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Los 'jabalíes no llenan las urnas Acusa El País en un editorial: "Zaplana grita". En realidad, el portavoz parlamentario del PP no gritó ante los periodistas al denunciar que el PSOE y sus aliados se niegan a conocer la verdad respecto al 11-M. No gritó. Pero sí vituperó de forma especialmente campanuda. Hizo catastrofismo, según costumbre inveterada en la derecha española, salvo honorables excepciones. La comisión parlamentaria del 11-M, sentenció Zaplana, no ha servido para nada. Ha sido una tomadura de pelo a los españoles, puntualizó. Ocurre que la citada Comisión confirmará -previsibiemente antes del verano una conclusión poco discutible: ETA fue ajena a los atentados de Madrid. Y, además, el mismo día 11 de marzo de 2004, había ya indicios solventes que apuntaban en esa dirección, a pesar del empeño del ministro de¡ Interior de entonces, Ángel Acebes, obstinado en involucrar a la banda terrorista vasca. Aquella mentira, tan reiterada desde el gobierno de Aznar, el PP la sigue queriendo transformar, como sea, en verdad. Intento vano en el fondo, pero altamente peligroso en la forma porque en política nada hay peor que no admitir las evidencias. ¿Cabe calificar en la actualidad de jabalíes a muchos de los diputados del PP? Cuando se debatió en la Eurocámara la manipulación deTVE justamente con motivo del 11-M, el socialista Enrique Barón tildó a algunos de sus oponentes conservadores de diputados jabalíes, lo que generó de inmediato otro gran alboroto. Barón justificó el vocablo jabalí acogiéndose con razón a la tradición parlamentaria española, centrada en la II República, cuando ciertos diputados de la extrema derecha actuaban, precisó Barón, "hechos unos basiliscos". Por ello, añadió, fueron conocidos como los jabalíes. Vayamos al diccionario de la Real Academia: Jabalí.(del ar. yabalï, montaraz) m. Mamífero paquidermo, bastante común en los montes de España, que es la variedad salvaje del cerdo, del cual se distingue por tener la cabeza más aguda, la jeta más prolongada, las orejas siempre tiesas ( ... ) y los colmillos grandes y salientes de la boca". Más que enumerar a los jabalíes del Grupo Parlamentario Popular, cuestión altamente subjetiva, parece oportuno, sin embargo, subrayar que el estilo imperante en el PP guarda muy a menudo determinadas semejanzas con lo que simboliza, en el imaginario colectivo, el aludido animal. La crispación sistemática, la bronca como instrumento político, la demagogia convertida en estilete mediático, el recurso a la jeremiada cual si el fin de España estuviera a punto de sobrevenir, al menos mientras Zapatero -el impostorcontinúe habitando en Moncloa. Estos agoreros de todas las desdichas forman un coro donde lloran las plañideras, mientras -como en el poema del dos de mayo- los patriotas exigen venganza y guerra. Este estado de agitación contribuye a mantener la unidad interna del partido, aunque sólo sea porque el victimismo consigue diluir y hasta borrar el sentimiento de culpabilidad propia. El franquismo alimentó durante décadas la sensación de que, de forma permanente, existía una gran conjura judeo-masónica -reforzada por el comunismo ateo y en ocasiones la pérfida Albión- cuyo objetivo era destruir España, envidiosos como eran muchos países extranjeros de nuestra paz. La conjura contra el PP -que explica su derrota electoral- incluye al PSOE, IU, los separatistas vacos y catalanes, los servicios secretos marroquíes, la ETA, los servicios secretos franceses, Al Qaeda, Jesús de Polanco y el viperino comando Rubalcaba. Así el PP puede, en efecto, ir tirando pero, antes o después, le llegará el desastre. Los jabalíes pueden llenar los montes, pero no llenan las urnas. |