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LOS MEDIOS, AL SERVICIO DE UN IMPERIO ECONÓMICO
Por Alberto Moncada El periodismo patriótico no es una novedad y ha sido practicado habitualmente en tiempo de guerra p'or los medios de todos los países. Pero en el caso actual, los medios americanos están, en su gran mayoría, utilizando el ambiente de la guerra contra el terrorismo, tan peculiarmente diseñada por el Presidente Bush, para combinar la propaganda bélica con una reafirmación del dominio eminente político y comercial de Estados Unidos en todo el mundo y un ataque a las libertades civiles en su propio país, que recuerda la etapa Mackartista del 'nosotros y ellos'. El terrorismo ha sustituido al comunismo como paradigma del enemigo a batir y ha permitido que el poder americano vuelva a usar una etiqueta descaiificadora para reunir en el mismo cesto a toda su oposición interna y externa. Mucho antes de la guerra de Irak y, por supuesto, de la de Afgan istán, los Estados Unidos no acertaban a contestar a las críticas de cuantos ¡es acusaban de unilateralismo. Bush hijo, como Bush padre, en nombre de los intereses que representan, se niegan a crear una estructura global de poder internacional paralela a la globalización económica y desprecian cuantos pactos han sido firmados para resolver graves problemas M planeta, desde la contaminación al Tribunal Pena¡ internacional, a la vez que reiteran su negativa a someterse a la competencia de las Naciones Unidas. Hoy los Estados Unidos, legitimados por su condición de víctima, reclaman para sí un tratamiento especial, una reafirmación de su dominio eminente y ha encontrado en sus medios de comunicación un vocero mundial de confianza. Como he puesto de manifiesto en Manipulación mediática (Ed. Libertarias, 1999), la concentración y americanización de los medios de comunicación que se consolida en la década de los noventa supone un desequilibrio de información y opinión a favor de los puntos de vista americanos que se imponen en una estructura mediática cada vez más globalizada. Este proceso ha sido posible por dos razones: el dominio de la publicidad en los medios y la participación en las empresas de medios de empresas comerciales y financieras que convierten a los medios en sus apéndices mediáticos. La publicidad ha transformado el contenido mediante la preponderancia del entretenimiento y la mezcla de empresas ha hecho posible una mayor opa cidad de la información sobre el poder, mediante la consolidación M viejo principio 1a información sobre nosotros la controlamos nosotros'. Aún más, el peculiar sistema electoral americano se ha convertido en mediático, en una 'democracia capitalista y mediática', a la que sólo tienen acceso los candidatos apoyados por las grandes empresas, a las que deben devolver ese favor con concesiones políticas. Probablemente la situación internacional, política y militar, actual no se entendería sin la preeminencia de los intereses de las empresas de energía, patrocinadoras de la Administración republicana y representadas en ella por el Vicepresidente Cheney y otros. Sin la influencia de los intereses petrolíferos no se entiende, por ejemplo, cómo Estados Unidos organiza una coalición militar contra Saddam Hussein, quien fue utilizado anteriormente contra Irán, que era el principal enemigo de América en la zona. Y como explica Ron Cal lar¡, en 'The puzzle of the Enron Coverups', en Alternet.org (semana de 5 de marzo del 2002), hay suficientes razo nes para vincular a los talibanes con los intereses petrolíferos americanos antes de la ofensiva militar en la zona. Estas informaciones críticas están ausentes de los grandes medios de comunicación y aparecen o en medios marginales como 'The Nation' o en Alternet y otros medios de Internet. Mientras tanto, las coaliciones de medios convencionales se alinéan con el Presidente y han surgido cadenas aún más leales al poder que la CNN como la Fox, propiedad de Rupert Murdoch. El terrorismo está sustituyendo al comunismo como legitimación de la acción politica. En los años cuarenta y cincuenta, durante la guerra fría, Washington utiliza al comunismo para castigar a los gobiernos democráticos de América Latina que quieren defender los intereses nacionales, caso de Allende en Chile, mientras apoya sin discusión a los dictadores de esa y otras zonas con tal de que se digan anticomunistas y protejan a las multinacionales americanas. Hoy ese papel legitimador lo cumple esa invocación al terrorismo, un enemigo escasamente identificable aunque, según los portavoces gubernamentales, está alineado con los intereses contrarios a Israel, que ha heredado el papel de protector de los intereses petrolíferos en el Oriente Medio. Finalmente, la USA Patriotic Act crea un nuevo orden jurídico internacional, autorizando a las autoridades americanas a cread legislación, funcionarios civiles y tribunales especialmente dedicados a la persecución de ciudadanos de cualquier país sospechosos de participar o ayudar al terrorismo, significando para la propia población aniericana una severa disminución de las libertades tradicionales. |