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Al menos, como ayo José Antonio Sánchez, el nuevo director general de RTVE, ha ordenado que los miembros y allegados de la familia real no aparezcan en los programas del corazón de la televisión del Estado. Ha censurado tales presencias argumentando que perjudican la imagen de la Monarquía. Muy mal debe considerar Sánchez que se encuentra la salud pública de la Corona cuando pretende defenderla así. A las instituciones democráticas ‑y esta Monarquía constitucional lo es‑ no se las protege recurriendo al silencio o a la opacidad. Estos artilugíos oscurantistas son propios de épocas felizmente pretéritas. A Sánchez le preocupa mucho, según cabe deducir de su decisión, que la frivolidad no salpique desde TVE a los miembros de la regia familia. Sin embargo, parece traerle al fresco que en el programa Tiempo al tiempo ‑que presenta Concha Velasco y que se emite por la 1 en hora de máxima audiencia‑ se pregunte a los vecinos del padre de Jesulín de Ubrique si están enterados de quiénes son sus amantes (las del padre) cuyos nombres se divulgan sin rubor ni escrúpulo alguno. Claro que, en este caso ‑deontológicamente mucho más grave‑, los afectados son gente del pueblo, vasallos aunque enriquecidos, plebe al fin aunque famosa.Pero ¿por qué Sánchez ejerce de alcahuete televisivo de los conspicuos miembros de la realeza? Conste que el vocablo alcahuete lo empleo aquí estrictamente en su segunda acepción, según el Diccionario de la Lengua Española que edita la Real Academia: "Persona ( ... ) que sirve para encubrir lo que se quiere ocultar. 0 sea, más o menos lo que hace Sánchez, y no sólo respecto al noble asunto que nos ocupa.Carlos Boyero, crítico de televisión de El Mundo (16.10.2002), es atronadoramente contundente en el juicio de la RTVE actual: "Los sociatas fueron unos aficionados en comparación con la maquinaria represora que ejerce el PP. Aludiendo implícitamente a Luis María Anson, Boyero añade: "los peones que ha colocado el maquiavélico periodista que jamás ha perdido las llaves del poder ( ... ) están cumpliendo su patético deber'. Después de enumerar recientes episodios vergonzosos de TVE, Boyero afirma: "También resulta excesivo su celo policial para proteger férreamente la dionisiaca intimidad de una familia que reina sobre los españoles. Si no me queda más remedio que contribuir a sufragar la manutención de la divina sangre azul, suponga que tengo derecho a encabronarme viendo sus cuidadas jetas y sus aristocráticas actitudes en los acontecimientos mundanos. Todas las monarquías occidentales pagan ese tributo ... ). Yo lo exijo". Por lo demás, si los componentes de tan augusta familia creen que aparecer en la crónica rosa no les favorece, lo tienen fácil. Que no acudan allá donde un mínimo sentido común advierte que, inevitablemente, serán protagonistas destacados de ese género periodístico, de tanto éxito por otra parte. Es cierto que, asimismo, tendrían que distanciarse de ciertas amistades. José Apezarena, que es el director de los Informativos de la COPE, ha escrito un libro dedicado al heredero y que se titula El Príncipe. Respecto a las amistades de Felipe de Borbón parece ilustrativo el siguiente párrafo: "los nombres de los íntimos aparecen en las revistas del corazón: Pepe Barroso, Jaime Martínez‑Bordiu Franco, Ricky Fuster, Prado y Colón de Carvajal, junior, Pelayo Primo de Rivera ... En el grupo hay también varios vividores, algunos fachas y no pocos impresentables". En esta reveladora relación, Sánchez podría figurar también. Al menos, como ayo. |