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Cuidado con él Rodríguez Zapatero se ha consolidado como el presidente de Gobierno que una mayoría de ciudadanos estaba deseando. En La Moncloa ha habido cambio espectacular de talante respecto a su antecesor, salvo para los voluntariamente amnésicos o desmemoriados. El otro día, ante la comisión parlamentaria del 11-M, Aznar volvió a exhibirse sin disimulo y regresó a su irrefrenable tendencia al maniqueísmo simplificador como instrumento prioritario del combate político. Sus palmeros, con Zaplana a la cabeza, presumieron de que Aznar era el primer ex presidente que comparecía ante una Comisión de este género. Olvidaron, sin embargo, que Zapatero es el primer presidente en ejercicio -lo que supone un dato más relevante- dispuesto a comparecer, como así ha sucedido. El PP y su corte de aduladores mediáticos difunden chascarrillos de dudoso gusto a propósito del talante de Zapatero. Se equivocan. Son muchos más los españoles favorables a tal actitud que a la contraria. 0 sea, que Zapatero mantiene casi intactas Sus expectativas. Los errores cometidos han sido abundantes. En alguna circunstancia, incluso preocupantes. Ninguno de ellos, no obstante, ha alcanzado la peligrosa catalogación de letal. Sus aciertos han sido numerosos y la ciudadanía, en general, reconoce que ha procurado cumplir sus promesas, escorado a babor y empuñando el timón con cuidado y simultáneamente con firmeza. Claro que la travesía hasta el momento ha sido bastante plácida, apenas sin oleaje perceptible. La bonanza, siquiera ligera, está a punto de terminar, o así lo parece, y Zapatero deberá enfrentarse a no pocas adversidades que se avecinan en el horizonte. ¿Hasta dónde podrá llegar en el capítulo decisivo de carácter constitucional y/o estatutario? ¿Hasta dónde están dispuestos a aceptar sus socios de ERC renuncias al programa independentista o soberanista que preconizan? La presión del PP ha subido de tono. Los más optimistas dentro del Gobierno auguran que tal presión durará poco y que el pragmatismo se impondrá en una derecha con necesidad electoral pronostican- de centrarse. Habrá que verlo para creerlo. Los indicadores socioeconómicos no arrojan saldos satisfactorios. Los datos no son catastróficos. Tampoco, desde luego, alentadores. En otro plano, no hay que olvidar que ETA ha lanzado ya avisos inquietantes y, según los expertos, inequívocos. Si ETA recupera su tradición de muerte y de dolor, este Gobierno sufrirá -como los anteriores- el desgaste de la impotencia. Si Al Qaeda repite, lo que ha intentado ya, Zapatero tendrá que demostrar su entereza y su sentido de Estado ante la salvaje crueldad del terrorismo islamista. El pulso con la Iglesia católica más tridentina -que es lamentablemente la hegemónica- lo refuerza por un lado, pero lo debilita por el otro. Zapatero, sin embargo, se encuentra mentalmente decidido a resistir. "Resistir es vencer" aseguraba con obvio fundamento el presidente del Gobierno republicano Juan Negrín, un socialista demasiado olvidado o silenciado por sus correligionarios. Zapatero coincide con el criterio de Negrín, al menos en este punto. Lo hizo suyo Aznar, ciertamente, en la primera legislatura y con éxito evidente. Los aliados más cercanos al PSOE, como ERC o IU, saben que -a pesar de todoquien rompa la baraja y precipite el fin de este Gobierno puede pagar en las urnas un muy alto precio. Zapatero se doctoró en resistencia desde la oposición y superó las coyunturas y las pruebas más difíciles. Se hallaba, según algunos analistas de tres al cuarto, desahuciado, casi en coma. Y ahí está, gobernando, con su talante, su sonrisa y sus nervios de acero. Cuidado con él. |