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Nº 639
7/3/2005

Rafik Hariri como pretexto

El asesinato de Rafik Hariri, y después el atentado terrorista en la discoteca de Tel Aviv, han zarandeado con brusquedad algunas piezas del rompecaezas de Líbano, situando a Siria en un peligroso punto de mira. Al menos en comparación con las turbulencias vecinas, pirecía que Líbano gozaba al fin de un período dilatado de calma y prosperidad, recobrando Beirut esa intensiclad de vida, de alegría y de bienestar que no es muy frecuente en las ciudades árabes. Sin relación directa con la tragedia cotidiana que padece Iraq, con la alarma que suscita la tentación nuclear de Irán, o con los misterios que suelen rodear las actuaciones del Gobierno sirio, Líbano volvía a ser hasta hace unos días, esperemos que, siga siéndolo por mucho tiempo, el lugar donde el amor a la vida acababa por imponerse y que nunca perdió la reputación de fabricar el mejor arak y de exhibir las belly dancers más rumbosas. El mal, los peligros, las amenazas, siempre se han situado cerca, no han evitado los países vecinos, timpoco Líbano, pero son los libaneses los que probablemente más voluntad de ser felices y más capacidad de recuperación han sabido demostrar.

Rafik Hariri representaba con baslante pertiección el estilo de la vida y de la políticia del país, donde las reuniones ministeriales pueden prolongirse a los cabarets y no hay clara separación entre asuntos gubernamentales y negocios privados. Millonario y promotor de la reconstrucción de Beirut, que antes se parecía a Alejandría y hoy se parece a Benidorm, una ciudad apasionante que incluso en los peores rnornentos de la guerra civil mostraba sus playas llenas de hañistas, con las mejores salas de fiestas, los mejores periódicos y las librerías siempre con las últimas novedades, las creaciones de Dior y Arman¡ y el champagne Möet Chandon todo en abundancia y muy barato, porque como no había aduanas ni control fiscal de los puertos, las mercancías más lujosas se ofrecían a mitad de precio, el asesinato de Rafik Hariri pondría patas arriba ese delicadísimo equilibrio entre maronitas, musulmanes sunitas y chiítas y drusos, que pueden volver a enfrentarse todos contra todos atizados por terceras partes. Como siempre ha ocurrido en momentos críticos, sin continuidad ni perseverancia en los tratos cada agente exterior ha dispuesto de sus peones en el país, para librar sus conflictos y promover sus intereses por medio de iraníes, sirios y palestinos, por supuesto con los ¡ibaneses agrupados en facciones hoy rivales, mañana aliadas. Eso es lo que se llama libanización, de pésimo ejemplo en Iraq, el Caúcaso y los Balcanes.

¿Quién ha asesinado a Rafik Hariri? Al día siguiente de la matanza se han levantado voces contra Siria, que se incrementan por el atentado en la discoteca de Tel Aviv, exigiéndose la retirada de sus tropas acantonadas en Líbano desde hace ya 29 años en cumplimiento de lo que al respecto dispone la resolución del Consejo de Seguridad número 1559. los soldados sirios entraron en 1976 por acuerdo de la Liga Árabe para la pacificación de Líbano, y su permanencia fue ratificada en 1989 por el acuerdo deTaif, en un compromiso que permitió poner fin a la guerra civil. En realidad a lo que se puso término fue a una guerra civil internacional, con la utilización descarada del teatro libanés como campo de batalla para israelíes, sirios, palestinos, iraníes, etc., cada uno con sus clientes libaneses respectivos, panorama que con el asesinato del antiguo primer ministro puede repetirse. Con unas fuerzas armadas poco cícutivas, una idea nacional mucho menos vigorosa que el estilo de vida, y un mismo estilo de vida muy atractivo pero que más bien favorece cierta indolencia política, Líbano corre el riesgo de convertirse otra vez en el escenario de las tensiones regionales.

Así sucedió en décadas pasadas porque no hay compartimentos estancos en Oriente Medio, donde todos los vasos son comunicantes. En mayo se celebrarán en Líbano elecciones generales que nos ilustraran sobre la panoplia de fuerzas internas y regionales, las posiciones adoptadas tras los sucesos de Beirut y Tel Aviv, pariticipación muy intensificada de politicos y patrones, cabildeos, fricciones e influencias, que desde luego serán seguidas con extremada atención por israelíes, sirios e iraníes. La extremada versatilidad de las alianzas politicas entre libaneses, hoy imigos íntimos, mañana enemigos a muerte, vuelve a revelarse con la eventualidad de un frente común entre rnaronitas, drusos y musulmanes, unidos todos y por ahora contra lo que huela a Siria. El juego de combinaciones vuelve a ser muy rico, complicándose aún más por añadirse al rnismo las tensiones recurrentes entre Wishington, Damasco y Teherán, el problerna nuclear iraní, la polémica sobre Hizbollah, etc. No es fácil identificar al autor ni al beneficiario del asesinato de Rafik Hariri. Tampoco deducir las ganancias de Siria por lo ocurrido, primero en Beirut y después en Tel Aviv, pero sí es posible sospechir nuevos designios para reconvertir Líbano en espacio de ajustes de cuentas y en rompeolas de todos los conflictos de Oriente Medio.

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