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Nº 622
1/11/2004

Tempus fugit

EEobjetivo de rebajar el precio de la vivienda, haciéndola más asequible a la mayoría de los ciudadanos singularmente a los jóvenes- parece escapársele al Gobierno. El 15 de octubre la ministra María Antonia Trujillo le presentó la dimisión al presidente, quien se la rechazó. Zapatero alegó que no era aún momento para cambios en su equipo ministerial. El viento de popa parece, no obstante, que continúa acompañando al presidente, a pesar de la condena del Supremo a Vera y la petición de indulto, cursada tras la inquietante carta del afectado en El País. La solicitud de gracia, como se sabe, está firmada por González, Barrionuevo y Vera.

Augures perspicaces señalan al respecto que este episodio -que conduce casi inexorablemente hacia el túnel del tiempo- puede acabar quebrando la apacible navegación de Zapatero hasta sumergir el navío del talante en un mar de aguas tubulentas. Habrá que seguir de cerca este asunto sin perder de vista que reducir determinados sucesos a la exclusiva responsabilidad de un chivo expiatorio no sólo puede ser profundamente injusto, sino que a veces se convierte en un bumerán. El problema de Zapatero es que si mira hacia otro lado, se equivocará. Pero si aprueba el indulto, se convertirá en blanco de los nuevos fariseos, dispuestos a destrozarlo. Se trata de gentes curtidas en el linchamiento, en apariencia tan justicieras como, por lo general, hipócritas, aunque con prestigio en determinados sectores después de haber ganado no pocas y decisivas batallas.

¿La ministra Trujillo ha fracasado? Ha ido dando tumbos, atrapada entre el deseo de hacer cosas tangibles y la realidad que es cruelmente inhóspita. El Ministerio de la Vivienda carece de competencias verdadera; -apenas le quedan algunaspara afrontar un problema colosal y enormenlente complejo. Ni el conjunto de España es Extremadura, de donde procede Trujillo, ni ella misma fue de hecho la madre del plan de viviendas sociales impulsado con cierto éxito por el Gobierno autonómico que preside el incombustible y pletórico Rodríguez Ibarra. Sin apenas presupuesto, el Ministerio de la Vivienda es más virtual que real y no resulta operativo. ¿Suprimirlo? ¿Olvidarse de las promesas electorales? Son riesgos muy grandes ambos. Liquidar este ministerio supondría la confirmación plástica de que en el capítulo de la vivienda Zapatero ha arrojado la toalla. Archivar aquellas promesas, tan sensibles para millones de españoles, un tropiezo de alcance imprevisible.

Corrobora cuanto está sucediendo en el ámbito de la construcción de viviendas que disponer del Gobierno no equivale ni mucho menos a disponer del poder. "No os confundáis. Tenemos el Gobierno, pero no tenemos el poder", acostumbraba a recodar a los suyos el presidente chileno Salvador Allende. Un ministerio como el que regenta María Antonia Trujillo es más una exhibición de impotencia -de falta de poder, literalmenteque, por descontado, de poder. Al margen de este elemento -de carácter sustantivotambién están los aciertos o los errores, la capacidad de buscar recovecos, de abrir caminos insospechados, de aunar voluntades, la intuición para no errar pública y reiteradamente teniendo que rectificar tras enseñar algunas vergüenzas. En fin, que la ministra Truji¡lo puede ser manifiestamente mejorable, pero al olmo no conviene nunca pedirle peras. Es un ejercicio inútil que provoca fatiga, luego melancolía y finalmente resentimiento. 0 frustración.

Tempus fugit, decían los romanos. las próximas elecciones están todavía lejos. Pero el tiempo transcurre veloz y, a veces, determinados incumplimientos electorales pasan políticamente factura. Disculpe la obviedad, señor presidente, pero téngala en cuenta.

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