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El aforismo de Gramsci Cuando María Teresa Fernández de la Vega militó en el histórico PSUC (el referente catalán del PCE), uno de los eslóganes de este partido era que "venía de lejos y quería ir más lejos todavía". Otro eslogan sugestivo, propagado en las primeras elecciones -las del 15-J de 1977-, se transmitió a través de un cartel imaginativo y, de algún modo, impactante. Sobresalían unas manos y se podía leer esta frase: 'Mis manos, mi capital" Pues bien, situados en el año 2005 -y cumplido el primer aniversario de¡ Gobierno Zapatero-, no parece exagerado aventurar que esta mujer, de apariencia frágil y de tesón infatigable, ha llegado a ser vicepresidenta viniendo, ciertamente, de lejos y con voluntad de ir más lejos aún. Probablemente porque, entre otras sólidas convicciones progresistas, Fernández de la Vega sabe que para ella también sus manos -es decir, su trabajo, su coherencia ideológica y su talento- han sido siempre su capital: su único y valioso capital. Viene de lejos esta valenciana porque desde joven entendió que el Derecho podía ser -debía ser- un instrumento para transformar democráticamente una sociedad marcada por profundas desigualdades sociales y por la discriminación de las mujeres o de los homosexuales. Se dedicó al Derecho con pasión y no parece simplemente casual que perteneciera en su momento al Cuerpo de Secretarios Jurídicos Laborales. Accedió después a la condición de jueza y fue vocal, asimismo, del Consejo General del Poder Judicial. Viene de lejos, además, porque a partir de la victoria socialista de 1982 se incorporó a la política activa e institucional. Su primera tarea fue la de jefa de Gabinete del ministro entonces de justicia, Fernando Ledesma. Doce años después, accedió a la Secretaría de Estado de justicia viceministra de facto- siendo ministro Belloch. Luego, con el PSOE ya en la oposición, Fernández de la Vega se ocupó de la coordinación del Grupo Parlamentario, primero con Almunia y, en la segunda legislatura del PP, con Zapatero de líder. Fogueada en la política, casi nadie imaginaba, no obstante, que ZP la convirtiera en su segunda. Es vicepresidenta y, sin duda, la jefa del lobby femenino/ista del Gobierno. Y ejerce de portavoz del Gabinete. Hasta el día de la fecha, el oficio de portavoz no le ha jugado ninguna mala pasada, lo que no es frecuente, como podrían atestiguar todos los que han desarrollado este oficio con los distintos presidentes. En este ámbito, Fernández de la Vega hay que precisar que no se caracteriza por su brillantez dialéctica. Procura suplir tal carencia con sobriedad retórica. Con el PP una mujer, Luisa Fernanda Rudi, fue presidenta del Congreso. Otra, Esperanza Aguirre, presidió el Senado. El listón jerárquico lo ha puesto ahora un poco más alto Zapatero designando vicepresidenta a María Teresa Fernández de la Vega, aparte de consagrar la paridad entre hombres y mujeres en el Gobierno. Llegará un día, más pronto que tarde, que en España la Presidencia del Ejecutivo sea desempeñada por una mujer. la España democrática, paulatinamente -con retro~ cesos a veces y con sustantivos empujones en otras oportunidades-, ha ido avanzando por el camino de la igualdad entre ambos sexos. María Teresa Fernández de la Vega, veterana luchadora, sabe perfectamente que lo importante es caminar -aunque la meta apenas se vislumbre- en la buena dirección. Parece verosímil, desde luego, que la vicepresidenta comparta el aforismo sensato de Antonio Grarnsci acerca de la conveniencia de conjugar el pesimismo de la razón con el optimismo de la voluntad. |