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Nº 661
12/9/2005

Ejercicio de pirómano

L a Caixa, convertida por la derecha política y mediática en la acorazada financiera del segregacionismo catalán. ¡Los catalanes se quieren quedar con Endesa! ¡Que horror! "¡Adiós, mi España querida/ dentro de m¡ alma te llevo metía" cantan a coro las plañideras de la caverna. José Montilla, andaluz de Iznájar, en la provincia de Córdoba, ministro de Industria y primer secretario del PSC, ¿también quiere, este t¡po, destruir España? ¿Dónde iremos a parar? Dicen que en la conjura anda metido incluso el mismísirno presidente, el castellano-leonés Rodríguez
Zapatero. Otro vendepatrias. En vano clama Federico desde el púlpito de la COPE, mientras Pedro J. Ramírez hace lo propio a través de El Mundo y de los micrófonos episcopales.

Evoquemos, en estos momentos trágicos, la famosa Oda al Dos de Mayo, escrita por el poeta jiennense Bernardo López en 1866 y publicada en el Eco del país: "Oigo, patria, tu aflicción/ y escucho el triste lamento/ que forman tocando a muerto/ la campana y el cañón (. ..)/ Que el valiente pueblo ibero/ jura con rostro altanero/ que hasta que España sucumba/ no pisará vuestra tumba/ la planta del extranjero". No son ya los franceses -aunque ganas no les faltan a los gabachos- quienes quieren acabar con España. Ahora son los catalanes, con el visto bueno de un Gobierno débil y acomplejado. La Caixa asedia esa insigne fortaleza energética que es Endesa, joya de la corona aznarista. De inmediato, los ejecutivos caixeriles aves de rapiña sin barretina visiblese dispondrán a la conquista de España, postrada de hinojos y en ruinas. Lo advirtió Pedro J. Ramírez a toda página: "Zapatero permite a Maragall el asalto de La Caixa a la primera eléctrica española". ¡Menuda osadía! Lo que no pueden conseguir con su Estatut tratan de lograrlo por medio de La Caixa. Lo único único que mueve a los catalanes es la pela. Lo dice el refrán: "Barcelona és bona, si la bossa sona".

Sería pertinente, a 1a vista de este panorama -tan lleno de aberraciones cada vez más insoportables simplemente desde la cordura -, que los dirigenles del PP y sus voceros empezaran a preguntarse, con cierta urgencia, "si es que están en sus cabales", por utilizar una atinada observación de Samuel Becket en Quietud aún inquieta. No lo parece. Es más, continúa siendo un sarcasmo que -además a duo- Zaplana y Acebes se dediquen a declarar de forma solemne: "Nosotros hacemos política de centro". ¡Pero si no hacen otra cosa que echar leña al fuego de la demagogia, de la crispación y del enfrentamiento, tareas que compaginan, por cierto, con la de fabricantes de separatistas a granel! Nada que ver todo esto con el centrismo.

Cuando gobernó el PP La Moncloa hizo y deshizo en las grandes empresas públicas, definitivamente privatizadas en esa época. El dedo de Aznar, o el de Rato -o el de ambos a la vez- designó a los presidentes do las principales corporaciones industriales o financieras. Nunca, desde los años del general Franco, hubo tanto intervencionismo en la economía como entonces. Un Gobierno teoricamente liberal y partidairio fervoroso del libre mercado manoseó, a su antojo y pro domo sua, los hilos del poder económico, con Manuel Pizarro, presidente actual de Endesa y antes de Ibercaja, actuando de cerebro de los nombramientos. Presentar la posible salida de Pizarro de Endesa -a raiz de la OPA hostil de 1a Caixa- como una guerra entre Madrid y Cataluña no es únicamente un despropósito, sino un peligroso ejercicio de pirómano.

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