Hemeroteca Esta semana
Nº 638
28/2/2005

EL DÍA DESPUÉS

 

Por Francisco Aldecoa Luzarraga*

Una vez celebrado el referéndum de ratificación del Tratado Constitucional la sensación de¡ día después es agridulce. Por una parte, el si se ha impuesto en los resultados. Por la otra, no puedo dejar de pensar que el referéndum ha resultado ser una oportunidad perdida. Esa sensación no proviene tanto de la baja participación y los resultados globales como porque se ha dejado pasar una ocasión de oro para llevar a cabo un debate serio y profundo sobre la integración europea, tan necesario en este país.

Se olvida que el Partido Popular ya convoco el referéndum sobre la Constitución Europea, aun antes de ser aprobada, para ser celebrado en las mismas fechas de las elecciones europeas en junio pasado. Esa cita nunca pudo concretarse al no lograrse el acuerdo político en el Consejo Europeo de Bruselas de diciembre de 2003. Indudablemente, de haberse aprobado la Constitución Europea en esa fecha, sin posiciones hostiles, la doble convocatoria de junio hubiera fomentado la participación ciudadana.

Ante la elección del referéndum no pudimos sino alegrarnos por el debate público que permitía explicar Europa a los ciudadanos. Además era el momento en que la Unión Europea del siglo XXI iba a encontrarse con sus orígenes. La integración europea, inicialmente, fue un proyecto que salió de la sociedad civil; ahora a través del debate público y el referéndum volvería a la misma, tras haber pertenecido durante décadas sólo a los Gobiernos.

Sin embargo, a la herramienta del referéndum se le ha sacado muy poco provecho por la mala elección del Gobierno de la fecha, que ha sido muy prematura. Esto no ha permitido una amplia difusión de información previa al debate y la campaña. la elección de esta fecha posiblemente puede explicarse por tres factores diferentes. En primer lugar, porque desde el Gobierno no se quería que coincidiera con las elecciones vascas previstas inicialmente para mayo.

Posiblemente, el Gobierno también temía que, retrasando la fecha del referéndum, éste pudiera coincidir con la áspera discusión de las próximas perspectivas financieras, de las cuales se derivara que parte de los fondos que tradicionalmente percibía España se destinen a los nuevos países de la ampliación. Finalmente, es posible que el Gobierno quisiera también que este debate pasara sin pena ni gloria por las discrepancias sobre este tema que mantiene con sus socios de coalición y que, de exacerbarse dernasiado podrían haber conducido, incluso, a temer la ruptura de la misma.

En conjunto, a los federalistas nos queda un mal sabor de boca, ya que en vez de explicar la realidad europea, fomentar el debate cívico y llevar el proyecto europeo a los ciudadanos, las fuerzas políticas de este país han hecho una lectura partidista del mismo. Han utilizado esta cita para sus fines electoralistas, muchas veces utilizando sin rubor argumentos falsos. Esto se produce sin excepciones entre los actores políticos de este país: unos buscando una revancha al 14 de Mirzo, otros para agredir al partido en la oposición, otros para conseguir un espacio polílico que las urnas antes no les han dado.

Esta utilización ha dado como resultado la apatía de la ciudadanía, que no puede pronunciarse sobre algo que nadie explica. Por otro lado, tiene otro curioso efecto, que en el no se encuentren extraños compañeros de cama: los movimientos sociales y las izquierdas más reivindicativas en nombre del europeísmo, los nacionalismos exacerbados en nombre de la secesión y los sectores más derechistas, en nombre del "interés nacional" y del atlantismo. Así, llamativamente, el mapa de los síes y los noes se parece enormemente entre Madrid, Navarra, País Vasco y Cataluña.

Los referenda son una cuestión políticamente delicada, sobre todo, cuando se trata de tema de política internacional, mas alejadas de los ciudadanos. Mitterrand, que estuvo a punto de naufragar en su referénduni sobre el Tratado de Maastricht, decía que en este tipo de consultas nunca se contesta a la pregunta que se hace. Más bien se entrecruzan otras cuestiones de política interna ajenas al mismo. Nosotros lo único que podemos lamentar es que se haya perdido una oportunidad de oro para llevar el proyecto europeo y la Constitución al ciudadano.

*Catedrático de Relaciones Internacionales. Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Universidad Complutense de Madrid.

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