Hemeroteca Esta semana
Nº 607
14/6/2004

MUJER, POLÍTICA Y DESARROLLO

Por Vicenç Navarro*

Escribo estas notas desde Estocolmo, donde estoy asesorando al gobierno socialdemócrata, lo cual motiva esta reflexión. Una de las características de la socialdemocracia del norte de Europa ha sido la de facilitar la integración de la mujer al mercado de trabajo y ello como consecuencia de dos hechos. Uno es que resultado del gran crecimiento económico de los años sesenta y setenta, las economías nórdicas estaban en situación de pleno empleo masculino. Faltaban trabajadores y había dos alternativas para resolver ese problema. Una era importar trabajadores mediante la inmigración. La otra era facilitar la integración de la mujer al mercado de trabajo. La primera solución no fue la escogida, resultado de que los sindicatos y las izquierdas eran fuertes. Los sindicatos que agrupaban a la mayoría de la población laboral no favorecían la inmigración para resolver el problema de escasez de mano de obra pues tal inmigración, al estar en situación vulnerable, podría aceptar condiciones de trabajo peores que las de los trabajadores nativos, creándose divisiones dentro de la clase trabajadora que debilitarían a las izquierdas. De ahí que la solución fuera la segunda, la de facilitar la entrada de la mujer al mercado de trabajo, integración exigida, por otra parte, por el principio de igualdad entre hombres y mujeres, característica del proyecto socialdemócrata. Ello requería el desarrollo de unos servicios de ayuda a las familias (escuelas de infancia de 0 a 3 años y servicios domiciliarios) que fueran provistos como derechos de ciudadanía y que permitieran a las mujeres combinar sus responsalbilidades familiares con sus proyectos personales (tal ayuda a las familias sobre todo a las mujeres exigía también un cambio cultural importante: instalar en lo chicos jóvenes el sentido de corresponsabilidad en las tareas famliares). Com consecuencia de lo anterior, la integración de la mujer al mercado de trabajo fue acompañada con un aumento muy notable de empleo público en los servicios de ayuda la familia. Suecia, por ejemplo, pasó de tener un empleo público (la mayoría en lo servicios públicos) que, representaba el 8% de la población adulta en 1962 (un porcentaje ligeramente superior al que tiene, hoy España) a un 19% en 1975, es decir, ci poco más de diez años, 1962 a 1975, el empleo público creció más del doble, siendo el crecimiento de los servicios (ocupados en gran parte por mujeres), el responsable de tal crecimiento. Este crecimiento facilitó que el porcentaje de mujeres en el mercado ck trabajo pasara de ser un 54% en 1962 a un 68% en 1975, un incremento muy significativo que supuso un crecimiento muy notable de los ingresos al Estado, al incrementarse en 14 puntos el porcentaje de personas que creaban riqueza y pagaban impuestos. Y lo que es también interesante señalar es que en la medida que la mujer se fue integrando al mercado de trabajo ésta pasó de votar a las derechas a votar a las izquierdas, pidiendo una expansión del Estado del bienestar. En realidad hoy, cuando más del 79%, de mujeres suecas están integradas en el mercado de trabajo, las mujeres votan a las izquierdas en porcentajes mayores que los hombres.

Debilidad sindical. En los países de tradición cristianodernócrata, sin embargo, en donde los sindicatos por regla general son más déb¡les que en los países de tradición socialdemócrata, éstos no pudieron reducir la inmigración y, por lo tanto, aparecieron sectores con bajos salarios con elevada concentración de inmigrantes que ha dividido a la clase trabajadora, situación todavía más extrema en los países liberales como EE UU, en los que hay una auténtica polarización del mercado de trabajo con salarios muy bajos en los sectores menos cualificados del mercado de trabajo, donde los inmigrantes se concentran y compiten con las mujeres en mercados de trabajo muy deteriorados, como también ocurre en España. En los países de tradición conservadora cristiana las mujeres no son estimuladas a integrarse en el mercado de trabajo, y cuando lo hacen tienden a concentrarse en los sectores peor pagados, con escasez de servicios públicos que atiendan sus necesidades. Esta es la situación en nuestro país. De ahí que tener sindicatos fuertes que no permitan salarios bajos no es un obstáculo (como el pensamiento liberal asume) sino un aliciente a la inversión y crecimiento de la productividad económica. Ello requiere también una expansión de los servicios de ayuda a las familias que faciliten la integración de la mujer al mercado de trabajo, condición indispensable para alcanzar el nivel de desarrollo del promedio de la UE. Ello exige también un cambio de actitud en los círculos financieros, económicos y políticos del país. Facilitar la integración de la mujer es tan o más importante para el desarrollo económico del país que el estiblecimiento, por ejemplo, del cuarto cinturón en Barcelona o el establecer el AVE entre Barcelona y Francia. Si no se lo creen, vénganse a Estocolmo. Suecia es uno de los países de la OCDE con mayor desarrollo del Estado del bienestar, mayor desarrollo económico y con una economía más competitiva. Es también uno de los países con mayor calidad de vida de la UE. En general, la población paga más impuestos pero obtienen con ellos uno de los servicios públicos de mayor calidad en la UE. No es pues sorprendente que cuando los conservadores y liberales pidieron un descenso de los impuestos, perdieran éstos, ganándolos el partido socialdemócrata, que propuso extenderlos.

* Catedrático de Políticas Púlicas. Universitat Pompeu Fabra..

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