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Nº 608
21/6/2004

'That's the question'


A Rodríguez Zapatero le gritó al guien, con fortuna, la noche de las generales: "No nos falles". Tal vez el presidente hubiera debido pedir lo mismo -pero al revés durante la campaña electoral de las europeas: "No me falléis". Porque éste era el riesgo. Que muchos de los que le votaron en marzo le abandonaran en junio para refugiarse en la indiferencia de la abstención. los que lo hicieron, varios
millones, estuvieron en un tris de jugarle una mala pasada. Es fácil de imaginar qué habría acontecido si el PP le da el domingo 13 del junio la vuelta a la tortilla. ¡Qué pesadilla! ¡Qué malvado ajuste de cuentas! ¡Casi cuatro años de campaña, montado Rajoy en el potro de la crispación -que es la suprema especialidad de la derecha-, hurgando en la supuesta deslegitimación del triunfo del PSOE el 14-M!

No sucedió por poco. El PP supo motivar con más intensidad que el PSOE a sus votantes más fieles. Sabían que no votaban por Europa, sino fundamenta¡ mente por la revancha, y eso consiguió movilizarlos, como puede comprobarse simplemente recorriendo el índice de participación de uno y otro partido en las comunidades gobernadas por la derecha. Fue un intento de rehabilitación, frustrado sin embargo. La tercera victoria consecutiva de los socialistas a escala estatal se produjo en las europeas, tras los resultados de las municipales de hace poco más de un año y de las generales. Con alta participación o con baja participación -como subrayó Josep Borrell acertadamente-, en los últimos tiempos el PSOE derrota al PP.

Pero erraría Zapatero si se contentara con atribuir el susto del 13-J a la abstención, por otra parte -y con alguna salvedad-, la tónica generalizada en los países que integran actualmente la UE. En Grecia, también recientemente -en marzo como aquí-, ha habido cambio de Gobierno. El PASOK, el partido de los socialistas helenos, perdió frente a la derecha. Pues bien, el 13-J los vencedores de los comicios generales le sacaron a la izquierda 13 puntos, a pesar de que -según los cronistas- el nuevo Gobierno no ha cumplido aún ninguna de sus promesas electorales. Rodríguez Zapatero, sí, efectivamente. Con coraje y con valor cívico ordenó la salida inmediata de las tropas españolas destinadas a Iraq y ha puesto en marcha, por ejemplo, la ley contra la violencia de género, aparte de democratizar en la práctica -mientras llega la reforma legal- el reglamento del Congreso de los Diputados, impulsar debates televisivos o entre otras propuestas, desterrar el insulto y la descalificación personal de la confrontación política.

¿Qué ha pasado, pues? Thats the question. No basta tampoco con recurrir al afán de venganza de los populares. Algo no ha funcionado bien. ¿Puede interpretarse como una advertencia? Rodríguez Zapatero tendría que tomar nota. Es cierto que se ha percibido un exceso de improvisación en los ministros, con mensajes en ocasiones contradictorios, a veces corregidos por el vicepresidente económico, Pedro Solbes, o la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega. No era un concierto, sino más bien un alboroto de voces individual izadas y no del todo afinadas. No se puede permitir el lujo este Gobierno de estrenar el CIS cosechando un fracaso colosal que, por otra parte, pudo incidir directamente en la abstención. Con el asombroso dato de participación que arrojaba la encuesta 74%- sobraban razones para retirar el sondeo de la circulación o revisarlo a fondo. En cuanto a la política mediática pieza clave siemprealgunas cosas, no menores, se comentan por sí solas.

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