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Condenados a entenderse El modelo de financiación que exige la Generalitat no es compartido por el Gobierno, Las relaciones entre Pasqual Maragall y el núcleo duro del Ejecutivo y del PSOE han empeorado en los últimos tiempos. Las fricciones se multiplican, aunque a veces la sordina de la prudencia contribuya a disimular la tensión. La crisis del Carmel y la célebre alusión de Maragall al 3 por ciento acentuaron, sin duda, los roces. El presidente catalán es contemplado por algunos de sus compañeros como un estorbo o como un impertinente incordio. Consideran que es con frecuencia inoportuno y les inquieta su proyección en España, donde aparece a ojos de muchos ciudadanos como un nacionalista catalán y no como un relevante dirigente socialista. Comprenden, no obstante -eso sí, con reparos-, que Maragall preside un Gobierno complicado, sin apenas autonomía propia, porque ERC continúa teniendo la llave del cofre donde se halla el poder, Pero Maragall, al margen de sus torpezas dialécticas -nunca se sabrá si voluntarias o no, lo que tiene mérito-, no deja de decir algunas verdades, no exentas de sentido común. La mención al 3 por ciento constituyó, al fin y al cabo, una especie de crónica -tan breve como elocuente- de un proceso regeneracionista anunciado. El pujolísmo acumuló en sus más de dos décadas de mandato virtudes democráticas, una praxis por lo general sensata en cuanto a España y una cierta idea con resonancias gaullistas de Cataluña. Pero también circuló agua sucia, incluso putrefacta, a través de las cloacas; demasiada agua oculta aunque intuida y comentada en voz queda o entre susurros. Todo esto empieza ahora públicamente a aflorar. Es un ejercicio doloroso pero probablemente necesario y no exclusivo de CiU. Lo sufrió el PSOE en su momento y algún día le tocará al PP. Durante su intervención el otro día en el Foro ABC Maragall se adentró de nuevo por territorios minados. A pesar de la severa doctrina oficial de Ferraz al respecto, el presidente de la Generalitat terció en el debate vasco postelectoral y apostó por un acuerdo entre el PNV y el PSE. Como es sabido, Patxi López no pierde ocasión para tirar balones fuera, mientras off the record los responsables socialistas aseguran que no descartan un Gobierno monocolor del PSE con apoyo externo del PP vasco. Pero más minas pisó Maragall al advertir que la solidaridad interregional ha de tener un límite y que algunas Comunidades viven del subsidio, expresión pronunciada, por cierto, en un tono más bien despectivo. Estas aseveraciones, por desgracia, ofuscaron en buena parte una propuesta de Maragall ciertamente arriesgada pero susceptible de ser escuchada con especial interés. Tras apuntar que "Madrid ha de entender que hablar de dinero no es pecado", abogó por la transparencia en los ingresos de cada autonomía y en el déficit fiscal de Cataluña. En este mismo saco subrayó que ya se encuentra la comunidad de Madrid. "Lo que digo -puntualizó- es que debe haber un principio común aplicable a todos". Maragall propugna que la financiación autonómica se alcance por consenso y con criterios globales que tendrían que afectar también a las comunidades forales. 0 sea, a Euskadi y Navarra. Separen los líderes del PSOE el ruido de los sonidos y haga un esfuerzo Maragall para no sólo ser de izquierdas, sino parecerlo. En definitiva, el éxito del tripartito catalán sería un éxito del Gobierno Zapatero. Y al revés. Unos y otros -socios incluidosestán, pues, condenados a entenderse. Más vale que se vayan haciendo a la ídea. |