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Nº 601
3/5/2004

Mirando hacia atras


Gregorio Peces-Barba escribió el pasado día 20 un brillante artículo en El País titulado Iglesia y Estado en la sociedad democrática. Es ésta una cuestión básica, recurrente, todavía , no resuelta adecuadamente en España. "La iglesia católica -advierte Peces-Barba- quiere seguir con privilegios y ventajas, y no se resigna a ser una institución libre como otras en una sociedad libre y pluralista. No entiende que la verdadera libertad de conciencia debe conducir a la separación entre la Iglesia y el Estado y al igual tratamiento de todas las Iglesias y todas las confesiones religiosas".

¿Continúa vigente, pues, la reflexión del liberal Práxedes Mateo Sagasta sobre la materia de referencia? Hace poco se conmemoró el centenario de la muerte de Sagasta, ilustre riojano nacido en Torrecilla en Cameros. Con tal motivo su figura -que fuera clave en la Restauración- recuperó parte de su intensidad gracias, entre otras, a iniciativas como un cuidado texto de Bernardo Sánchez, admirablemente llevado a escena por el actor Ricardo Romanos. Éste era el criterio de Sagasta: "Respeto a la religión si, pero nunca arma de partido; nunca abuso de poder pontificio; nunca templos convertidos en oficinas de recaudación. Tolerancia de cultos y separación Iglesia-Estado. Porque no es la opresión no es la intolerancia, no es la Inquisición la que en los pueblos ha despertado la fe ......

Han cambiado las cosas de modo positivo, ciertamente, desde la época de Sagasta, en las postrimerías del siglo XIX. Sin embargo y por desgracia, no demaqinr!n, a juzgar por el diagnóstico de Peces-Barba: "En el fondo, lo que suele ocurrir es que los representantes de la IglesiaInstitución carecen de respeto por el sistema jurídico español que regula la Constitución. La ignoran, como si no fuera con ellos ( ... ) Esto sucede cuando el cardenal de Madrid sigue sosteniendo que el Rey es Su Majestad católica, cuando se ignora un derecho del Estado como el que regula los contratos de trabajo y los derechos de la persona (caso de los profesores de religión), o cuando se pide en un documento eclesiástico reciente que abogados y jueces católicos no intervengan en procesos de divorcio".

El Concilio Vaticano II abrió las puertas a una versión más laica del catolicismo. Juan XXIII, en la encíclica Mater et Magistra respaldó ciertas coincidencias de los católicos con "otros que no poseen la m isma visión de la vida". C. van Gestel, en La Doctrina Social de la Iglesia, libro publicado a principios de los años sesenta, evoca las condenas explícitas de la jerarquía respecto al comunismo y el socialismo. Sin embargo, y aun con reparos, se atreve a señalar: "Puede ser que en circunstancias determinadas la colaboración con los socialistas en el terreno político y social esté no solamente permitida, sino que sea incluso deseable. Basta recordar la consigna de Juan XIII a propósito de los contactos con los no cristianos". El papa Roncalli exhortaba a que los católicos "vivan y se muestren animados de espíritu de comprensión, desinteresados y dispuestos a colaborar lealmente en la actuación de objetivos que sean por su naturaleza buenos".

No obstante, el paso del tiempo ha ido apagando, o minimizando, tales esperanzas. La cúpula de la Iglesia en España, y no sólo aquí, parece ajustarse más a los cánones de¡ conservadurismo -trono y altar juntos o muy cercanos- que no a una relación normalizada con el socialismo o, en general, el progresismo. la Iglesia de] siglo XXI tiende lamentablemente a seguir mirando más hacia atrás, anclada en el pasado, que hacia el futuro.

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