Hemeroteca Esta semana
Nº 675
19/12/2005

ESPECIAL MEDIO AMBIENTE

Es hora de tomar conciencia


Por José M. Moreno*

Si hubiese un organismo encargado de velar por el medio ambiente mundial y alguien se hubiese acercado a su ventanilla pidiendo permiso para aumentar la concentración de gases de efecto invernadero a tasas de un 5% por década, sin límite alguno en el tiempo, y sin presentar estudio alguno de cuál podía ser el impacto de dicho aumento sobre el clima planetario, no cabe duda de que el permiso no hubiese sido otorgado. La mínima aplicación del principio precautorio hubiese llevado a la conclusión de que nada podría justificar el poner en riesgo la existencia del clima que hemos conocido. Y, sin embargo, desde que A. Watt inventase la máquina de vapor hemos venido consumiendo combustibles fósiles que contaminaban la atmósfera operando como su dispusiésemos de un permiso indefinido e ilimitado.

Afortunadamente, creo no exagerar si digo que este año de 2005 de la era común marcará un hito en la historia de la humanidad. A mediados de febrero saludamos la entrada en vigor del Protocolo de Kioto, un tímido primer paso por el cual 141 países de la Tierra se ponían de acuerdo para reducir apenas un 5% las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Hace pocos días hemos visto cómo el espíritu de aquel acuerdo pervive. Como no podía ser menos, nuevos países se han concertado en el marco de la Convención para seguir por la senda de la reducción de emisiones. Aunque modestos, estos acuerdos indican que hemos empezado a limitarnos el permiso que nunca debimos concedernos..

Este año que nos deja va a pasar a la historia también por recordarnos que una naturaleza enfurecida puede tener consecuencias devastadoras. Hemos visto como el país más poderoso de la Tierra se ha visto postergado por una tormenta tropical de intensidad poco habitual. No sabemos aún con certeza si la inusitada virulencia de las tormentas de este verano está relacionada o no con el cambio climático. No obstante, es de esperar que lo vivido marque un punto de inflexión en la conciencia de una nación que, estando a la cabeza del mundo desarrollado, se niega a asumir su cuota de responsabilidad en el mayor problema ambiental al que se enfrenta la humanidad.

Y es que este año hemos conocido nuevos avances científicos que indican que el cambio climático es una realidad. Sabíamos que la temperatura de la superficie terrestre había aumentado en casi 0,8° C, pero faltaba saber qué pasaba con el océano. Ya lo sabemos: también se ha calentado, y lo ha hecho tanto que, probablemente, tenga ya calor acumulado para añadir 0,7° C de calentamiento global.
Hemos sabido también que ese calentamiento del océano no se puede explicar si no es por el efecto de los gases de efecto invernadero. En suma: las pruebas acumuladas empiezan a ser de tal calibre que las incertidumbres se desvanecen. El umbral de 2°C de aumento de temperatura, a partir del cual se piensa que la interferencia con el clima puede ser peligrosa, empieza a ser visible.

En España, este año hemos vivido pendientes del clima, quizás como nunca antes. Parece que los ciudadanos han comenzado a tomar conciencia de que el cambio climático es un tema que nos afecta, y mucho. La sequía extrema, como pocas anteriores, ha hecho que todos viviésemos mirando a las nubes.

Y es que la Tierra no sólo se ha calentado, sino que los modelos predicen que lo seguirá haciendo. Y lo hará tanto más cuanto mayor sea el volumen de las emisiones de gases de efecto invernadero. Para España las previsiones no son halagüeñas. En el informe "Evaluación Preliminar sobre los Impactos en España por Efecto del Cambio Climático" que hemos presentado al Ministerio de Medio Ambiente un amplio grupo de científicos, hemos puesto de manifiesto la alta sensibilidad de España al cambio climático. Nuestro clima se va a alterar, con un calentamiento tal que para finales de siglo puede llegar a 3-4°C en invierno y 5-7°C en verano. Las lluvias disminuirán. Los impactos que estos cambios originarán en los sectores productivos y en la naturaleza son preocupantes.

Por eso es crítico ponerse en marcha para, cuanto antes, intentar retornar la atmósfera a su estado anterior a la revolución industrial, y detener así el calentamiento global. Sabemos que el proceso no es sencillo y que requiere un cambio tecnológico y sociológico sin precedentes. Puede que, incluso, no esté a nuestro alcance sin cambiar nuestra forma de vida más allá de lo aceptable. En cualquier caso, no hay alternativa. Máxime si tenemos en cuenta la inercia del sistema físico-químico-biológico del planeta. Aunque consigamos reducir las emisiones en algún momento a niveles aceptables, sus efectos se seguirán sintiendo años, e incluso siglos más tarde.

Es hora de que tomemos conciencia de que el modelo de desarrollo que tenemos es ecológicamente insostenible. Frente a la amenaza en ciernes no queda más remedio que prepararse, intentar conocer mejor cuáles son nuestras vulnerabilidades y preparar planes para adaptarnos. España debe avanzar por la senda del conocimiento y del desarrollo e innovación tecnológicos. Debemos cumplir nuestros compromisos al tiempo que intentar ponernos a la cabeza de la revolución tecnológica y de los modos de vida que van a marcar este siglo para intentar detener el cambio climático. Ningún plan de futuro debe acometerse sin tener en cuenta la realidad del cambio climático. Lo que vamos descubriendo nos dice que las decisiones de hoy para mañana ya no pueden basarse en un ayer que ya no tendremos. Urge, por tanto, movilizarse cuanto antes, incorporar a nuestras decisiones de futuro las proyecciones sobre el cambio que nos espera y prepararse para vivir con un cambio climático que todo indica que está ya con nosotros.

* Catedrático de Ecología. Departamento de Ciencias Ambientales. Universidad de Castilla-La Mancha

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