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Nº 667
24/10/2005

Errores estratégicos

Como si Oriente Medio se resistiera a recibir los beneficios de la civilización, la paz no acaba de materializarse, los terroristas siguen actuando a discreción y la miseria y los sufrimientos se acumulan en la población. Por si fuera poco, los dividendos de la democracia, pese al notable incremento de pruebas electorales, o no se reparten bien o tienen significado opuesto al buscado por los promotores. Las experiencias políticas en unos cinco años en Afganistán, Palestina e Irak, principalmente, han servido, por ahora, para relativizar o rechazar ecuaciones e hipótesis; pese a su gran valor en sí mismas hacen dudar sobre la relación inversa entre más democracia y menos terrorismo, sobre la capacidad de un proceso político en des-arrollo para extinguir los movimientos de la insurgencia y, en fin, sobre la certeza de los augurios por los que se nos anunciaba la buena nueva de un Oriente Medio libre y democrático y, por ello, más amigo de Occidente y de los Estados Unidos en especial.

Hoy se nos presenta la imagen de un Oriente Medio convulso cuya democratización, exageradamente identificada con la celebración de elecciones, está favoreciendo a los partidos islámicos y en principio no autoriza la perspectiva de una mayor convergencia con Occidente. Los ejemplos electorales de Marruecos, Bahrein, Yemen, Kuwait, Jordania y Arabia Saudí, sugieren que a medida que el mundo árabe se democratiza aumentan las probabilidades de que las formaciones islamistas conquisten el poder, y de que lo hagan de manera impecable; aceptando las normas democráticas y rechazando la violencia política obtienen una suficiente legitimación que, es posible, no garantice lo que en medios occidentales se considere su buen comportamiento futuro, o sea, su identificación con los objetivos e intereses del Occidente democrático. Estos partidos islámicos carecen de rivalidad seria por parte de los partidos laicos tradicionales.

Aún esperanzados por los resultados del referéndum constitucional en Irak, sigue en mi opinión siendo muy evidente la carga de angelismo o de ingenuidad en los proyectos occidentales respecto al mundo árabe, en que se ignora la destrucción de experiencias liberales y parlamentarias vividas en diversos países, así como la primacía actual de sujetos políticos y mentalidades que se alejan de Occidente. Por mucha buena intención y mejor voluntad que indudablemente existe en tales proyectos, no excluyen la brutalidad en los medios y tampoco evitan la comisión de tremendos errores estratégicos. En esos países prácticamenteestán desaparecidos los partidos laicos o nacionalistas capaces de constituir una alternativa a los partidos islamistas, con garantías de solidez y capacidad organizativa. También en los proyectos se olvidan amargas situaciones, en Irlanda y el Reino Unido, España, Italia, Alemania, Japón, Turquía e Israel, relativas a terroristas actuando en países democráticos, o que, como en el caso de Colombia, Sri Lanka y Filipinas, no han dejado de matar pese al progreso político.

Por lo general, y cada día lo padecemos en Irak, resulta que insurgentes y terroristas no exactamente, o no sólo, combaten la democracia. También tienen otros objetivos políticos, territoriales o sectarios, que no excluyen actividades como criminales y delincuentes comunes, todo ello en último término provocado por el rechazo a la ocupación militar y a un proyecto político que consideran les margina política y económicamente. Tanto en la lucha contra el terrorismo y la insurgencia como en la construcción de la democracia, los resultados no tienen por qué ser rápidos, directos, ni tampoco los mejores para los Estados Unidos y para Occidente. Precisamente los votos recibidos pueden reforzar los argumentos antiimperialistas, y el proceso de consolidación democrática puede ser el período más vulnerable frente a las actuaciones violentas. O sea, una vez más estas últimas elecciones en un país árabe han sorprendido por la alta participación en el voto, en personas que no tenían costumbre de votar y que arriesgaban su vida al hacerlo, fenómeno esencialmente positivo, aunque voten a quienes no nos gustan, y mientras otras no dejan la bomba y el fusil. Al menos por ahora.

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