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Nº 624
15/11/2004

 

Americanos

Vaya por delante, que creo que, aunque carezca de sentido, es bueno tomar posición en las situaciones históricas pasadas, de igual forma como lo hacemos con las películas o las novelas. Por eso ahora, y a pesar de estar trasnochado, me confieso afrancesado, incluso en el sentido peyorativo del calificativo, de los del mil ochocientos. Es decir, que no entiendo que lo nuestro sea bueno por ser nuestro, o lo ajeno tenga bondad por ser de otro. Las relaciones entre Estados se mueven por conveniencias que cuando son y pueden ser estables se convierten en duraderas. En las de, España con USA hay dos hitos esenciales recientes. Antes y después del hundimiento de la URSS. Antes y después de la incorporación a la CEE La existencia del Telón de Acero determinó ayuda y presencia norteamericana como medida defensiva al avance del otro bloque y, de paso y así sigue, como cabeza de puente militar en el Mediterráneo, norte de África y primera base después del Atlántico. Desaparecida la URSS, queda solo la relación menor de ser la primero base a la otra orilla del charco. La elección lógica, de España por Europa determina, por un lado, el abandono de la hipótesis de convertirnos en el quincuagésimo primero Estado de la Unión y, por otro, el integuirnos en un espacio económico libre, solidario e independiente. Queda, peor supuesto, el que ambos países participamos de economía de mercado con las consiguientes relaciones. Pero una cosa es ser invitados a una boda o asistir a un funeral como amigos y otra, bien distinta, contraer matrimonio.

Hoy las relaciones de España sólo pueden pasar con la dimensión y fortaleza que tenemos -aparte pretensiones de querer vivir y aparentar por encima de las propias posibilidades- por y desde una Europa fuerte y total. En relaciones exteriores, económica y militarmente. Bueno es traer aquí a colación la generosidad internacional. Quien verdaderamente ha sido generosa con España ha sido Alemania y no otros. los coqueteos fuera del matrimonio conducen a la inconsistencia, y no podemos olvidar que con quien estamos casados es con la UE. Una cosa son los coqueteos y otra las buenas relaciones. Europa todavía no es un Estado y se puede y debe actuar con libertad donde no hay unión, pero sin perjudicar el futuro.

Los noviazgos y desplantes recientes con Norteamérica carecen de mayor importancia, porque a la hora de la verdad cuando han querido han hecho lo que les ha dado la gana. En toda la cuestión lo que queda es la imagen del gobernante, sólido o volátil. Es como esa tontería patria de considerar una casi epopeya militar de honra y valor la majadería que fue la estupidez sin tino del bombardeo naval de El Callao. Los episodios no cambian las tornas profundas de las relaciones internacionales.

¿Como pueden hoy ser nuestras relaciones con la primera, o única, potencia? Hemos de partir que ellos no quieren acogernos con permanencia en su paraguas, que es fundamentalmente económico, además de que geográfica y jurídicamente estamos en otro rollo. En relaciones con terceros, los intereses no son ni parecidos. ¿Qué, queda aparte del baile de salón? Pues participar en Europa con decisión y visión de futuro. Se hace cada vez más necesario establecer en el mundo contrapoderes, porque los intereses de USA no son los europeos ni tampoco los españoles, dejando las generalidades de paz o ayuda al desarrollo. Más aún, son contrapuestos y no hace falta incurrir en enumeraciones.

Pero una cosa es la dimensión real de unas relaciones entre países que debe medirse en su justa posibilidad y otra los desplantes frívolos. Fue absurda por precipitada e incoherente la salida de España de Iraq -que casi era simbólica- sin esperar a la actuación de la ONU. Es ridículo que Bush reciba a una persona particular como es Aznar a bombo y platillo antes de devolver la llamada a Zapatero (le guste o no es el presidente del Gobierno de España). Porque si lo primero pecó de infantilismo, lo segundo hace aparentar que la intervención de España arropando a USA en la guerra de Iraq fue una cosa de amiguetes.

En fin, sucedidos a la mar. Lo importante para el porvenir es vernos como somos, ni más ni menos, dónde estamos y hacia elónde vamos. Todo lo demás es pura disiracciém que hará más lento el carnino, porque, si te desvías de él, luego habrá que volver.

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