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Desafío nuclear Propiciados
por los Estados Unidos se están intensificando los esfuerzos para
combatir ese gusto por la moda y por el desafío del arma nuclear,
que en absoluto parece menguar por parte de Corea del Norte y de Irán
ni tampoco en las manos o intenciones de contrabandistas de tecnología
de procesado y enriquecimiento, delincuentes y terroristas dispuestos
a matar, a hacer buenos negocios o todo al mismo tiempo. Coincidiendo
con estas amenazas, con las declaraciones y actuaciones muy explícitas
de iraníes y norcoreanos, precisamente está reunida en Nueva
Cork la VII Conferencia para el seguimiento del Tratado de No Proliferación
Nuclear (JTP). Ya en las primeras sesiones de la Conferencia se ha insistido
en que los estados que violen las obligaciones del Tratado no deben beneficiarse
de las posibilidades que también ofrece para el aprovechamiento
del uso pacífico de la energía nuclear. En realidad las
problemas no se han planteado con los países miembros del Tratado,
sino con los países que no lo son Justamente para disponer, llegado
el momento, de armas nucleares, así como con los Quiere esto decir que el TNP y la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) no han podido eliminar en su totalidad trampas y agujeros en las regulaciones, por los designios de terceros estados y de terceras personas que valoran el arma nuclear como elemento preciadísimo para lograr la seguridad y aterrorizar al enemigo. El TNP y la AlEA por ello se encuentran hoy con el desafio de más envergadura desde que hace 37 años se firmara el Tratado, con numerosos ejemplos de incumplimiento y desfachatez. En este panorama casi el único elemento que ha autorizado el optimismo fué la reciente decisión de Libia de renunciar a la fabricación y uso de armas nucleares, y de mostrar su disposición a cooperar con la Al EA. De esta manera, Libia se unió a otras naciones como Sudáfrica, Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán al concluir que sus intereses de seguridad están meJ . or servidos rechazando el arma nuclear y comprometerse con el TNP como países no nucleares. Por supuesto, ni Corea del Norte e Irán, pero tampoco Pákistán, India e Israel, parecen estar dispuestos a seguir el ejemplo libio. Cada uno de estos casos tiene sus propias características, por ello las respuestas internacionales no pueden ser idénticas; tampoco sus respectivos procesos de nuclearización han sido iguales, dependiendo de la percepción de las amenazas, el entorno regional y el apoyo de grandes potencias. Todos estos elementos de diferenciación deben aquilatarse en los casos de irán y Corea del Norte, éste con enormes riesgos para la paz mundial. Todavía Irán puede merecer el beneficio de la duda, no está demostrada su posesión de armas nucleares, lo que sí parece asegurado en el caso de Corea del Norte. Efectivamente, ambos países se consideran amenazados, pero Corea del Norte es una dictadura implacable ni siquiera capaz de alimentar a su pueblo, mientras que Irán es una s ciedad abierta y en evolución democrática. Los peligros, por tanto, proceden de un Estado enloquecido como Corea del Norte, pero en milcha menor medida de un Irán con quien se puede negociar y que parece que aún ponderará los mayores beneficios que recibiría a cambio de olvidar las armas nucleares. En altas instancias internacionales debería colocarse una especie de divan de psiquiatra para que cada país pecador en materia nuclear explicara su situación, detallara sus mentiras y argumentara la maldad del enemigo. Cada caso es distinto y ninguno es fácil de arreglar por el psiquiatra internacional, cuyo peor error puede residir en los tratamientos uniformes y homologados. De momento se trata de reforzar el TNP, por ejemplo mediante la llamada Proliferation Security Initiative (PSI), endosada por el propio Consejo de Seguridad en su Resolución 1540 , una comisión especial dependiente del Secretario General de Naciones Unídas y un plan de acción contra la proliferación del Presidente Bush de hace un año. Todas estas iniciativas están fuera del marco del TNP aunque se apoyan en las normas y en los principios que estableció para evitar la proliferación. Luchar contra ella requiere en cualquier caso que se intensifiquen percepciones y preocupaciones sobre un terrible peligro cierto, perfeccionar los medios de control e inspección y, por supuesto, continuar con iraníes y norcoreanos, más o menos inseguros, más o menos chantajistas, compartiendo con prisa pero sin pausa la mesa de negociaciones. |