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MONARQUÍA, ÉTICA Y DEMOCRACIA Por Esperanza Guisán* La monarquía por definición es el gobierno de uno, mientras que la democracia, por definición también, L es el gobierno de todos. Por consiguiente, alguien medianamente lúcido tiene que comprender que nuestra Constitución, que contempla una monarquía parlamentaria o una "democracia coronada", está errada, es inconsistente y autocontradictoria y, por ende, precisa de reformas más profundas que las que comúnmente se barajan Si es acertado, como sí lo es, cambiar la cláusula que impide a una mujer heredar la Corona si existe un varón aunque sea mas joven en la familia, es mucho más urgente, más útil y más necesario más apremiante y más ético eliminar a la Corona por completo como un cuerpo extraño y ajeno a¡ espíritu democrático de nuestro tiempo. Por decirlo lo más suavemente posible, la monarquía es un anacronismo. El Rey no es elegido por nadie, y es sólo la pertenencia a una determinada familia lo que le hacía ostentar su cargo. No se trata de que el Rey sea El protocolo m simpático o no, ¿cómo no había de serlo dadas las circunstancias? Es cierto que cuando se, redacta la Constitución se hice con miedo a las posibilidades de que el poder militar se alce contra una Constitución libre. Se justifica, pues, que en su momento se optara por el mal menor. El Rey fue lo suficientemenle inteligente para saber lo que tenía que hacer para su supervivencia. Pero ahora las cosas han cambiado, y el temor a una nueva guerra civil parece distante, por no decir inexistente. El Rey, la Reina, los Príncipes y las Infantas son sólo figuras decorativas que se esfuerzan por parecer amables pero, ¿realmente lo son? Pido al lector que se fije en los gestos, en las imágenes: siempre una distancia, una terrible distancia, que a veces acortan rompiendo, dicen, un protocolo humillante para los súbditos, protocolo que es preciso suprimir. Cabezas que se inclinan, manos que se besan, rodillas semidobladas, Todo un espectáculo desolador entre el boato y la pompa, cuando no una cultivada sencillez que no tiene mérito alguno ni a nadie beneficia. La monarquía es anticonstitucional porque va contra el principio de igualdad de oportunidades. Y esto es algo muy serio. Si fue precisa en un momento toda esta farsa de diademas de pedrería y sonrisas regias, ya se acabó el momento de su necesidad. No es porque cuesten dinero, que también lo cuestan, es porque nos roban nuestra dignidad desde su sagrada distancia, como dioses inaccesibles que se dignan estrechar nuestras manos. De Kant tenemos que aprender que los seres humanos tienen que ser tratados como fines, nunca como medios. De nada sirven esos bonitos discursos sobre el servicio a los ciudadanos. Todos queremos servir a nuestro pueblo. Y muchos lo queremos de verdad y lo hacemos de verdad con remuneraciones muy escasas. De Mill especialmente tenemos que recordar que las relaciones humanas sólo son posibles entre iguales. Cuando una reina o un rey inclinen sus soberanas cabezas al tenderles mi mano, creeré en la monarquía. Es una cuestión de principios, o mejor de sensibilidad moral. A mí personalmente me ofenden las genuflexiones, las cabezas inclinadas. La Constitución y la democracia española tienen que ¡lelldrse de contenido ético, de una ética no espartana que se oponga al lujo y al brillo en aras de los harapos o la sobriedad monacal. De una ética simplemente que quiera el lujo para todos y haga de cada ciudadana una reina, de cada ciudadano un rey. Pero me temo
que no viviré para ver la III República. Simplemente porque
vivimos en un mundo de componendas, de manipulación. No hay demasiados
valientes todavía. Pero los habrá. Creo como Mill que la
historia es imparable. Un día nos daremos cuenta de que perdidos
en la distancia es como están mejor los nobles, las monarquías.
En el fondo, yo lo creo sinceramente, no son más que pobres marionetas
que sueñan, como el rey de Calderón, con que son reyes.
Sin darse cuenta de que *Catedrática de Ética de la Universidad de Santiago de Compostela. |