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El archivo de Salamanca Leí no ha mucho que Portugal se forjó como nación de forma negativa, siguiendo el hilo conductor de unión mediante el enfrentamiento a España, existiendo hoy un enorme recelo por la desaparición de las fronteras, ya que se terne por los patrioteros recalcitrantes que desaparezca el elemento esencial de identidad nacional. Algo parecido ocurre con los partidos nacionalistas españoles, quienes deben tomar como bandera de identidad el constante enfrentamiento con el Estado central. A medida que las causas de confrontación van disminuyendo, consecuencia necesaria de la democracia y la europeización, se hace necesario encontrar nuevas fórmulas de gresca. Tal y no otra cosa es la situición actual del Archivo de Salamanca. En Salamanca hay, por supuesto, mas archivos, pero el conocido por todos hoy es el de la Guerra Civil. Que ampoco esde la Guerra Civil, ni en extensión ni en tiempo; es el conjunto de documentación incautada durante la Guerra Civil o con ocasión de ella a las instituciones opositoras al bando vencedor. Se utilizo como fuente documental para la represión pseudo-judicial tras la contienda, luego como canteri para los historiadores, después para fundamentar las reparaciones personales a los agraviados por la represión franquista con la democracia. Hace unos años, aproximadamente una década, el llamado Archivo, por esencia, era prácticamente desconocido; su existencia, ubicación y contenido, incluso por los habitantes de Salamanca. Si los papeles catalanes hubieran sido reclamados o pedidos en aquel tiempo, estoy convencido de que no hubiera habido mayor problema en entregarlos, aunque, claro es, con la discreción necesaria de lo que a nadie importa. Sin embargo se quiso hacer cuestión interna, en Cataluña, de la ya exigencia al malvado Gobierno central, a bombo y platillo. Al exigirlo con altavoces Salamanca reaccionó. Eran los tiempos de las Olimpiadas de Barcelona. A Salamanca se le había negado entonces ser Capital Europea de la Cultura, elección que recayó en Madrid. Salamanca se sintió agraviada. Tras ser siempre desfavorecida, encima le quieren quitar las migajas de una institución central. Ante un hipotético agravio histórico, se genera otro agravio. Era uno y se convierten en dos. Para arreglar, entre comillas, la situación se crea una comisión de expertos para ventilar el problema del desgaje del Archivo, cómo no. Los expertos, no podía ser por menos, no llegaron a ninguna conclusión. Y pasó el tiempo. Luego se vuelve a recrudecer, se promete la creación de un archivo, de verdad, de la Guerra Civil. Intentando solucionar por elevación el caso local. Nunca nada se hizo. La falta de argumento vital nacionalista hizo volver a la cuestión, con un matiz fundamental, ahora el tripartito catalán requiere los documentos del Archivo y frente a ello el PP erige bandería patria. Lo que fue una cuestión poco más que de agravio local se convierte en política nacional. De problema pequeno a problema nacional insoluble. ¿Cómo arreglarlo? Se puede acudir al argumento de la reconciliación, pero no se puede reconciliar a uno si desbarata a los demás. Puestos a hurgar en agravios históricos quedarían vacíos casi todos los museos y archivos del mundo. Salamanca quedó en una tercera pirte de su monumentalidad destruida por la invasión británica, sin deuda histórica claro, y, encima, para entronizar a FernandoVII. Su universidad quedó en cenizas para la erección de la Central contrasentido sumo de universidad y central- Siempre quedó relegada a tercer plano en el desarrollo peninsular. Se forzó, así, a la vuelta al numantinismo de los pobres salmantinos, además y ahora punta de lanza de problemas ajenos. Qué hacer, será tal vez una tormenta en un vaso de agua. Lo que si es cierto es que en el fondo de la cuestión, es decir la cuestión, se trata de una verdadera nimiedad. Posiblemente no interesa realmente ni a catalanes ni a salmantinos. Lo que si exigiría es siempre compensación. No que salga del arci del pagano de por siempre, el Gobierno central, sino que si se quiere que sea adecuadamente, reparado el agravio a un territorio, que lo pague el que se siente agraviado, o sea Cataluña, de su peculio. Veremos si entonces interesan cuatro papeles. Reconciliar signfica, necesariamente, olvidar. Si no, el agravio genera agravio. Reconciliación. |