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Nº 646
25/4/2005

Los pastos envenenados

La Iglesia católica jamás ha asumido en el fondo ni la Ilustración ni la Revolución francesa. Combatió con saña la Enciclopedia y condenó a los padres de las luces, como Voltaire, Diderot, Rousseau, D'Alambert o Montesquieu, entre otros. Los principios de la Revolución de 1789 fueron severamente repudiados por la jerarquía eclesiástica. Mucho antes en el tiempo, el humanismo renacentista ya había sido observado con rechazo por la Iglesia.

Erasmo de Rotterdam (1469-1536), un intelectual reformista en el seno de¡ catolicismo -que propugnaba el retorno "al espíritu del cristianismo", es decir, al Evangelio- fue acusado de hereje por sus esfuerzos de conciliación con la escisión encabezada por Lucero. Recibió el acoso de unos y otros: "Por lo que veo -escribiómi destino es ser lapidado por las dos partes". Sus obras fueron incluidas en el índice de Libros Prohibidos. No importó que fuera consejero del emperador Carlos V y que uno de sus libros tratara sobre la educación de los príncipes cristianos.

En el siglo XIX sobresalió por su firmeza en la defensa de la ortodoxia el Papa Pío IX. El 8 de diciembre de 1864 publicó la encíclica Quanta cura. Subrayaba la necesidad de que "a toda la grey del Señor" se le imbuyera de "sanas doctrinas" y se le apartara "de los pastos envenenados". Y añadía este párrafo apocalíptico: "Por eso nuestros predecesores, con apostólica fortaleza, resistieron sin cesar a las inicuas maquinaciones de los malvados que, lanzando como las olas del fiero mar la espuma de sus conclusiones, y prometiendo libertad, cuando en realidad eran esclavos del mal, trataron con sus engañosas opiniones y con sus escritos perniciosos de destruir los fundamentos del orden religioso y del orden social".

A la libertad de expresión, Pío IX la calificó de "libertad de perdición". Y de "opinión errónea y absolutamente falsa" la tesis de que "la libertad de conciencias y de cultos es un derecho propio de cada hombre ( ... ) y que los ciudadanos tienen derecho a la plena libertad de manifestar sus ideas ( ... ) sin que autoridad civil o eclesiástica alguna puedan reprimirla en ninguna forma". El comunismo y el socialismo eran para este Pontífice un "funestísimo error". Para la iglesia de finales del siglo XIX, y como escribiera en un opúsculo el canónigo catalán Salvà i Salvany, "el liberalismo es pecado".

Clarín era tenido en esa misma época por un escritor de inspiración punto menos que diabólica. ¿Por qué? Porque sostenía en alguno de sus artículos cosas que en la actualidad parecen elementales. Opuesto al Estado confesional y partidario de la libertad de pensamiento y de culto, Clarín afirmaba: "Sólo pueden tener religión las almas, y no hay más almas que las individuales; las almas colectivas (en alusión al Estado) podrán parecerse todo lo que se quieran a las verdaderas, pero no son almas".

Pues esa Iglesia del oscurantismo -que por fortuna no comparten muchos creyentes, incluidos sacerdotes, monjas, teólogos y hasta obispos o cardenales- la adoptó Juan Pablo II, aunque con ropaje moderno. Y poco puede esperarse en cuanto a apertura del pontificado de Benedicto XVI, salvo que se produzcan milagros hoy por hoy más bien imposibles. En su homilía/programa electoral de la misa previa al Cónclave, Ratzinger enumeró los males que acechan a la Iglesia y reiteró, más o menos, lo redactado solemnemente por Pío IX. Atacó Ratzinger ideologías que van desde el marxismo al liberalismo. Y denunció, además, la -según él- dictadura del relativismo. Prohibido dudar. ¡Cuidado con "los pastos envenenados".

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