Hemeroteca Esta semana
Nº 669
7/11/2005

Los amantes de la Constitución de 1978

Por Fabián Estapé


Todo lo que se publica en las últimas semanas presenta en las filas del PP, y no digamos en las ondas caritativas de la COPE, la característica de poner en guardia al país, se entiende que se excluye a los llamados "prosaicos", acerca de los horribles abismos a que está abocada la Nación Española, independientemente de cual sea el desenlace en las Cortes y Tribunales de Queja y Alivio, por el Proyecto de Estatuto aprobado de manera nefasta en su día, por el 90 por 100 de los diputados del Parlamento catalán.

Como todo el mundo sabe, las huestes agavilladas por Josep Piqué, el que fuera con Aznar ministro de Industria, de Asuntos Exteriores y de Tecnología, no han sobrepasado el techo de los 15 diputados, así no hay forma de quebrar el Tripartito.

Con todo, la lectura de lo que algunos enamorados de la Constitución de 1978 decían cuando se discutían las labores de los 'padres' de la Constitución, como lo fue Manuel Fraga Iribarne, nos indica que los enamorados actuales pecaban, en 1978 y 1979, de recelos similares o peores a los que hoy amenazan, concretamente desde las cómodas tribunas de la envidiada FAES. He procurado comparar los pronósticos, a cual peor, y he llegado a la conclusión de que los seguidores de Rajoy (Acebes y Zaplana, especialmente) de berían leer el curioso órgano periodístico titulado La Nueva Rioja porque allí descubrirían al Aznar más rotundamente escéptico sobre las consecuencias de la entrada en vigor de la Constitución del 6 de diciembre de 1978.

Me preocupa más de lo que pueda imaginar el señor Acebes (dejaré para otro día sus actuaciones inolvidables la mañana del 11-M) que se proclame la situación anímica de parejas, bien avenisiódas, que se disponen a ejercer el derechode voto. ¿Ustedes saben, constitucionalistas de pro, cuantos jerifaltes del PP se 1 abstuvieron del voto en 1978? Y lo digo porque hace unos días se debatió en el Congreso la propuesta de Presupuestos, con una intervención, la de Rajoy, que Pedro Solbes tuvo que calificar de "zafia". Faltaban a mi juicio, y lo digo pensando en la seriedad de Pedro Solbes, aquellos deliciosos raptos de Cristóbal Montoso con el jamás habido "déficit cero". Y es que hay triquiñuelas que descalifican, ayer, hoy y mañana.

Mayor eco ha suscitado en Barcelona, especialmente en medios dirigidos por el profesor Antonio Castells empeñados, para su mal, en publicar las 'balanzas fiscales' que aspiran a medir las aportaciones netas de cada comunidad autónoma al resto, la afirmación —me dicen— lanzada por el inefable Juanvi Herrera de que si el dichoso Estatut fuera aprobado, en Castilla y León perderían cientos de millones de euros. ¡Acabáramos! Ahora resulta que el capitoste de la Junta sabe cuáles son los dineros recibidos en Cataluña, y en ésta saben ya por boca de Juanvi Herrera el montante de euros con los que tal vez pueda arreglarse la catedral de León.

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