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Historias de Suárez y Aznar Aznar fue presidente de Castilla y León en 1987 por diversas razones. Una de ellas consistió en explotar al máximo el escándalo empresarial atribuido al presidente socialista de la región, Demetrio Madrid. Aznar ensayó entonces sus demagógicas acometidas posteriores contra Felipe González. Lo hizo con éxito. De nada sirvió que más tarde se demostrara judicialmente la total inocencia de Madrid. Superado, por tanto, el mayor obstáculo, a través del repudiable todo vale, Aznar se encontró con una mayoría escuálida -de cinco mil votos-, sobre la que montó de forma más bien frágil su Gobierno. Curiosamente, esta situación política tan precaria la repitió nueve años después, cuando ganó las generales de 1996 por los pelos. Pues bien, en Valladolid, Aznar pudo gobernar a pesar de haber empatado en escaños con el PSOE, gracias al voto de¡ único procurador (o diputado autonómico) del partido Solución Independiente, promovido por el alcalde de Burgos, José María Peña, cuya corrupción acabó, por cierto, costándole el cargo. Fue tan portentoso el hecho que, según narra Graciano Palomo en El vuelo del halcón (Temas de 1 Hoy 1990), "el siguiente fin de semana, José María irá con toda su familia al santuario de la Virgen de Sonsoles, en Av¡ la, a postrarse a los pies de la Señora y agradecer la victoria. Es una familia cristiana, y la victoria ha sido un milagro". El biógrafo elude en su libro, no obstante, si en esa piadosa visita al santuario de Sonsoles Aznar incluyó en las pregarias a Adolfo Suárez, al fin y al cabo un abulense de pro. Pero, si no lo hizo, hubiera tenido que hacerlo, porque la abstención del CDS fue clave para la investidura de Aznar. Si Suárez hubiera querido inclinar la balanza en favor del candidato socialista, Juan José Laborda, sólo habría tenido que ordenárselo a sus corre¡ igionarios del CDS. Optó, sin embargo, por Aznar, a quien llegó tiempo después a perdonarle la vida, evitándole una fatídica moción de censura, a cambio, eso sí, del cese de su jefe de Prensa, Miguel Ángel Rodríguez, quien había acusado públicamente a un conspicuo miembro del partido de Suárez de graves irregularidades. Suárez, en 1996, retirado ya de la actividad política, fue requerido a quebrar su silencio y solicitar el voto para Felipe González, con quien venía manteniendo por otra parte, muy amistosas relaciones No lo hizo. ¿Qué hubiera pasado, en e caso de haberlo hecho? Nadie nunca podrá contestar a tal pregunta, pero no parece disparatado pensar ‑a la vista de lo menos de 300.000 sufragios de diferencia entre PP y PSOE‑ que acaso Aznar no habría pisado nunca La Moncloa comc presidente. Ahora Suárez ha resucitado gracias al primer cuarto de siglo de aquel maravilloso 15-J y, asimismo, gracias a su hijo, el asombroso candidato del PP por Castilla-La Mancha. Ha aparecido sonriente y cariñoso con Felipe González, pero ditirámbico con Aznar, al que ha calificado como el "mejor presidente de la democracia". El duque es un artista del poder. También, un hombre agradecido. Aznar le resolvió, en parte, sus complicaciones económicas -acerca de las cuales se ha procurado correr siempre un tan tupido como benevolente velo-, merced a un suculento contrato con Telefónica. Y Aznar, además, ha hecho políticamente un hombre al hijo mayor, Adolfo Suárez Illana. En este punto, la verdad, el padre sólo ha podido aconsejarle que no siga en el toreo. En 1987 a quien hizo un hombre Suárez fue a José María Aznar. Pero éste aún no se ha cortado la coleta. |