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Pedro
José Ramírez,
¿ingeniero de trasvases?
Por
Fabián Estapé
Durante cerca de tres años tuve en La Vanguardia una combinación
de maestro e instructor; se llama Manuel Aznar Zubigaray que, con el paso
del tiempo, tuvo un nieto, José María Aznar López,
destinado a modernizar España y a predicar el fin del mundo que,
todo el orbe sabe, se acerca después del 14 de marzo de 2004. Pero
lo que cuenta es echar mano de las consejas del tan experimentado camaleón.
Y de lo que se trata, después de libar en las mieles del maestro
Cañuelo, es de registrar con cierto pasmo un desliz
de Pedro J. en uno de los dominicales intempestivos. Hago gracia de las
exhibiciones de una cierta cultura de Manuel Aznar. A mí me decía
uno de mis maestros, Don Ramón Carande, que resulta imprescindible
preocuparse si lo que utilizan ciertos periodistas de renombre no son
Manuales, sino Pedales.
He aquí que en uno de esos desahogos dominicales, Pedro J. expone
todas las des-gracias que han gravitado sobre el país. Una de ellas
que al director de El Mundo le estremece es la visión
que desde Valencia, Murcia e incluso Almería brota a los españoles
debido, supongo, a la criminal incuria del Gobierno, es decir, a la intolerable
dejadez de ZP, del caso innombrable de José Luis Rodríguez
Zapatero; ¿esto es lo quellena de dolor, cuando no de rabia a la
gen-te aludida? Sencillamente la visión, una y otra vez, del despilfarro
criminal de las aguas del Ebro que se van hacia el Mediterráneo,
cuando todo estaba preparado, incluso en la mesa de trabajo del pintoresco
Miguel Arias Cañete.
Llegado a este punto he de remontarme a los prudentes consejos de Manuel
Aznar Zubigaray: "Cuando detecte una tontería o una exhibición
de ignorancia, acuda a quien sabe de la cuestión y si le que-dan
ganas ponga de relieve la ligereza y a veces la estupidez".
Así lo hice hace tiempo. Dispuse en la Universidad de Barcelona
del científico que, lisa y llanamente, introdujo la ecología
en España. Se llamaba Don Ramón Margalef. Quise trasladarle
las cuitas de gente como Pedro J. Ramírez, tan apesadumbrada al
comprobar el elevado número de hectómetros que dejaban sedientas
Valencia, Murcia e incluso Almería.
A pesar de su reconocida calma, Ramón Margalef elevó el
tono de voz. "Mira, Estapé, siempre como estudioso del Mediterráneo
he temido la irrupción que ahora te detallaré
de aficionados y, peor aún, de políticos que creen haber
encontrado la piedra filosofal. Piensa en una concentración de
incompetentes, unos en el Ebro (el único río español
serio, que decía Ortega), otros en el Ródano, que tampoco
acusa estiaje; o bien otros en el Po, que después de un gran acarreo
vierte sus excedentes; y para rematar la cuestión, que alguien
estrangule el Nilo y deje de verter sus aguas. ¿Quién ha
tenido la amabilidad de pensar en lo que ocurría en el Mediterráneo?"
No, Pedro J. debería recordar todo lo que nos dijo de Carlos Fabra,
el tuerto confesado, actualmente como imputado por la Hacienda Pública.
No comprendo como un hombre sensato como Camps liga su vida política
a la de Carlos Fabra.
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