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Que se note la diferencia El primer miura que ha de lidiar Zapatero es el de las tropas españolas en Iraq. No puede fallar, ni siquiera vacilar al respecto. Anunció durante la campaña, incluso bastante antes, que retiraría de allí, si llegaba a La Moncloa, a los efectivos militares. Ahora debe cumplir su promesa. Uno de los mayores errores de Felipe González consistió en haber trasladado a la ciudadanía la impresión de que el PSOE estaba en contra de la incorporación de España a la OTAN. Se comprometió a celebrar un referéndum y lo hizo. Pero en lugar de pedir el “no”, pidió el “sí”. Tuvo la valentía de convocar a los españoles a las urnas. Y tuvo la suerte, además, de encontrarse enfrente con una oposición conservadora –aquel AP que entonces capitaneaba Fraga Iribarne– cuya obsesión era liquidar a González, aun a costa de perjudicar las relaciones con EE UU. Soy de los que sostengo, por cierto, que fue Fraga Iribarne quien más contribuyó a salvar a González de la quema. El Gobierno socialista estuvo a punto de perder tan decisiva consulta, menos de cuatro años después de haber alcanzado mayoría absoluta abrumadora. Venció al fin porque la mayoría de sus votantes acudió a las urnas en clave interna: o González o la derecha. ¿Qué habría sucedido si Fraga Iribarne hubiera hecho caso de las recomendaciones que le llegaron de Ronald Reagan a través de Bush padre? Nunca se sabrá. Sin embargo, parece verosímil imaginar que, en tal supuesto, los socialistas no hubieran cerrado filas en torno a González. Las tropas españolas en Iraq han de regresar. Y Zapatero está obligado a no defraudar –bajo ningún concepto– las expectativas creadas. Cada uno de los problemas pendientes tienen que ser abordados y encarrilados. Si no se resuelven, los ciudadanos se merecen explicaciones y, en su caso, disculpas. Zapatero gobernará en solitario, entre otras razones, porque muchos votantes de IU e ICV han apostado en esta oportunidad por el voto útil. También ha obtenido no pocos votos de gentes desencantadas o abstencionistas que, hace tiempo, depositaron su confianza en los socialistas. Asimismo, Zapatero ha encontrado apoyos perceptibles entre los más jóvenes. Nadie le va a pedir milagros. Pero muchos le exigirán que la diferencia con el PP se note, se perciba, llegue a todos los rincones. En los modos y las formas. Y en el fondo, desde luego. En la honradez, y en parecer que se es honrado. En la transparencia más exquisita. En la sensibilidad social, en primer término. En el pluralismo desde todos los puntos de vista. En el reconocimiento de las equivocaciones. En la prudencia, porque gobernar es un ejercicio en las antípodas del aventurerismo, aunque éste pueda ser a veces bien intencionado. Pero una cosa es la cordura, y el sentido de la responsabilidad, y otra el entreguismo, o renunciar a ciertos principios que, con matices, son históricamente la señal de identidad de la izquierda. Para hacer de Blair tanto da que gobiernen éstos como aquéllos: todos son iguales o muy parecidos. Dispone Zapatero de una situación parlamentaria cómoda, con teóricos aliados a su derecha y a su izquierda, aparte de la vertiente nacionalista más o menos intensa. Sin embargo, no dispone de mayoría absoluta. Habrá de pactar, por tanto. Lo hará sin agobios excesivos. Conviene que no menosprecie a nadie. Pero que no olvide que su partido se ubica en la izquierda. Y en el diálogo como instrumento para reforzar la cohesión de España. De la España plural, naturalmente. |