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Ejercicio
de pirómano
L
a Caixa, convertida
por la derecha política y mediática en la acorazada financiera
del segregacionismo catalán. ¡Los catalanes se quieren quedar
con Endesa! ¡Que horror! "¡Adiós, mi España
querida/ dentro de m¡ alma te llevo metía" cantan a
coro las plañideras de la caverna. José Montilla, andaluz
de Iznájar, en la provincia de Córdoba, ministro de Industria
y primer secretario del PSC, ¿también quiere, este t¡po,
destruir España? ¿Dónde iremos a parar? Dicen que
en la conjura anda metido incluso el mismísirno presidente, el
castellano-leonés Rodríguez
Zapatero. Otro vendepatrias. En vano clama Federico desde el púlpito
de la COPE, mientras Pedro J. Ramírez hace lo propio a través
de El Mundo y de los micrófonos episcopales.
Evoquemos, en estos momentos trágicos, la famosa Oda al Dos de
Mayo, escrita por el poeta jiennense Bernardo López en 1866 y publicada
en el Eco del país: "Oigo, patria, tu aflicción/ y
escucho el triste lamento/ que forman tocando a muerto/ la campana y el
cañón (. ..)/ Que el valiente pueblo ibero/ jura con rostro
altanero/ que hasta que España sucumba/ no pisará vuestra
tumba/ la planta del extranjero". No son ya los franceses -aunque
ganas no les faltan a los gabachos- quienes quieren acabar con
España. Ahora son los catalanes, con el visto bueno de un Gobierno
débil y acomplejado. La Caixa asedia esa insigne fortaleza energética
que es Endesa, joya de la corona aznarista. De inmediato, los ejecutivos
caixeriles aves de rapiña sin barretina visiblese dispondrán
a la conquista de España, postrada de hinojos y en ruinas. Lo advirtió
Pedro J. Ramírez a toda página: "Zapatero permite a
Maragall el asalto de La Caixa a la primera eléctrica española".
¡Menuda osadía! Lo que no pueden conseguir con su Estatut
tratan de lograrlo por medio de La Caixa. Lo único único
que mueve a los catalanes es la pela. Lo dice el refrán: "Barcelona
és bona, si la bossa sona".
Sería pertinente, a 1a vista de este panorama -tan lleno de aberraciones
cada vez más insoportables simplemente desde la cordura -, que
los dirigenles del PP y sus voceros empezaran a preguntarse, con cierta
urgencia, "si es que están en sus cabales", por utilizar
una atinada observación de Samuel Becket en Quietud aún
inquieta. No lo parece. Es más, continúa siendo un sarcasmo
que -además a duo- Zaplana y Acebes se dediquen a declarar de forma
solemne: "Nosotros hacemos política de centro". ¡Pero
si no hacen otra cosa que echar leña al fuego de la demagogia,
de la crispación y del enfrentamiento, tareas que compaginan, por
cierto, con la de fabricantes de separatistas a granel! Nada que ver todo
esto con el centrismo.
Cuando gobernó el PP La Moncloa hizo y deshizo en las grandes empresas
públicas, definitivamente privatizadas en esa época. El
dedo de Aznar, o el de Rato -o el de ambos a la vez- designó a
los presidentes do las principales corporaciones industriales o financieras.
Nunca, desde los años del general Franco, hubo tanto intervencionismo
en la economía como entonces. Un Gobierno teoricamente liberal
y partidairio fervoroso del libre mercado manoseó, a su antojo
y pro domo sua, los hilos del poder económico, con Manuel
Pizarro, presidente actual de Endesa y antes de Ibercaja, actuando de
cerebro de los nombramientos. Presentar la posible salida de Pizarro de
Endesa -a raiz de la OPA hostil de 1a Caixa- como una guerra entre Madrid
y Cataluña no es únicamente un despropósito, sino
un peligroso ejercicio de pirómano.
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