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LA CUARTA PLANTA
Por Alberto Moncada En los últimos tiempos se constata un creciente número de enfemdades mentales entre los socios numerarios del Opus Dei y un peculiar tratamiento de ellas en la cuarta planta de la Clínica Universitaria de Navarra. A la cuarla planta son enviados los miembros del Opus con problemas Por una parte, hombres y mujeres que sufren trastornos psicológicos producidos por las contradicciones de la vida del numerario Al cabo de cierto tiempo muchos entran en depresiones, en neurosis... Los directivos del Opus no permiten que profesionales de la salud mental ajenos a la obra se ocupen de ellos y han organizado un equipo propio en Pamplona, dirigido por el doctor Cervera y nutrido exclusivamente por miembros del Opus, para tratarlos. La segunda clase de pacientes para la cuarta planta son los indecisos o críticos. Los directivos del Opus comparten con los teóricos del estalinismo la tesis de que la desviación ideológica es una enfermedad mental y cuando algunos numerarios atraviesan crisis de identidad son aconsejados o forzados a pasar una temporada en la cuarta planta. Según algunos de los socios tratados, hoy fuera de la Obra, el trabajo del equipo médico no consiste tanto en ayudarles a recuperar la salud, a clarificar su identidad, sino, sobre todo, a insistirles en que sigan en el Opus y acepten su enfermedad como prueba divina. Así se explica la ex numeraria Carmen Charo Pérez de San Román, paciente de la cuarta planta: "Yo sufrí una depresión debido a la vida llevada en la Obra como numeraria, de negación de toda autoestima, de fomento permanente de la inseguridad personal, de incoherencia entre lo que se vive y lo que se piensa... Estuve en este estado los últimos siete años. los síntomas desaparecieron rápidamente al abandonar la Obra y comenzar una nueva vida. Quiero denunciar el aniquilamiento de la personalidad que se lleva a cabo en la Obra y también la falta escandalosa de profesionaiidad y de ética de los médicos que me trataron, ya que permanentemente dejaron que creciera en mi conciencia la idea de sufrir una enfermedad seria y crónica, enviida por Dios, la cual debía de aceptar con sumisión y agradecimiento. Siempre las directoras de la Obra y los médicos me hicieron creer que Dios me quería enferma y yo le debía una entrega absoluta y sin reservas, ya que le había entregado la vida. Jamás se plantearon, ni me dejaron pensar que yo sufría una crisis existencial, un ahogo absoluto de mi personalidad, de todo mi ser, al que estaba impidiendo crecer y manifestarse. jamás me dejaron libertad, me abrieron puertas y caminos, me dieron pautas de conducta para madurar como persona y ser más libre. Lo único que estaba claro era que yo debía perseverar en el Opus De¡ contra lo que fuera, incluso a pesar de mi vida. Para mí, esto es un motivo de escándalo, que aún hoy, 15 años después de mi salida de la Obra, me subleva interiormente porque lo considero una forma de tortura, que desde luego, Dios no puede bendecido. Muchos de los pacientes de la cuarta planta son mantenidos en estado de fuerte sedación por la abundancia de tranquilizantes y otras drogas debilitantes de la voluntad que les suministran. Este tratamiento se practica también en las casas cuando sus directores perciben síntomas de esas situaciones. De esta manera, los médicos del Opus, cómplices del mando opusdeísta, incumplen su primer deber deontológico, actuar para el beneficio individual de sus pacientes. Los directivos del Opus mantienen esa utilización interna de la cuarta planta en total discreción y aunque a ella concurren pacientes externos de Psiquiatría, los pacientes internos están aislados, incluso de sus propias familias, a los que se les oculta la situación real con noticias tales como que "están descansando, pasando una temporada de reposo por el desgaste profesional. ¿Cómo ha llegado el Opus a esta situación, a la creación de un gulag para sus propios miembros? La evolución del movimiento creado por Escrivá de Balaguer permite encontrar algunas interpretaciones. Escrivá diseñó un modo de vida para los numerarios calcado de¡ de los religiosos: votos de pobreza, castidad y obediencia, reglas de control de las actividades por los superiores, obligación de residir en casas propias, etc. Pero la contradicción es que, paralelamente, se afirma que los numerarios son cristianos corrientes, que tienen una profesión y la ejercen con libertad en el mundo, que son responsables de sus propias opiniones y decisiones. En una primera época, cuando la mayoría de los numerarios ejercían profesiones académicas, apenas se producían conflictos. Fue más adelante, cuando había numerarios, e incluso numerarias, ejerciendo otras profesiones, que empezaron a surgir. El tema más conflictivo empezó siendo el dinero. Los numerarios deben entregar al Opus todo lo que ganan y recibir de la caja de la casa una cantidad para sus gastos. Pero si un profesional, abogado, arquitecto, médico, comerciante decide hacer inversiones en sus oficios o negocios necesita la autorización de sus superiores, algo que se complica si quieren pedir créditos bancarios. A esa contradicción se fueron sumando otras, la de tener que abandonar cada cierto tiempo el trabajo civil para actuaciones apostólicas, la de cambiar de casa o ciudad por las mismas razones, hasta ir haciendo prácticamente imposible la realización normal de una actividad profesional. Contradicciones que producen crisis de identidad. Actualmente, la mayoría de los numerarios trabajan en ocupaciones internas: son sacerdotes, funcionarios de la burocracia opusdeísta profesores en los centros de enseñanza propios... Con lo que realmente su empleador es el Opus De¡, de modo que son las mismas autoridades las que controlan a la vez su observancia religiosa y su trabajo. Ello simplifica las contradicciones al precio de haber convertido al numerario en otra cosa, en un religioso disfrazado de, civil y, con la intensificación de¡ carácter sectario de la organización, en un robot manejado a distancia. A su vez, las autoridades han ¡do evolucionando. Hoy la gente llega al poder, al mando interno preferentemente por lealtad a la organización y ello les impide entender y resolver las contradicciones intelectuales y vitales que sufren tantos socios. Además, las personas que ocupan cargos internos apenas tienen experiencia civil, su vida ha transcurrido dentro de la organización y toda su preocupación es mantener el control personal e ideológico de los socios. El actual prelado, Javier Echevarría, entró en el Opus muy joven, no ha estudiado en universidades civiles, ha vivido siempre en Roma, pegado al mando, y no ha tenido ninguna experiencia profesional. En cuanto a la ideología, y aunque se predica la libertad profesional, de hecho lecturas, viajes y contactos están controlados. Uni consecuencia sociológica de ello es que entre los numerarios apenas hay gente que ejerza profesiones críticas. Hay médicos, ingenieros, militares, abogados, empresarios, pero no hay humanistas, poetas, sindicalistas, políticos progresistas. Los numerarios y los supernumerarios son profundimento conservadores en sus opiniones y afiliaciones políticas. Una antigua numeraria fue severamente criticada en el confesionario porque no votó al Partido Popular en un determinado momento. Son los supernumerarios, casados y con un lazo no muy estrecho con la orginización, los que encarnan la doctrina fundacional de que sus miembros deben actuar en el mundo. Pero, de hecho, los supernumerarios, extraídos del catolicismo mas tradicional, sirven principalmente para financiar las actividades del Opus a través de esa contribución de¡ diez por ciento de sus ingresos que deben efectuar como parte de su compromiso. El dedicarse preferentemente a los dsuntos internos condiciona la perseverancia, "A dónde voy a ir a m¡ edad comentaba un numerario cincuentón-; no he ejercido mi profesión, no tengo dinero, aquí me cuidan b¡en, tengo una casa confortable, servicio doméstico, mis necesidades están cubiertas. Si me voy a la calle a empezar de cero, me sería muy difícil" Así hay tanta perseverancia forzada, tanto aguantar decisiones con las que no se está de acuerdo, algo que desemboca obviamente en el cinismo. El Opus, al contrario que otras organizaciones religiosas, no tiene previsto ayudar económicamente a los miembros que lo abandonan. Otra característica del nuevo Opus influye también en la creación de mentes enfermas. La recluta de numerarios que se hacía normalmente en la universidad, hoy se hace antes. Es muy difícil convencer a adultos de que se hagan numerarios como es igualmente difícil que la Iglesia católica consiga vocaciones para el celibato sacerdotal. Por ello la recluta se practica entre niños, especialmente entre hijos de supernumerarios que son educados en colegios del Opus, Y aunque la ley canónica prohíbe que se pueclan reclutar antes de los 18 años -el cardenal Hume de Londres tuvo conflictos graves al prohibir esa practica en su diócesis-, se acude a un truco legal. Y es que se ha creado la figura del aspirante que puede entrar en la Obra a los catorce años y medio y luego pasar a numerario aunque, desde el principio, está sujeto a las mismas reglas. Ciertamente que a ello contribuye la progresiva transformación del Opus Dei en una red de colegios, Escrivá sostenía al principio que la Obra nunca tendría centros de enseñanza, que sus socios trabajarían en centros públicos pero, con el paso del tiempo, las necesidades de supervivencia y los cambios sociales han hecho variar la estrategia opusdeísta. Aprovechando el abandono por los jesuitas de la educación de las elites, el Opus ha abierto cientos de centros, especialmente en el mundo latino, a los que acuden las clientelas católicas. La educación mantiene el tono elitista y conservador que esas familias desean, incluso no hay colegios mixtos, sino separados por sexos. Los centros del Opus tienen buena calidad técnica pero sus profesores están obsesionados con la idea de reclutar numerarios y numerarias y usan las tutorías docentes para ese fin. Una coalición inmoral entre profesores y confesores conduce a la presión sobre los alumnos que tantos han documentado ya, especialmente en los testimonios que aparecen en la página web www.opuslibros.com. La presión sobre los escolares produce pn coces vocaciones que se consideran por mando como la mejor productividad de esos colegios. Pero también produce personal dades débiles, alojadas en esa burbuja ideológica y costumbrista que es hoy el Opus de los numerarios. Muchos, la mayoría, se saben en cuanto pueden empezar a pensar por su cuenta, en cuanto sienten mas intensamente las pulsiones sexuales. Pero otros se autorreprimen, se fanatizan y uno de los efectos secundarios de esta manera de proceder por los mandos son los trastornos psicológicos de tantos chicos y chicas, algunos de los cuales, incluso, han intentado suicidarse (ver página web citada). Una mención especial, merecen las numerarias auxiliares, las que se dedican a limpiar las casas. Según Escri vá eran sus "hijas pequeñas" y ese trata miento pueril se mantiene de por vida, coin una rigurosa separación en dormitorios, reu niones etc, de las otras numerarias. lógica mente, como todo el servicio doméstico, es tas asociadas proceden de países más pobre pero, a la larga, tal discriminación produce abandonos y también daños psicológico graves. La cuarta planta es, hoy, la última expresión de esa progresiva transformación de Opus De¡ en una secta, aunque el Vaticano se siente cómodo con esta organización pa ra llevar a cabo esa contrarreforma de los nuevos modos que se abrieron en el últimos Concilio. Otras parecidas, como los legionarios de Cristo o los Neocatecúmenos tienen, junto al Opus, el favor de este Papa, er detrimento de la influencia de otras organizaciones que, no hace mucho tiempo, constituían el tejido orgánico de la Iglesia citólica (los jesuitas, los dominicos o los franciscanos, que han ido evolucionando y acoplándose a las nuevas realidades sociales). Este tipo de organizaciones fundamentalistas y sectarias están contribuyendo a que, de hecho, existan dos iglesias católicas: la Vaticana -tradicional, amiga de la cercanía a los poderes civiles, insistiendo en los viejos temas de la sexualidad, la formalidad, la lealtad-, y la del Concilio, abierta al mundo, simbolizada por la Teología de la Liberación y dominante en el espacio demográfico de más futuro, como es América Latina. |
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Un sociólogo experto en el Opus Dei El profesor Alberto Moncada es uno de los sociólogos más prolíficos y prestigiosos de nuestro país. Doctorado en Derecho por la Universidad Coplutense de Madrid, y con estudios de Sociología y Educación en la de Londres, Moncada ha sido becario del British Council y de la Comisión Fui¡bright; profesor en las universidades de Standford, Lima, Internacional de la Florida y Alcalá de Henares -además de en la propia Complutense-, y consultor de organizaciones tan relevantes como la de Estados Americanos (OEA), la Unesco o el Consejo de Europa. En medio de toda esta actividad académica -a caballo entre España y Estados Unidos-, a Moncada aún le ha quedado tiempo para hacerse cargo de la asociación benéfica "Sociólogos Sin Fronteras" -que preside en la actualidad-, y de publicar multitud de artículos y ensayos en prensa, así como una treintena de libros de temática pedagógica, social y religiosa, Entre ellos destacan títulos como Más allá de la educación (finalista del Premio Anagrama de Ensayo en 1982), Sociología de la educación, La crisis de la planificación educativa en América Latina, La crisis de la pareja, España americanizada, La crisis de los cuarenta, Los españoles y su fe, Historia oral del Opus Dei, o Hispanos 2000, sobre el fenómeno de los latinos en EE UU (de inminente publicación). En el artículo que publicamos en estas páginas, Moncada opina sobre el Instituto cristiano fundado por Escrivá de Balaguer, de cuya historia es un auténtico experto. |