![]() |
||
|
|
Santa Bárbara y los truenos Cuando Rodríguez Zapatero salió el otro día de entrevistarse con Tony Blair procuró deshacerse en elogios hacia su anfitrión. "Es un referente de la izquierda europea', dijo, mientras alababa la política del líder del Nuevo Laborismo ‑según la denominación preferida por Blair‑ sobre seguridad ciudadana y apoyo a la familia. No silenció, sin embargo, su discrepancia respecto a la flexibilidad laboral que predica ‑con entusiasmo digno de mejor causa‑ el primer ministro británico, a quien secundan en tal menester Berlusconi y Aznar, El secretario general del PSOE no fue preguntado acerca de Blair en relación a los ardores bélicos de Bush contra Sadam. Pero horas antes de la audiencia, se había pronunciado a través de unas declaraciones a El País. Interrogado sobre si en este extremo, de tan acuciante y peligrosa actualidad, él estaba más cerca de Schröder que de Blair, Rodriguez Zapatero respondió: "Si, a día de hoy, sí". A lo largo de esta interviú, Rodríguez Zapatero acentuó la dimensión socialdemócrata, más bien clásica, de su futuro Gobierno, en el supuesto, desde luego, de que acabe residiendo en Moncloa. No se permitió apenas ni un solo brindis al sol del liberalismo omnipresente. Al aludir al Estado del Bienestar, evitó introducir consideraciones modernizadoras, tan frecuentes entre ciertos políticos socialistas deslumbrados por la lógica de la globalización o, simplemente, del pensamiento único. Abogó en pro de la "suficiencia (presupuestaria) para el Estado del Bienestar, básicamente educación, sanidad, sistema público de pensiones y política de ayuda a las farnilias'. Rodriguez Zapatero inició su liderazgo con moderación y suma contención política. Pero luego ha ido soltándose paulatinamente. Ha prodigado gestos de firmeza y presencias ilustrativas en manifestaciones multitudinarias, como la de los universitarios o, sobre todo, la del 20‑J. Hace poco, mantuvo una cumbre con Llamazares, Méndez y Fidalgo. En sus intervenciones más celebradas, como la del Estado de la Nación y la de los Presupuestos, ha subrayado con vigor las carencias sociales sin ahogarlas en un mar de cifras y de compromisos europeos ineludibles. Conjuga la prudencia con la coherencia ideológica. 0 la memoria histórica. No rehúye la recuperación de un pasado que, durante demasiado tiempo, ha permanecido deliberadamente oculto. A su abuelo -honorable militar republicano- lo fusilaron sus compañeros uniformados que se levantaron en armas contra la democracia. No presume ni alardea, Rodriguez Zapatero, de su abuelo asesinado. Pero tampoco enmudece cuando hay que hablar de estas cosas terribles, aunque imprescindibles para entender la España actual. "El nuevo socialismo parte, pues, de los principios del socialismo de toda la vida", ha escrito Jordi Sevilla, uno de los próximos al secretario general del PSOE, en su libro de reflexión sobre la izquierda contemporánea. ¿Se sitúa, de algún modo, en la órbita del pensamiento de Anthony Giddens, patriarca de la tercera vía asumida por Blair? No está claro. También siguió esa estela SchrÓder y tuvo que refugiarse a toda prisa en el socialismo tradicional durante la reciente campaña. Lo que, entre otras razones, le salvó de la catástrofe. Conviene, por consiguiente, no acordarse sólo de Santa Bárbara cuando truena. Y tener muy en cuenta, además, el diagnóstico del politicólogo UIrich Beck, amigo de Giddens: '9esgraciadamente, el sueño de una tercera vía de izquierdas se ha desinflado. Cada vez más, está siendo sustituido por una copia de derechas de esa misma tercera vía". Rodríguez Zapatero parece haberlo entendido. |