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Lista Al trasluz
Nº 586
19/1/2004
Más chinchetas, no

La situación en el PSOE la ha resumido muy bien, los días 14 y 15 de enero, el periodista Gonzalo López Alba, solvente cronista de ABC especializado en el Partido Socialista y, por otra parte, autor de una de las  biografías de José Luis Rodríguez Zapatero. Día 14. Tras la propuesta de Rodríguez Ibarra de dificultar enormemente la presencia de los partidos nacionalistas en el Congreso, señalaba López Alba: “Cada vez que Zapatero parece coger carrerilla, alguien de su propio partido tira una chincheta en su camino”.

Día 15. Tras la confección de las candidaturas socialistas, recordaba: “Hace cuatro años, en vísperas de las elecciones de 2000, José Borrell y Alfonso Guerra acusaron públicamente al entonces candidato (...), Joaquín Almunia, de eliminar de las candidaturas a las personas que les eran próximas (...) Ayer (...) el Comité Federal aprobó por unanimidad (...) las listas (...), situación tan olvidada que llevó a Zapatero a felicitar a su secretario de Organización, José Blanco”.

Siguen apareciendo chinchetas, ciertamente, en los momentos más inoportunos. ¿Cabe hablar de sabotaje? Cuesta creerlo, máxime en el caso de  Ibarra, todo un referente de lealtad al PSOE, más allá  de filias o fobias. Por eso resulta más extraño el último suceso protagonizado por el presidente de Extremadura, quien tiende a prodigar últimamente demasiados episodios parecidos. Rebasar al PP en celo antinacionalista parecía una quimera. Ibarra está empeñado en conseguirla. Por cierto, ¿el PP no encarna, con arrogancia creciente, el nacionalismo español, que también existe?

Habiendo fijado Zapatero como mascarón de proa electoral la apuesta de Santilla del Mar sobre la España plural, la insistencia de Ibarra contra los nacionalismos apenas se puede entender sin argumentos que rocen la malevolencia. Introducir ahora mismo el objetivo que propugna Ibarra hubiera significado un disparo en plena línea de flotación del PSOE actual.

La reacción del líder socialista, en este caso, fue contundente y rápida. No esperó a que el fuego se propagara peligrosamente. Cortó por lo sano mediante una declaración sucinta y respetuosa, aunque firme. Ibarra plegó velas y, de momento, puede considerarse un episodio superado. Y es que Zapatero parece haber regresado al estado de gracia de los primeros tiempos de su gestión. Por ahí ha de interpretarse la segunda cita que hago del colega López Alba. Zapatero ha logrado la unanimidad de sus compañeros a la hora de aprobar las candidaturas para unas elecciones que van a ser para él, para el PSOE y otros sectores progresistas, decisivas.

Tras la constitución del Gobierno Maragall, se intuye en el partido socialista una euforia tan contenida como perceptible. Cunde la impresión de que arrebatar a Mariano Rajoy la mayoría absoluta ya no es misión imposible. Tal hipótesis empieza a considerarse verosímil. ¿Qué podría pasar a partir de ese escenario? Probablemente, el PP acabaría contando con el apoyo de Coalición Canaria y de CiU, siempre que a Artur Mas se le garantizara una reforma del Estatuto presentable en Cataluña. Para CiU ello supondría, a su vez, un balón de oxígeno tan necesario  como arriesgado. Pero si Rajoy tampoco alcanzara así la mayoría absoluta, entonces podría abrírsele a Zapatero un horizonte sugestivo, aunque no exento de graves problemas colaterales.

En fin, que ante un combate difícil pero no perdido de antemano, en el PSOE hay cierre de filas. Habrá que desearle a Zapatero que, al menos hasta después del 14 de marzo, nadie trate de ponerle más chinchetas en el camino.

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