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Nº 665
10/10/2005

El descontento

Son cada vez más frecuentes los datos reveladores de que en la opinión pública de los. Estados Unidos flaquea la confianza en su Gobierno, en paralelo al aumento de críticas frontales y de actitudes de marcado escepticismo que proceden de círculos políticos europeos, todo ello ante ciertos capítulos de la política exterior de Washington. Que los índices de aprobación negativos coincidan por desgracia, y tal vez por ello se intensifiquen, con desastres como los causados por el huracán Katrina, pueden generar cambios sustanciales en la acción gubernamental y al menos explicar la lógica urgencia de Washington en despejar los embrollos de Afganistán e Iraq. Quiere todo esto decir que los problemas se enconan, que son percibidos con impaciencia creciente y que además se superponen a otros problemas inesperados e imprevisibles, con una sinergia muy perjudicial para la Administración Bush.,. Da la impresión de estar sobrecarga da, incluso abrumada, por el peso de cuestiones muy conflictivas, muchas de ellas únicamente manejables a largo plazo, necesitadas de paciencia, determinación y constancia que no siempre encajan con el ritmo político de un sistema democrático, de elecciones, opinión pública y alternancia de partidos en el poder.

En definitiva, y utilizando el lenguaje castrense, parece como si la Administración Bush hubiera alargado en exceso sus líneas de comunicación y aprovisionamiento, debilitándolas y haciéndolas más vulnerables en consecuencia. La opinión pública de los Estados Unidos estaría polarizándose de manera progresiva, dividiéndose tanto en temas domésticos como exteriores según líneas de vinculación partidista y religiosa. El sector de la población que vota a los republicanos y frecuenta los servicios religiosos, por lo general sigue apoyando con más firmeza a la Administración Bush que los sectores laicos y que se inclinan a favor del Partido Demócrata. Daniel Yankelovich, comentando los resultados de una valiosa encuesta de opinión realizada recientemente por Public Agenda, denuncia la existencia de un malestar bastante generalizado entre las personas consultadas que algún día podría cristalizar en un clamor de solicitudes de rectificaciones en la política exterior si se estanca la situación en Iraq, continúan los forcejeos con Irán, no se progresa en Afganistán y continúa habiendo complicaciones en las relaciones de los Estados Unidos con Siria, Pakistán y Arabia Saudí.

Por supuesto que es la guerra de Iraq la cuestión que más sigue preocupando a los encuestados; pero también la emigración legal y las relaciones de los Estados Unidos con terceros países, en especial con los árabes y musulmanes. En porcentajes significativos se expresa preocupación por el poco respeto mostrado hacia otras naciones, por la necesidad de potenciar los usos diplomáticos frente a los usos militares, favoreciéndose una mejor comunicación con países árabes y musulmanes que ayude a eliminar el antiamericanismo en el mundo. Según ciertas apreciaciones, que por lo demás suelen ocupar lugar destacado también en círculos europeos no enfrentados a los Estados Unidos, en efecto la superpotencia estaría pagando un elevadísimo precio, en vidas de sus soldados y en dineros de sus contribuyentes, precisamente porenfatizar en exceso la respuesta militar ante ciertos problemas exteriores, sin que su inmensa capacidad de actuación en la diplomacia, la economía, la inteligencia y en la cooperación internacional haya sido debidamente utilizada. En este camino de paso podría también haber dejado de lado sus valores e ideales, el pragmatismo y la percepción correcta del interés nacional.

Daniel Yankelovich se pregunta si el descontento de lo que estima una parte destacada de la opinión pública ha llegado ya, o llegará pronto, a alcanzar el punto de ebullición en que la Administración se vería obligada a rectificar, porque la impaciencia es difícilmente soportable y en las altas esferas no hay más remedio que prestarla la atención debida. Los riesgos y sacrificios públicamente adoptados, acertados o no, acaban por ser valorados no ya por su coste astronómico en vidas y haciendas, sino por los resultados y dividendos que proporcionen para la seguridad nacional y mundial, y que tienden a considerarse como quiméricos dado el estado actual de las cosas. Por supuesto, bien está lo que bien acaba, y políticamente nada hay mejor que el buen resultado aunque haya resultado carísimo de lograr. Resultados inciertos y de alto precio, sin embargo, aparecen en la coyuntura exterior del país, cuya Administración ha podido actuar con manos bastante libres, sin obstáculos insuperables en el Congreso y la opinión pública. Pero el éxito de la política exterior también depende del apoyo de la opinión pública. Su descontento y su recalentamiento pueden generar una influencia política primordial, contribuyendo a perspectivas y opciones políticas diferentes.

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