| Hemeroteca | Lista Al trasluz |
![]() |
||
|
|
La foto de la dignidad E1 Gobierno socialista exhibe que su relación con los escritores, intelectuales y, singularEmente, los artistas del cine, el teatro, la televisión o la música, incluidos los cantantes, es por lo general excelente, conforme detalla en este número EL SIGLO. Hay motivos sólidos para ello. En primer lugar, por una razón elemental, descrita así en el refranero español: "De bien nacido es ser agradecido". El protagonismo cívico de los actores -dicho genéricamentecomo consecuencia de la guerra de Iraq fue sobresaliente. Los tímidos y contradictorios puentes que había tendido Aznar con ellos, o algunos de ellos -merced a sus almuerzos de los viernes en Moncloa-, se hundieron con estrépito a raíz del alineamiento bélico del ex presidente con George W. Bush. La reacción de la derecha contra los actores -los cómicos, como los denomina a veces la derecha garbancera desde el desprecio- fue contundente. Hasta brutal, si nos atenemos a las humillaciones y a los registros sufridos en el Congreso de los Diputados. Asimismo fue brutal el linchamiento de que fueron objeto por parte de la prensa afín al PP, tan exuberante. Está claro que el papel de los artistas fue entonces de especial relieve. Era obligación, pues, de Rodríguez Zapatero reconocérselo con gestos y con hechos. En segundo término, porque las coincidencias ideológicas globales con la media del sector aludido son abundantes. Las izquierdas y los artistas forman una pareja de hecho, aunque con desavenencias, naturalmente. Hollywood tiene más bien corazón demócrata. Bastaría para certificarlo con repasar las actas de la comisión inquisitorial impulsada por el senador McCarthy en la década de los cincuenta. El agradecimiento se halla también en el origen del encuentro en La Moncloa de Rodríguez Zapatero con Jacques Chirac y Gerhard Schröder. En los mismos tiempos en los que los artistas daban la cara contra el oprobio de una guerra injusta, en España el líder de la oposición mayoritaria supo estar en su sitio. Caían chuzos de punta, resonaban los truenos y se veían deslumbrantes los rayos de un Aznar jupiterino, convencido de que iba a ser uno de los favoritos del dueño del mundo. Pudo Rodríguez Zapatero refugiarse en el limbo de la ambigüedad o acercarse a Tony Blair, al fin y al cabo laborista. Pudo callar, o no incordiar tanto, o no bajar a la calle. Pero bajó a la cal le, "que ya es hora". Arriesgó y, a la postre, fue el triunfador en las elecciones de un año después. Se alineó con el clamor ciudadano y fue coherente con los principios mínimos de la ética, ni siquiera socialista. Ahora Jacques Chirac y Gerhard Schröder han querido agradecérselo visitándole en Madrid. Es la contrafoto de las Azores. Ésta será para muchos -en el presente y en el futuro más remotola foto de la dignidad frente a la foto de la vergüenza: la de Bush, Blair y Aznar solemnes en su papel de verdugos. Lástima que en sus respectivos países, tanto Chirac como Schröder se tambaleen con gravísimo riesgo de fractura. Ninguno de los dos parece estar en su mejor momento. Todo lo contrario. Tome nota, pues, Zapatero. Del éxito al fracaso hay sólo un paso. Hace un año usted estaba condenado a los infiernos. Llegó, sin embargo, al cielo. No se confíe. El camino en sentido inverso es más fácil de recorrer. Y cuando se quiere enmendar, a menudo es imposible. |