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Nº 675
19/12/2005

Otra partida de cartas

El interminable juego de cartas en Oriente Medio continúa con repetidas partidas desde el asesinato, el 14 dé febrero de 2005 en Beirut, del que fue primer ministro Rafik Hariri, precedido por la decisión del presidente Lahoud de extender su propio mandato. La cadena de reacciones por lo sucedido: rápida evacuación de las tropas sirias, elecciones generales y formación de un nuevo gobierno, informes de la ONU sobre el magnicidio, descubrimiento de fosas comunes en zonas libanesas que controlaban los sirios, y un largo etcétera que dista mucho de haberse acabado, está generando innumerables tensiones domésticas e internacionales para el país y la región. Tras 1 5 años de guerra civil y 15 años de hegemonía siria, desde el asesinato del presidente René Mouawad en 1989 al asesinato de Rafik Hariri, Oriente Medio ha proporcionado otra sensible oportunidad, con su enésima partida de cartas recién barajadas, para los juegos de guerra y las simulaciones políticas, sin conclusión predecible. Líbano ha sido el lugar de confrontación de terceros países y objeto de agendas ajenas. Puede serlo otra vez.

De momento queda por ver cuánto se apretarán las manos que oprimen el cuello sirio desde el asesinato de Hariri, con la acción común de franceses y estadounidenses, la firme decisión de las Naciones Unidas al adoptar no menos de cinco Resoluciones el Consejo de Seguridad, y des-tacar enviados especiales e investiga-dores: Terje Roed Carsen, Geir Pedersen y Detlev Mehlis, todo ello con resultados en principio muy negativos para Damasco. Precisamente cuando este artículo se publique será ya conocido el informe definitivo de Detlev Mehlis, puede haberse procedi-do a la prolongación del mandato investigador, se intensificarán descubrimientos e investigaciones sobre las fosas de Anjar y se perfilaría la idea respecto al tipo de tribunal que juzgue a los implicados en el magnicidio y las atrocidades. En cualquier caso, las actuaciones de los servicios militares, de la inteligencia y la seguridad de los sirios, ya están sometidas a serias sospechas, con pruebas al parecer contundentes. Pero el problema no se acaba, ni muchísimo menos, con ajustar las cuentas con los sirios, cuya presencia no ha desaparecido de la vida política libanesa, con un aparente vacío que en absoluto se ha cubierto debidamente hasta ahora.

La sorprendente y rápida coincidencia internacional en torno a la crisis libanesa también ha generado importantes exigencias para Beirut; especialmente las relativas al desarme de las milicias, la eliminación de la confesionalidad en la vida política y el despliegue en la frontera sur, con Israel, de las fuerzas militares libanesas. De esta manera, con Resoluciones de las Naciones Unidas por medio, Francia y los Estados Unidos, juntos por una vez en Oriente Medio, llaman a capítulo a Siria pero también ajustan cuentas con las milicias palestinas y de Hizbollah; lo que ya nos conduce desde Beirut a Damasco, pero también de Beirut a Tel Aviv y Teherán, re-visándose de paso todo el espectro político libanés que, por enésima ocasión, se ve metido en un torbellino de gran alcance y amplitud. Todo lo ocurrido y por ocurrir entre los libaneses está finalmente generando debates, alianzas y escenarios, incluso rumores de preparativos de las milicias para un eventual enfrentamiento, en que no sería excluíble alguna actuación revanchista, provocativa o defensiva, por parte de Damasco. Según ciertaslecturas, nuevos choques, primero entre musulmanes y cristianos, después entre sunitas y chiítas, demostrarían que Líbano no puede gobernarse a so-las, que es necesaria la presencia siria para hacerlo.

En definitiva, que debe ocuparse el lugar dejado vacante por los sirios y que hay que dilucidar, por parte de París y de Washington, lo que se pretende en relación con Damasco, exigirle responsabilidades o cambiar de régimen, o ambas cosas. Se trataría para ambas capitales de redistribuir el poder político en Líbano, estableciendo un nuevo patronato internacional de fisonomía franco-estadounidense, pero igualmente de utilizar el país como una palanca más efectiva para presionar a Damasco. Sin embargo, no debería olvidarse que no se ha marchado del todo Siria, la fragilidad de su régimen y sus estrechos lazos con los iraníes. Siria conserva poderosos aliados en Líbano, como Hizbollah, Amal, el Partido Sirio y el Partido Baas, y protagoniza una larga historia de apoyo a los grupos radicales palestinos con presencia armada, en especial el Frente Popular para la Liberación de Palestina, Mando General, que dirige Ahmed Jibril. La peor hipótesis en esta enésima partida de cartas surje de un movimiento de desestabilización con su epicentro en Damasco, extendiéndose a Líbano, de nuevo convertido en campo de juego y de batalla de todas las tensiones regionales. De ser así no es rechazable la posibilidad de la presencia yihadista, de que Zarqawi quiera ampliar sus parámetros de acción, sople el viento wahabita o salafista y, en fin, de que pueda producirse una iraquización de Líbano. Nueva entrada en el diccionario político de Oriente Medio, que ya registra las entradas libanización y balcanización.

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