Hemeroteca Esta semana
Nº 614
6/9/2004

NIÑOS EN EL OPUS DEI

 

Por Alberto Moncada

La Iglesia Católica, que antaño llenaba de niños sus Seminarios, decidió no hace mucho que nadie podría entrar en religión antes de los dieciocho años. Es un precepto que acomoda la edad vocacional a la mayoría de edad civil. Es también un reconocimiento de que la vida se ha alargado y de que, ya que duramos hasta los ochenta años por lo menos no hay que tomar decisiones definitivas demasiado pronto. Algunos experlos sostienen incluso que los curas deberían ordenarse ya mayores y casados como en la primera iglesia, de ahí la palabra presbítero, etimológicamente anciano, con las pasiones enfriadas y experiencia suficiente para aconsejar a los demás. Sin embargo, los directivos del Opus De¡ piensan todo lo contrario y fomentan el que niños y niñas puedan ingresar en la organización a los catorce años y medio. la norma eclesiástica se elude nombrándoles aspirantes aunque ya desde el principio están moralmente comprometidos a una vida muy estricta de pobreza, castidad y obediencia. La decisión ha sido protestada por más de un obispo, como el difunto cardenal Hume de Londres, que la prohibió en su diócesis, pero sigue vigente en la praxis opusdeísta con la aprobación tácita del Vaticano.

La medida es fruto del fracaso proselitista del Opus en el mundo universitario y se beneficia de un cambio estratégico en la historia de la organización. Al principio Escriva rechazó con vehemencia tener centros de enseñanza propios. Hoy es la principal actividad de la organización. los colegios del Opus son elitistas, tienen una ideología ultraconservadora y no son mixtos. Pero, gracias a ellos, consiguen vocaciones. Confesores y profesores actúan de consuno para captar adeptos entre los alumnos, en una especie de olimpiada de pederastía espiritual que les llena de satisfacciones biográficas. Lo que más ambiciona un miembro de¡ Opus es conseguir reclutar a otros.

La organización mantiene una red paralela de clubes infantiles donde echan también la caña de pescar, un símil que utilizan los del Opus en sus canciones caseras para conseguir que los niños muerdan el anzuelo.

Así lo cuenta Lala, una antigua encargada de club:

`Hace poco me he mudado de casa y entre los libros que metí en cajas aparecieron antiguas agendas personales de los últimos años que estuve en el Opus De¡. Lo más curioso es que apareció también, yo ni ¡o recordaba, un cuadernito de anillas donde tenía apuntadas cosas del club que yo llevaba junto con otras. Estábamos empezando con el club y teníamos un numero bastante majo de niñas de 8-9 a 14 años. El caso es que al mirar el cuadernito y ver lo que estaba escrito, me di cuenta de que todo estaba planeado, cómo captar la atención de las niñas para que fueran por el club, al principio sólo por diversión (con fiestas, montar la casa del terror, festivales de canciones...), y poco a poco, mediante charlas de diez minutos aproximadamente, irlas captando. Las niñas enseguida se encariñan con la típica monitora rubia, de ojos azules, que lo mismo toca la guitarra, el piano, da una clase o juega con ellas. Ese es el gancho. En este caso yo. El gancho para las niñas en esa edad es una chica joven de unos 18-20 años, mona, que les caiga bien, entonces ya tienen a quien querer parecerse de mayores, y no te cuento nada si la chica, después de tenerlas ensimismadas, les explica que ella ha entregado su corazón a Dios, y que si Dios te lo pide tienes que ser generosa.

Claro, a partir de ahí las niñas empiezan a preguntar como si fuera el descubrimiento del siglo, y a querer imitarte. Las de 14 enseguida desaparecieron del club pero las de 10, 11 siguieron. Cuando tenían 12 y 13 años, estas mismas ya se confesaban, hacían un ratito de oración, rezaban, en principio todo lo normal de una buena cristiana, pero claro con 12-13 añitos.... ya se planteaban, si Dios les pidiera algo más... ¿que pasaría?, cuando lo normal es que una niña con 13 o 14 años esté pensando en fulaníto o menganito.

Yo ni siquiera me había dado cuenta de semejante maquinación, porque cuando estás dentro lo que más deseas es que la gen te se acerque a Dios como sea, en este caso a través de la Obra. En el cuadernito qu encontré se reflejaba todo lo que comer tábamos en las reuniones de las que llevábamos el club, con objetivos a conseguir con las niñas. Una de las páginas del cuadernito me llamó especialmente la atención . Fue la última página que escribí antes de dejar el Opus De¡. Hablaba sobre la amistad. Cada mes se hacía una cosa distinta. Ese mes todo tenía que ir dirigido la amistad. El objetivo era hacernos amiga de las niñas y que las niñas creyeran de ve dad que éramos sus mejores amigas. Claro, así te lo cuentan todo. Yo me negué contar lo que me contaban las niñas, y es semana me enteré de cosas que no sabía de la contabilidad, por una reunión que tuvimos con la directora . Es decir, que a final de mes se mandan unos papelitos a las delegaciones del Opus Dei desde cada centro, con el número más o menos exacto de la gente (en este caso, niñas) que se ha conJesado, que va a charlas, que viene por el Club, que hace oración, posibles pitables ( en el Opus Dei pitar es pedir la admisión ) .... y ese fue el ultimo día que yo estuve en el club".

Los niños y niñas así reclutidos entran en una burbuja ideológica y costumbrista, opaca, caracterizada por imposiciones y prohibiciones (le todo tipo, desde la vigilancia de ar---nistades y lecturas hasta la entrega de dinero y libertades civiles que se consunia cuando se van a vivir a casas de la organización y se convierten en servidores al detalle de una minuciosa reglarnentaci(')n donde lo iniportinte, más que la religión, es la disciplina. Es lo que caracteriza al Opus conio Secia, según el estudio realizado por Sharon Classen, en la pagma we1) www.odin.org.

Esta página, confeccionada por católicos norteamericanos preocupados por ese proselitismo de menores, ha publicado tamhién una especie de manual preventivo para que los padres de los alumnos de colegios del Opus sepan a qué atenerse.

Los católicos anglosajones, los norteños estan más sensibilizados para denunciar los abusos contra la infancia que nosotros los latinos, los sureños. Ha sido en Norteamérica donde han empezado a quebrar diocesis por los pagos que los iribunales han ordenado como indemnización a las víctimas (de la pederastía eclesiástica] que, sin duda, existe también entre nosotros pero con sordina incorporada.

Para los españoles el Opus es algo castizo, algo nuestro, como las corridas de toros o el botijo y nos hemos acostumbrado a él. La mayoría de los españoles conoce sus características pero muchas familias, no necesariamente conservadoras, les confían sus hijos asumiendo, en todo caso, que los niños españoles son lo suficientemente avipados como para no caer en esas trampas, como ocurre en la rnayoría de los casos. Pero algunos que son atrapados de pequeños sufren mucho para librarse del lazo o terminan siendo unos adultos con problemas psicológicos graves.

Todavía no se denuncian estos hechos al Deíensor del Menor. Al fin y al cabo, que los niños de familias pudientes se hagan del Opus y sufran por serio no es tan grave como esas otras tragedias infantiles del hambre o la violencia y el trabajo explotados, de modo que la denuncia de la violación de derechos humanos en el interior del Opus no forma parte todavía de los usos latinos.

En La Cuarta Planta he explicliclo la utilización de los recursosde, la Clínica Universitaria de la Universidad de NavarrI-1 que hacen lis autoridades del Opus ante el número creciente de enfermos mentales entre sus socios y que es reconducible al modo de vivir en esa burbuja en que se ha convertido la organización para sus miembros numerarios. Hombres y mujeres solteros viven en un estado que, en cierto sentido, se parece mucho a la indefensión infantil. En el libro Camino, manual opusdeísta por antonomasia, hay un capítulo, "Infancia espíritual", que resume la actitud que deben tener los socios respecto a sus superiores, basada en la lealtad y la rendición del propio juicio.

Ello produce esa infantilización del comportamiento que se percibe en tantos hombres y mujeres maduros, algunos protesionales con años de trabajo pero que en el fondo de su corazón siguen siendo niños y han renunciado a comportarse como ciudadanos maduros que aciertan, se equivocan, gozan y sufren las consecuencias de las decisiones que toman libremente. La mayoría de los numerarios se dedican a trabajos internos, son prácticamente como frailes y monjas, pero los que ejercen una profesión civil tienen que subordinarla a la observancia de las instrucciones internas, especialmente en cuestiones morales.

En el fondo de las convicciones morales de los hombres y mujeres del Opus habita ese infantilismo que puede ai`ectar a sus familiares, a sus subordinados y, eventualmente, a la sociedad en su conjunto. A las gentes del Opus no les gustan demasiado las reglas de la democracia cuando no favorecen sus puntos de vista. Por eso al Opus le, ha ido tan bien en las dictaduras católicas, Franco, Pinochet, Videla.

"Menos malque ya no tienen el Boletín Oficial del Estado", comenta con sorna un funcionario jubilado que se acuerda de los tiempos en que gentes del Opus eran ministros de Franco. "Aún recuerdo cuando en los años sesenta se empezaba a hablar en el Ministerio de Justicia de volver a legalizar el divorcio, y cómo ministros como López Rodó, Ullastres, López Bravo se enfadaban muchísimo y decían que eso se haría por encima de sus cadáveres

Pero el infantilismo moral de la gente del Opus esta en la misma onda de esas nuevas organizaciones, los Kikos, los Legionarios de Cristo, fundamental istas como ellos y que, como ellos, tienen el favor del Papa. La Curia Vaticana, en pleno fervor ultramontano, ha redoblado sus esfuerzos en la condena de las libertades privadas que se van abriendo paso en la legislación civil, la regulación de la interrupción del embarazo, las uniones homosexuales y hasta se ha llegado recientemente a proclamar desde Roma que el papel de la mujer es primordialmente doméstico. Parece que al haber perdido la Iglesia la batalla de la confesionalidad del Estado, intensifica su indoctrinación sobre la vida privada, especialmente la sexual. Privilegiar la moralidad sexual es una vieja tradición católica y una afición predi¡ecta del apostolado opusdeista. Las prohibiciones, recomendaciones, cautelas que sobre la materia se hacen a los numerarios constituyen parte importante de su educación moral.

Un antiguo socio sostiene que hay tantos preceptos sobre la materia que tapan el resto de las opciones morales sobre la vida profesional, civil, laboral, etc porque, en último término, "si tienes la cabeza llena de esa obsesión con el sexo que, además, no practicas, no estas para muchas más moralidades".

Una reciente encuesta realizada entre antiguos miembros del Opus (publicada en www.opuslibros.com) prueba que el porcentaje de abandonos de la organización es mucho más alto entre los que entran de niños de modo que incluso por razones prácticas las autoridades opusdeistas deberían abandonar esa recluta infantil, escasamente compatible con el respeto a los derechos humanos. Pero, si lo hacen, si abandonan la pederastia espiritual, tendrán que esforzarse más porque a medida que los niños se transforman en adultos, no se dejan comer el coco tan fácilmente. Pero ese cambio es difícil. Como explica Steve, Hassan en su libro sobre las sectas, sus jefes son muy elementales, apenas tienen sentido crítico y van a lo suyo tratando de hacer opacos sus procedimientos porque creen que están en la verdad.

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