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El autobús de Cachemira La a posibilidad de atravesar Cachemira en autobús ha causado mucha alegría L entre mochileros porque es un pequeño gran indicio de que la paz puede estar aproximándose a la región y porque, francamente, la próxima vez que nos perdamos por allí, un lugar muy apropiado para perderse, habrá más facilidades en cruzar una de las fronteras más hostiles y desagradables que puedan conocerse, en que a manos de soldados de uno y otro uniforme el viajero, y no digamos si se tratase de un autóctono, de manera sucesiva y prolija era sometido a una serie interminable de humillaciones de aceptación obligatoria. Todo acaba por olvidarse si podemos montar en autobús; que nos valgan Laurie Lee o Jack Keruac, por ejemplo. Respecto a otras zonas y ciudades divididas, en Berlín, Jerusalén, Nicosia, Gaza, etc., hemos podido vivir el tiempo suficiente como para ser testigos de la eliminación de controles, registros y barreras que suben y bajan, incomodidades varias que nunca alcanzaron la categoría de las acostumbradas en el tránsito por Cachemira. Esperemos ver también su desaparición, gracias a esos primeros viajes en autobús que aún deben ser una pesadilla y una heroicidad para los pasajeros. El 7 de Abril treinta pasajeros partieron de Muzzafarabad, capital de la parte pakistaní de Cachemira, llegando al Puente de Karnan casi tres horas más tarde. Fueron recibidos por cientos de personas que les obsequiaron con guirnaldas de flores para lucir al cuello y dulces típicos cachemires. Incluso una banda militar anunció la aparición M autobús, cuyo viaje hasta la ciudad de Srinigar, la capital india de Cachemira, es algo muy prometedor en las relaciones de ambos países. Y por supuesto para la población de las dos partes, sin pasos fronterizos practicables desde hace cincuenta años. Precisamente el Puente de Karnan, imposible no relacionarlo con el Puente Allenby, tuvo que ser reconstruído en ocho días por ingenieros militares pakistaníes e indios para que pudieran atravesarlo los autobuses de [al ínea Muzzafarabad Srinigar Muzzafarabad. Puesto que alguien quiso certificar el riesgo de la operación, en vísperas M viaje inaugural un comando islamista atacó la estación de autobuses de Srinigar; los dos terroristas murieron y seis civiles resultaron heridos. Esperemos que el autobús de Cachemira consolide una primera medida de confianza entre indios y pakistaníes, que por el territorio han librado dos de sus tres guerras (1948, 1965 y 1971) desde que consiguieron la independencia en 1947. El paso estratégico desde el Himalaya al subcontinente es una bellísima región de montañas y lagos, una joya turística tan beneficiada por el clima que tenía en Simla la residencia veraniega de los británicos. Los palacios y hoteles de Sirnla, de gran encanto por lo que nos cuenta Kipling, se han convertido en un triste y desolado recuerdo arruinado por unas condiciones de vida atroces, con una población incomunicada y sometida a un nivel altísimo de violencia y temor. Tras la primera guerra, concluída en 1949 con más de un millón de muertos, la ONU dividió el territorio por una Línea de Armisticio, sustituida por una Línea de Control trazada en 1971, a la que siguió la firma del Acuerdo de Simia. Ninguna de las partes cumplió los compromisos de alto el fuego y de negociación. 0 sea, que en Cachemira se han reproducido los horrores de la partición de la India, y de casi todas las particiones, provocando además la ruina y la desestabilización de Pakistán, la hegemonía de su casta militar, la peligrosísima carrera nuclear de indios y pakistaníes, etc. Por si fuera poco Cachemira ha contrihuido al fundamentalismo hindú y al malestar de la importantísima minoría musulmana que permaneció en india, alimentando de manera poderosa el irredentismo islamista al proporcionar una causa a los y¡hadis enrolados en cualquier teatro de Asia, Oriente Medio o Europa. Quiere todo esto decir que Cachemira desde el año 1947 viene suponiendo un grave peligro para los dos países que se la disputan pero también para la paz mundial, qu se ha enconado con el paso de los años y sólo a partir de 2003 ha registrado algún avance. Pero en este delicadísimo proceso siguen presentes las amenazas terroristas , la desconfianza recíproca y los ensayos nucleares; el último, por parte pakistaní, en Marzo de 2004. Verdaderamente no todos están dispuestos a subir al autobus de Cachemira. |