Nº 525
7/10/2002

Una herencia demasiado hipotecada

Hace 17 años, el 13 de diciembre de 1985, Manuel Fraga Ir¡barne, amo y señor de AP y jefe de la oposición al Gobierno socialista, conversó con Mariano Rajoy. Fraga -en su escueto dietario que le sirvió para el libro de memorias En busca del tiempo perdido- se refiere a Rajoy con estas palabras: "Entrevista con Mariano Rajoy, siempre caballero (el tiempo le dará la razón en cuanto a su desconfianza respecto de Barreiro)". 0 sea, que ya entonces el actual vicepresidente primero del Ejecutivo le merecía a Fraga la consideración de "caballero" y, asimismo, de lúcido. Xosé Luis Barreiro pasaba por ser en aquella época -junto a JorgeVerstryrige a escala española- uno de los delfines favoritos del gran patrón de la derecha. Era, sin duda, el hombre fuerte de Alianza Popular en Galicia y, ciertamente, el valído con más futuro de la Xunta que presidía Fernández Albor. Barreiro, no obstante, acabó ejerciendo de trásfuga, montó un chiringuito más o menos galleguista y fue la clave que permitió a los socialistas gobernar Galicia aun fugazmente. Rajoy, como explica Fraga, desconfiaba de Barreiro. Acertó.

No ha perdido Mariano Rajoy su dimensión caballerosa. Es educado, cordial y procura guardar siempre las formas. Abusa en ocasiones, sin embargo, de la mordacidad y su acreditado ingenio lo utiliza a veces como arma demoledora en el combate dialéctico, sobre todo para eludir la cuestión de fondo debatida. Es conservador, pero pragmático, Parece huir de los fundamentalismos y de la subordinación a determinados dogmas. Valora el consenso y elude la bronca o el conflicto sistemático. Es un bon vivant, condición que lo humaniza, y no carece de las dosis de cinismo necesarias para sobrevivir en la lucha política, no tanto la externa como la interna, que a menudo resulta, sin duda, la más peligrosa.

¿Puede llegar a presidente? Cualidades no le faltan, aunque probablemente adolece de indolencia. Da la impresión de que prefiere jugar de centrocampista más que de ariete rompedor, no le gusta el riesgo y se mueve con más soltura en la sombra que a la luz del día o de los focos mediáticos. A un presidente se le presupone mayor energía. Su capacidad de liderazgo está por probar y, por ahora, no se le advierte. los indicios al respecto son más bien inexistentes. Pero todo es posible, porque la elección de sucesor se ha convertido dentro del PP en una cuestión estrictamente personal. Por lo tanto, de una subjetividad casi absoluta. El heredero será designado a dedo y los designios de Aznar -como los del Señor- son inescrutables.

Dispone de su propio clan o familia. Como a prior¡ no aparece como favorito, aunque figure en la terna de los presuntos príncipes -a los que hay que sumar los tapados- Rajoy tiene menos que perder que otros competidores. Claro que los tiempos no están para cultivar muchas ilusiones. El ciclo del aznarísmo puede agotarse más pronto de lo previsto. El sucesor recibirá una herencia demasiado hipotecada por los rasgos cesaristas que prodiga Aznar, cuyo perfil se caracteriza ahora mismo por su predisposición creciente hacia el autoritarismo y por un clamoroso olvido de antiguas promesas regeneracionistas. Repetir en estos momentos que el PP es adalid de la lucha contra la corrupción no deja de ser, en la mejor de las hipótesis, un sarcasmo colosal. 0 una broma de mal gusto. Al prudente Rajoy quizá le convenga aguardar a que soplen vientos más favorables.

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