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Mirando
hacia atras
Gregorio
Peces-Barba escribió el pasado día 20 un brillante artículo
en El País titulado Iglesia y Estado en la sociedad democrática.
Es ésta una cuestión básica, recurrente, todavía
, no resuelta adecuadamente en España. "La iglesia católica
-advierte Peces-Barba- quiere seguir con privilegios y ventajas, y no
se resigna a ser una institución libre como otras en una sociedad
libre y pluralista. No entiende que la verdadera libertad de conciencia
debe conducir a la separación entre la Iglesia y el Estado y al
igual tratamiento de todas las Iglesias y todas las confesiones religiosas".
¿Continúa vigente, pues, la reflexión del liberal
Práxedes Mateo Sagasta sobre la materia de referencia? Hace poco
se conmemoró el centenario de la muerte de Sagasta, ilustre riojano
nacido en Torrecilla en Cameros. Con tal motivo su figura -que fuera clave
en la Restauración- recuperó parte de su intensidad gracias,
entre otras, a iniciativas como un cuidado texto de Bernardo Sánchez,
admirablemente llevado a escena por el actor Ricardo Romanos. Éste
era el criterio de Sagasta: "Respeto a la religión si, pero
nunca arma de partido; nunca abuso de poder pontificio; nunca templos
convertidos en oficinas de recaudación. Tolerancia de cultos y
separación Iglesia-Estado. Porque no es la opresión no es
la intolerancia, no es la Inquisición la que en los pueblos ha
despertado la fe ......
Han cambiado las cosas de modo positivo, ciertamente, desde la época
de Sagasta, en las postrimerías del siglo XIX. Sin embargo y por
desgracia, no demaqinr!n, a juzgar por el diagnóstico de Peces-Barba:
"En el fondo, lo que suele ocurrir es que los representantes de la
IglesiaInstitución carecen de respeto por el sistema jurídico
español que regula la Constitución. La ignoran, como si
no fuera con ellos ( ... ) Esto sucede cuando el cardenal de Madrid sigue
sosteniendo que el Rey es Su Majestad católica, cuando se ignora
un derecho del Estado como el que regula los contratos de trabajo y los
derechos de la persona (caso de los profesores de religión), o
cuando se pide en un documento eclesiástico reciente que abogados
y jueces católicos no intervengan en procesos de divorcio".
El Concilio Vaticano II abrió las puertas a una versión
más laica del catolicismo. Juan XXIII, en la encíclica Mater
et Magistra respaldó ciertas coincidencias de los católicos
con "otros que no poseen la m isma visión de la vida".
C. van Gestel, en La Doctrina Social de la Iglesia, libro publicado
a principios de los años sesenta, evoca las condenas explícitas
de la jerarquía respecto al comunismo y el socialismo. Sin embargo,
y aun con reparos, se atreve a señalar: "Puede ser que en
circunstancias determinadas la colaboración con los socialistas
en el terreno político y social esté no solamente permitida,
sino que sea incluso deseable. Basta recordar la consigna de Juan XIII
a propósito de los contactos con los no cristianos". El papa
Roncalli exhortaba a que los católicos "vivan y se muestren
animados de espíritu de comprensión, desinteresados y dispuestos
a colaborar lealmente en la actuación de objetivos que sean por
su naturaleza buenos".
No obstante, el paso del tiempo ha ido apagando, o minimizando, tales
esperanzas. La cúpula de la Iglesia en España, y no sólo
aquí, parece ajustarse más a los cánones de¡
conservadurismo -trono y altar juntos o muy cercanos- que no a una relación
normalizada con el socialismo o, en general, el progresismo. la Iglesia
de] siglo XXI tiende lamentablemente a seguir mirando más hacia
atrás, anclada en el pasado, que hacia el futuro.
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