que habría que hacer es permitir que cualquiera que quiera, como en la radio, haga lo que desee con libertad total, aunque también con garantías de cobertura, contenidos y programación. Las razones técnicas para no admitir la libertad son superfluas y, además, el avance de la técnica se las lleva por delante, ya que las posibilidades de transmisión digital son ¡limitadas, tanto vía aérea como por cable, usando los que ya hay e incluso los que servían para conducir sólo electricidad.

Es mucho más importante dar e¡¡ciencia al sistema de transmisión fijo, que debe ser unitario, para lo que se pueden usar sistemas parecidos a los actuales para las redes de transporte de electricidad o gas. No se si os acordáis de una situación demencial que ocurrió hace algún tiempo en que se quisieron montar sistemas de cables superpuestos.

Competir con reglas de juego homogéneas es lo importante, y es bien difícil meterse en el sector. Por cierto, lo de la competencia de los medios públicos, estatales y regionales, es escandaloso, y lleva consigo el desmadre publ icitario. Nadie se atreve a poner el cascabel al gato. Mientras tanto palabras, palabras, palabras.

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