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Sí, pero... Es de suponer que ningún españolito sabe qué, con razón suficiente, va a votar en el referéndum sobre la mal llamada Constitución Europea. Unos que sí porque lo dice el Gobierno, otros que sí porque lo dice el PSOE, el PP o el sursuncorda, o porque es Europa, o por agradecimiento a Alemania, o porque va a pintar menos Madrid, o porque sí. Otros volarán que no porque les molesta el Gobierno o los antedichos, porque bajará la PAC, o los fondos europeos o porque lo dice fulanito o porque le da la gana. Otros, muchos me terno, que no votarán porque no tienen ni idea de qué va la cosa, lo que no es de extrañar, y que saben, y bien que da igual votar que no vota votar. Es de comprender, y sería más que deseable que hubiera de vez en cuando referendos para mil y una cosas. Hace que no hay tino la friolera de 20 años, 20, y políticamente estaba justificado ya que era la única fórmula para cambiar la posición del Gobierno sobre la OTAN. Pero en un clima y cultura de falta de ellos carece de sentido total hacer éste. Otra cosa sería, y a ver si pasa algún día, que el partido gobernante se hubiera comprometido en el programa electoral a celebrar consultas populares para asuntos importantes. No los hubo para temas más trascendentes, la entrada en la CEE, la Unión Monetaria. ¿Para qué entonces? ¿Será solo una equivocación? Pues tal vez. Hay quien piensa que, el resultado es incierto. De forma realista, y aunque haya una abstención elevada, el resultado puede adivinarse, sin grandes elucubraciones, como que habrá más síes que noes. La razón es obvia, los dos grandes partidos apoyan la posición favorable, lo que sucedió con el de la OTAN, en que sólo el Gobierno PSOE apoyaba el sí el principal partido de la oposición, AP, reclamaba la abstención. Pero todo es posible, y si acontece el no la situación se torna complicada. A pesar de que sea consultivo, las Cortes no podrán aprobar la adhesión a la llamada Constitución y habrá que volver a someterla a referéndum. Es impensable que se altere el texto propuesto por la sola negativa española. Otra cosa sería si varios países la rechazaran. Lo que es imaginable en un marco de consultas populares generalizadas. Llevando a una posición de complicada salida, porque no es fácil pensar en otros textos de la llamada Constitución. Las razones para un voto contrario son sencillas. Los países contribuyentes netos a la Unión Europea no quieren incrementar su cuota, los actuales receptores se perjudican porque siendo el dinero el mismo y más países a recibir van a percibir menos, se edulcore como sea. Porque la visión de futuro de que la apertura de nuevos mercados supondrá un desarrollo de los Estados muy industrial izados que repercutirá uego en nosotros es de visión complicada y dudosa. Apelar a la solidaridad europea no hay quien se lo crea. El argumento del agradecimiento por los bienes recibidos no es nada sólido. En fin, lo mejor es no pensar nada y esperar a ver qué pasa para hacerlo. La Constitución Europea, como es sabido, no es una Constitución, porque ni constituye nada, ya existe, ni tiene el contenido propio de las constituciones. Pero aporta tres elementos fundamentales. Uno, la vocación de crear una política de defensa y comercio exterior común. Dos, la adopción de decisiones pasando del modelo de la unanimidad al de mayoría, aumentando el peso del Parlamento. Tres, el inicio de la unificación de los derechos fundamentales de los ciudadanos en toda Europa. La construcción de Europa es una tarea muy complicada y se está resolviendo con pasos muy lentos pero necesarios. No se puede decir que de repente tal o cual novedad sea fundamental -aparte, tal vez, de la introducción del euro- La Constitución puede que parezca corta, no en su texto, sí en su contenido novedoso. Pero no podemos olvidar que cuando se quiere poner de acuerdo a muchos no se hace lo deseable, sino lo posible. La rodadura futura de Europa aparece como fascinante. ¿Qué pasará cuando se adopte una ley europea contra la voluntad expresa de un Estado, en el que necesariamente se aplicará? ¿Podrá convivir la OTAN con un sistema sólo europeo de defensa? ¿Se unificará realmente la política comercial exterior? A esperar y ver. |