Hemeroteca
Esta semana
Lista Mundanal ruido
Nº 647
2/5/2005

Un escenario de conflicto

Es muy conveniente analizar por qué se han desencadenado violentos desórdenes antijaponeses en Pekín y varias ciudades chinas, por qué las autoridades del país han tardado en reprimirlos hasta suponer quizás que no podrían controlarlos, y de qué manera las tensiones entre ambos países habrían de desactivarse. La ocurrido en el mes de abril ciertamente se relaciona con las reticencias japonesas a admitir y pedir disculpas por las atrocidades cometidas por las tropas en China y otros países asiáticos antes y durante la II Guerra Mundial, así como con la intensa campaña que en China se lleva a cabo contra la eventual concesión a Japón de un puesto permanente en el Consejo de Seguridad. Japón tampoco quiere que China sea miembro del Banco Asiático de Desarrollo. Pero más allá de recriminaciones, zancadillas y resentimiento, lo que ocurre entre China y Japón se proyecta en un panorama inmenso en que en absoluto es excluible la colisión y el conflicto de dos grandes países empeñados en dominar y configurar el futuro de Asia en los planos económico, militar y diplomático. Un panorama que cuenta, por supuesto, con los Estados Unidos como tercer actor principal.

Difícilmente pueda encontrarse en el mundo otro escenario donde aparezcan, como en éste y con tanta nitidez, los motivos, los actores y las fuerzas en presencia para el posible conflicto. Asia Orienta¡, el Mar de China y el Océano Pacífico registran formidables impulsos nacionalistas procedentes de China, Japón y Corea del Sur, rivalidad por la captación de fuentes energéticas en zonas marítimas e islas de atribución imprecisa, profundas discrepancias por la cuestión de Taiwán, en que Japón se alinearía con los Estados Unidos contra la posición china, ha sido potencia colonizadora en el arch ¡piélago y favorecería la i ndepenciencia... Y un largo etcétera, porque este escenario asiático es perfecto para las simulaciones y los juegos estratégicos, un tablero de ajedrez de ambiciones nacionales y oportuna relación de fuerzas, con potencias nucleares incluidas, pero que carece de instituciones supranacionales como la Alianza Atlántica o la Unión Europea, que contribuyan a suavizar tensiones y proporcionen un marco para el diálogo y la cooperación. La carrera entre China y Japón con toda probabilidad está resultando implacable, contando China con la sensación de estar ganándola y ser capaz de ajustar cuentas al enemigo de antaño.

En China las actitudes antijaponesas tienen un buen significado, responden a sentimientos muy profundos en la población y constituyen motivo legitimador para el Partido Comunista. Ser antijaponés equivale a ser patriota y en tal perspectiva los desórdenes de abril hacen temer su repetición con ocasión de la serie de conmemoraciones y aniversarios que se avecinan, todos más o menos desagradables; las protestas de 1919, la ocupación japonesa de Manchuria en 1931, la invasión japonesa de China en 193 7 y la rendición de Japón en 1945. Por parte china se insiste en el cinismo de los japoneses al no excusarse debidamente de los horrores de la guerra, olvidando también que Japón ha contribuido de manera muy generosa al desarrollo de China, con fondos que, eso sí, nunca Tokio catalogó como indemnizaciones o reparaciones de guerra. Humillada y resentida, pero con sobrados argumentos para sentirse ya segura y confiada, China continúa con su conocida línea de actuación de rechazo al hegemonismo y al imperialismo, contra un Japón que vive sus propias contradicciones de país orgulloso pero derrotado, preterido políticamente aunque amparado por la posición, la presencia y el eventual conflicto de China con los Estados Unidos.

Hagan juego, señoras y señores. Es imaginable un camino de colisión para dos titanes que a su vez se encuentran muy compenetrados históricamente, pertenecen a la misma civilización, sus sistemas económicos se entrelazan y, en definitiva, actúan como enemigos íntimos. El comercio de China y Japón excede los 200.000 millones de dólares anuales y en 2004 China sobrepasó a Estados Unidos como primer socio comercial de Japón. Además, las empresas japonesas son grandes inversoras en China, empleando en la actualidad a más de un millón de trabajadores de aquel país. Los desórdenes de abril han ayudado a destapar otros elementos muy positivos en las relaciones bilaterales, por el ejemplo los ricos flujos turísticos en ambas direcciones, evidenciando también la pobreza y escasez de visitas oficiales, la penuria de contactos politicos, muy perjudicados por el mar de fondo poi itico al que se ha venido aludiendo, al que se añade más recientemente la oposición de Japón al levantamiento del embargo a la venta de armas a China, impuesto en 1989. Por ahora cada país está muy dispuesto a relacionarse cada día con el otro, pero también, no se sabe hasta cuándo y con qué viabilidad, a obstaculizar cualquier ambición estratégica del vecino.

Hemeroteca
Esta semana
Lista Mundanal ruido