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¿Se saldrá con la suya? Da la impresión que Zapatero está dando la talla. Hasta ahora, sus nombramientos conocidos no parecen encajar en la grosera descripción que el PP había venido haciendo de él, presentándolo como un insolvente. O falto de madurez, según dijera Aznar ante los micrófonos episcopales, tras hacer un análisis paranoico de las elecciones: Mire usted por dónde, cuando íbamos a salir, o cuando yo al menos iba a salir, pues ha atacado España, una mente diabólica y maldita, para dejar un Gobierno sin capacidad de reacción, y eso es lo que ha ocurrido. Fue más lejos aún al declarar: Yo sé que había personas y grupos que, desde hace mucho tiempo, no iban a perdonar que yo dejase voluntariamente el Gobierno y, si es posible, que saliese bien del Gobierno. Nosotros no dejamos corrupciones en España, nos vamos con las manos limpias, no dejamos escándalos y hemos respetado siempre la ley; por tanto, algo había que hacer, éstos no se pueden escapar. Cabe deducir de semejante lenguaje críptico y torpemente articulado algunas conclusiones: 1) Aznar cree que el genocidio de Madrid se llevó a cabo con el objetivo de dejar un Gobierno (el suyo) sin capacidad de reacción. 2) Aznar sostiene que habiendo como había personas y grupos que no estaban dispuestos a soportar que él se fuera por la puerta grande, urdieron una especie de complot ya que éstos no se pueden escapar. ¿Intenta Aznar conectar a tales personas y grupos obviamente los socialistas y Polanco con los autores de la masacre? Ni lo afirma ni lo niega, pero su algo había que hacer, éstos no se pueden escapar resulta, como mínimo, una frase equívoca. Menos, desde luego, que esta otra, clarísima: Los que andan detrás de buscar esas cosas siempre levantan esas campañas de calumnias y de infamias (...) Los que mintieron, los que vulneraron la jornada electoral, los que mancharon el luto de los españoles y los que siguen mintiendo, pues yo estoy convencido de que al final no se saldrán con la suya. ¿Se saldrá Zapatero con la suya? En ello está y, como apunto en el inicio, hace sus deberes con acierto. La designación de José Enrique Serrano como jefe de Gabinete de Presidencia, habiéndolo sido ya en los últimos tiempos de González, corrobora que Zapatero ha decidido poner punto final a la etapa de una cierta distancia entre formal o escénica con el PSOE más tradicional o clásico. Ha quebrado su círculo de colaboradores inmediatos y está incluyendo gentes de otras procedencias en puestos relevantes. La apuesta de Zapatero es de apertura a los diversos territorios del socialismo y aledaños próximos. Muchos nombres desde Bono a Solbes pasando por Teresa Fernández de la Vega o el espaldarazo europeo de Almunia como comisario o de Borrell como número uno para las europeas confirman que el próximo presidente quiere disponer de un equipo fuerte, más allá de etiquetas y capillitas. Luego habrá que escudriñar los detalles digamos domésticos, La Moncloa de puertas adentro. Desde la decoración que fue cambiada de arriba abajo por Ana Botella en gesto de descortés ruptura con el pasado a los fontaneros y a los visitantes asiduos. Habrá que esperar, por cierto, que siendo Zapatero partidario de la España plural no se limite en lo futbolístico a rodearse de ex jugadores del Real Madrid, como ha hecho Aznar durante ocho años. Pero que tampoco se limite por ser del Barça a recibir en exclusiva a las viejas glorias blau-granes. |