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Otra
partida de cartas
El
interminable juego de cartas en Oriente Medio continúa con repetidas
partidas desde el asesinato, el 14 dé febrero de 2005 en Beirut,
del que fue primer ministro Rafik Hariri, precedido por la decisión
del presidente Lahoud de extender su propio mandato. La cadena de reacciones
por lo sucedido: rápida evacuación de las tropas sirias,
elecciones generales y formación de un nuevo gobierno, informes
de la ONU sobre el magnicidio, descubrimiento de fosas comunes en zonas
libanesas que controlaban los sirios, y un largo etcétera que dista
mucho de haberse acabado, está generando innumerables tensiones
domésticas e internacionales para el país y la región.
Tras 1 5 años de guerra civil y 15 años de hegemonía
siria, desde el asesinato del presidente René Mouawad en 1989 al
asesinato de Rafik Hariri, Oriente Medio ha proporcionado otra sensible
oportunidad, con su enésima partida de cartas recién barajadas,
para los juegos de guerra y las simulaciones políticas, sin conclusión
predecible. Líbano ha sido el lugar de confrontación de
terceros países y objeto de agendas ajenas. Puede serlo otra vez.
De momento queda por ver cuánto se apretarán las manos que
oprimen el cuello sirio desde el asesinato de Hariri, con la acción
común de franceses y estadounidenses, la firme decisión
de las Naciones Unidas al adoptar no menos de cinco Resoluciones el Consejo
de Seguridad, y des-tacar enviados especiales e investiga-dores: Terje
Roed Carsen, Geir Pedersen y Detlev Mehlis, todo ello con resultados en
principio muy negativos para Damasco. Precisamente cuando este artículo
se publique será ya conocido el informe definitivo de Detlev Mehlis,
puede haberse procedi-do a la prolongación del mandato investigador,
se intensificarán descubrimientos e investigaciones sobre las fosas
de Anjar y se perfilaría la idea respecto al tipo de tribunal que
juzgue a los implicados en el magnicidio y las atrocidades. En cualquier
caso, las actuaciones de los servicios militares, de la inteligencia y
la seguridad de los sirios, ya están sometidas a serias sospechas,
con pruebas al parecer contundentes. Pero el problema no se acaba, ni
muchísimo menos, con ajustar las cuentas con los sirios, cuya presencia
no ha desaparecido de la vida política libanesa, con un aparente
vacío que en absoluto se ha cubierto debidamente hasta ahora.
La sorprendente y rápida coincidencia internacional en torno a
la crisis libanesa también ha generado importantes exigencias para
Beirut; especialmente las relativas al desarme de las milicias, la eliminación
de la confesionalidad en la vida política y el despliegue en la
frontera sur, con Israel, de las fuerzas militares libanesas. De esta
manera, con Resoluciones de las Naciones Unidas por medio, Francia y los
Estados Unidos, juntos por una vez en Oriente Medio, llaman a capítulo
a Siria pero también ajustan cuentas con las milicias palestinas
y de Hizbollah; lo que ya nos conduce desde Beirut a Damasco, pero también
de Beirut a Tel Aviv y Teherán, re-visándose de paso todo
el espectro político libanés que, por enésima ocasión,
se ve metido en un torbellino de gran alcance y amplitud. Todo lo ocurrido
y por ocurrir entre los libaneses está finalmente generando debates,
alianzas y escenarios, incluso rumores de preparativos de las milicias
para un eventual enfrentamiento, en que no sería excluíble
alguna actuación revanchista, provocativa o defensiva, por parte
de Damasco. Según ciertaslecturas, nuevos choques, primero entre
musulmanes y cristianos, después entre sunitas y chiítas,
demostrarían que Líbano no puede gobernarse a so-las, que
es necesaria la presencia siria para hacerlo.
En definitiva, que debe ocuparse el lugar dejado vacante por los sirios
y que hay que dilucidar, por parte de París y de Washington, lo
que se pretende en relación con Damasco, exigirle responsabilidades
o cambiar de régimen, o ambas cosas. Se trataría para ambas
capitales de redistribuir el poder político en Líbano, estableciendo
un nuevo patronato internacional de fisonomía franco-estadounidense,
pero igualmente de utilizar el país como una palanca más
efectiva para presionar a Damasco. Sin embargo, no debería olvidarse
que no se ha marchado del todo Siria, la fragilidad de su régimen
y sus estrechos lazos con los iraníes. Siria conserva poderosos
aliados en Líbano, como Hizbollah, Amal, el Partido Sirio y el
Partido Baas, y protagoniza una larga historia de apoyo a los grupos radicales
palestinos con presencia armada, en especial el Frente Popular para la
Liberación de Palestina, Mando General, que dirige Ahmed Jibril.
La peor hipótesis en esta enésima partida de cartas surje
de un movimiento de desestabilización con su epicentro en Damasco,
extendiéndose a Líbano, de nuevo convertido en campo de
juego y de batalla de todas las tensiones regionales. De ser así
no es rechazable la posibilidad de la presencia yihadista, de que Zarqawi
quiera ampliar sus parámetros de acción, sople el viento
wahabita o salafista y, en fin, de que pueda producirse una iraquización
de Líbano. Nueva entrada en el diccionario político de Oriente
Medio, que ya registra las entradas libanización y balcanización.
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