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El 'palmero' de Aznar
Estos datos confirman que la polémica suscitada por la guerra -cuando algunos sostenían, con perceptible alborozo, que estaba obsoleta, que se trataba de un asunto pretérito- permanece en el subconsciente colectivo. O, mejor, habría que escribir: permanecía en el subconsciente colectivo, pues los últimos acontecimientos, como la muerte terrible de siete agentes del espionaje español en Bagdad a manos de la resistencia, han vuelto a poner a Iraq en el primer plano. Y es que la guerra -más allá de la cínica euforia de Bush y de Aznar el 1 de mayo- no ha terminado. Ni parece que vaya a terminar de inmediato. "Las últimas encuestas de la CIA indican que la resistencia armada crece, que la opinión pública iraquí la respalda (...)", apuntaba hace un par de semanas Darío Valcárcel, prestigioso especialista, en ABC. Esto quiere decir, en términos de política interior española, que la guerra de Iraq puede convertirse de nuevo en uno de los grandes argumentos de la precampaña y de la campaña de las elecciones generales próximas. ¿Ocurrirá, sin embargo, como pasó con las municipales y autonómicas del 25 de mayo? Entonces se salía -al menos, virtualmente- de la guerra. Ahora la percepción puede ser distinta. Así lo barrunta, por ejemplo, Simon Serfaty, director del programa europeo del CSIS (Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales), con sede en Washington y, como el Instituto Elcano, poco sospechoso de izquierdismo. Entre sus directivos, y entre otros conservadores relevantes, figura Henry Kissinger. Sostiene Serfaty (El Mundo. 28.11.2003): "Como Aznar ha decidido dejar el poder, se ha podido permitir el raro lujo de tomar decisiones sin sufrir directamente las consecuencias políticas. Pero el hecho es que su sucesor, Rajoy, que ha sido escogido a dedo, lo va a tener difícil en las próximas elecciones, si persiste el fracaso americano en Iraq". Diagnóstico significativo. Con pronóstico incluido: "Como ex vicepresidente primero de Aznar, Rajoy tendrá que distinguirse de la herencia de su antecesor en Iraq (...) Va a ser difícil que Rajoy confirme el apoyo a Bush, especialmente si España sufre muchas bajas de soldados españoles y persiste la situación actual". ¿Acertará en el vaticinio Serfaty? Por ahora, no. Ni tampoco se vislumbra como probable que Rajoy pueda sacudirse el yugo de Aznar. La reaparición parlamentaria de Rajoy, asumiendo el papel de portavoz del PP, durante el debate (?) en el Congreso, a raíz de los siete féretros españoles, ¿no fue precisamente una forma de amarrarlo todavía más al legado aznarista? Caben, al respecto, pocas dudas. El papel de Rajoy -al que, además, se le acumulan los conflictos internos que estaban soterrados- empieza a ser penoso. La comparecencia del otro día lo devolvió a su condición de privilegiado palmero de Aznar. Todo un aviso. |