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Errores
estratégicos
Como
si Oriente Medio se resistiera a recibir los beneficios de la civilización,
la paz no acaba de materializarse, los terroristas siguen actuando a discreción
y la miseria y los sufrimientos se acumulan en la población. Por
si fuera poco, los dividendos de la democracia, pese al notable incremento
de pruebas electorales, o no se reparten bien o tienen significado opuesto
al buscado por los promotores. Las experiencias políticas en unos
cinco años en Afganistán, Palestina e Irak, principalmente,
han servido, por ahora, para relativizar o rechazar ecuaciones e hipótesis;
pese a su gran valor en sí mismas hacen dudar sobre la relación
inversa entre más democracia y menos terrorismo, sobre la capacidad
de un proceso político en des-arrollo para extinguir los movimientos
de la insurgencia y, en fin, sobre la certeza de los augurios por los
que se nos anunciaba la buena nueva de un Oriente Medio libre y democrático
y, por ello, más amigo de Occidente y de los Estados Unidos en
especial.
Hoy se nos presenta la imagen de un Oriente Medio convulso cuya democratización,
exageradamente identificada con la celebración de elecciones, está
favoreciendo a los partidos islámicos y en principio no autoriza
la perspectiva de una mayor convergencia con Occidente. Los ejemplos electorales
de Marruecos, Bahrein, Yemen, Kuwait, Jordania y Arabia Saudí,
sugieren que a medida que el mundo árabe se democratiza aumentan
las probabilidades de que las formaciones islamistas conquisten el poder,
y de que lo hagan de manera impecable; aceptando las normas democráticas
y rechazando la violencia política obtienen una suficiente legitimación
que, es posible, no garantice lo que en medios occidentales se considere
su buen comportamiento futuro, o sea, su identificación con los
objetivos e intereses del Occidente democrático. Estos partidos
islámicos carecen de rivalidad seria por parte de los partidos
laicos tradicionales.
Aún esperanzados por los resultados del referéndum constitucional
en Irak, sigue en mi opinión siendo muy evidente la carga de angelismo
o de ingenuidad en los proyectos occidentales respecto al mundo árabe,
en que se ignora la destrucción de experiencias liberales y parlamentarias
vividas en diversos países, así como la primacía
actual de sujetos políticos y mentalidades que se alejan de Occidente.
Por mucha buena intención y mejor voluntad que indudablemente existe
en tales proyectos, no excluyen la brutalidad en los medios y tampoco
evitan la comisión de tremendos errores estratégicos. En
esos países prácticamenteestán desaparecidos los
partidos laicos o nacionalistas capaces de constituir una alternativa
a los partidos islamistas, con garantías de solidez y capacidad
organizativa. También en los proyectos se olvidan amargas situaciones,
en Irlanda y el Reino Unido, España, Italia, Alemania, Japón,
Turquía e Israel, relativas a terroristas actuando en países
democráticos, o que, como en el caso de Colombia, Sri Lanka y Filipinas,
no han dejado de matar pese al progreso político.
Por lo general, y cada día lo padecemos en Irak, resulta que insurgentes
y terroristas no exactamente, o no sólo, combaten la democracia.
También tienen otros objetivos políticos, territoriales
o sectarios, que no excluyen actividades como criminales y delincuentes
comunes, todo ello en último término provocado por el rechazo
a la ocupación militar y a un proyecto político que consideran
les margina política y económicamente. Tanto en la lucha
contra el terrorismo y la insurgencia como en la construcción de
la democracia, los resultados no tienen por qué ser rápidos,
directos, ni tampoco los mejores para los Estados Unidos y para Occidente.
Precisamente los votos recibidos pueden reforzar los argumentos antiimperialistas,
y el proceso de consolidación democrática puede ser el período
más vulnerable frente a las actuaciones violentas. O sea, una vez
más estas últimas elecciones en un país árabe
han sorprendido por la alta participación en el voto, en personas
que no tenían costumbre de votar y que arriesgaban su vida al hacerlo,
fenómeno esencialmente positivo, aunque voten a quienes no nos
gustan, y mientras otras no dejan la bomba y el fusil. Al menos por ahora.
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