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“L´ambizione di dominare”Por temperamento, deseaba organizarlo todo". De este modo describe el profesor Elliot a Gaspar de Guzmán, el célebre conde‑duque de Olivares, valido, privado o ‑en lenguaje moderno‑ primer ministro de Felipe IV. En su soberbio estudio dedicado a Olivares, Elliot precisa: "Era un hombre que tenía 'L'ambizione di dominare', en palabras de uno de los embajadores de Venecia'. El embajador inglés en Madrid a lo largo de la década de 1630, sir Arthur Hopton, admiraba al valido: '%, por mi parte -escribía el 11 de mayo de 1632-, soy de los que opinan que, teniendo (como tiene en todas sus acciones) la virtud por guía, no puede faltarle por compañera la fortuna". ¿Alguien puede dudar, en esta España de 2002, que, salvadas todas las distancias con el legendario conde-duque, Ana Botella posee también l'ambizione de dominare, que es cualidad, por lo demás bastante indispensable ‑aunque sujeta a los riesgos de ciertos excesos peligrosos‑ para ejercer todo liderazgo? De igual manera, y partiendo de la premisa que muchos ciudadanos y ciudadanas entienden que Ana Botella tiene Ia virtud como guía' -según se encargan de resaltar sin tregua sus numerosos tiralevitas-, no faltarían quienes coincidieran con el vaticinio de aquel embajador inglés: Botella podría estar predestinada a gozar del favor de la fortuna, que es otra condición sine qua non para alcanzar el triunfo. Olivares, en una coyuntura ciertamente delicada -narra Elliot- "llamó a Quevedo de su exilio y lo puso a trabajar como panfletista y publicista de¡ régimen". Botella ‑por el momento al menos‑ no necesita recurrir a una medida semejante, aunque no sería difícil enumerar la lista de periodistas y/o escritores del presente volcados, con entusiasmo a veces sospechoso, en la tarea de propagandistas gubernamentales. Téngase en cuenta, en todo caso, que la esposa del actual presidente no tiene que "hacer frente al chaparrón de libelos y sátiras que no había leyes de censura capaces de controlar", cosa que le ocurrió al conde-duque. ¿Por qué no le sucede algo parecido a Botella, más preservada de las críticas que, por ejemplo, Carmen Romero cuando se presentó a diputada? La clave de muchas de las cosas -más bien asombrosas- que aquí y ahora están pasando se oculta en la anterior pregunta. Ana Botella ha anunciado que irrumpirá en la política. Dispone de una nutrida corte de amigos, amigas, vasallos y adu¡adores. Los votantes del PP la quieren probablemente más que a su marido. Puede contribuir ‑habrá que ver si es así o hay modificaciones en el recorrido al encumbramiento de Ruiz‑Gallardón y, según y cómo, al suyo propio: hasta soñar con las metas más altas. Un buen resultado electoral que le concerniera directamente a ella ‑en la lista senatorial, ¿por qué no? provocaría que se dispararan toda suerte de rumores. Al fin y al cabo, la carrera sucesoria continúa abierta y ninguno de los tres candidatos más seguros aparece como favorito. No ya de los designios del César, sino de la voluntad mayoritaria de los electores. La hermana de Ana, María Jesús, domina el Califato Popular de Córdoba, en colaboración con Marita Cuadrado, la suegra de Álvarez‑Cascos. Esto se parece cada vez más a una dinastía. Gaspar Llamazares estuvo ocurrente hace unos días cuando se refirió a la derecha gobernante aludiendo a reinas regentes, infantas y validos. Y no estaba pensando en su tocayo, el conde‑duque. |