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Vuelve la moda nuclear Bueno, el arma nuclear nunca ha pasado de moda, tan solo sus modelos estaban guardados en el armario, junto a las armas químicas y biológicas, porque nunca se sabe. La ambigüedad nuclear se. ha instalado de manera tan amenazadora en el panorama internacional que no sería extraño descubrir mas de un país nuclear de toda la vida, no cualquiera, dedicado a quitar el polvo a los modelos, plancharlos y ponerlos a punlo. La última alarma al respecto procede de Corea del Norte y de Irán, países resueltos al parecer en reposar en esas armas para que su defensa se garantice mediante la manera clásica de disuadir al adversario, aunque se trate de otra potencia nuclear corno Estados Unidos e Israel. La penúltima alarma fue la que nos proporcionaron hace muy poco tiempo India y Pakistán, también enardecidos por asustar al otro y formar parte del Club Nuclear lo cierto es que esie Gub, en principio tan restringido, no deja de incrementar el núniero de socios, tengamos confianza en que no incrernente también sus aulividades sociales, pese a que con la desaparición de la Unión Soviet¡ca y el lérmino de la Guerra Fría se ÚsPer,Iba que cerrara la admisión e incluso desapareciera Tampoco ha sido así, una vez más se ha esiurnado la ilusión de la kantiana Paz Perpetua, incluso para echar de menos la existencia de la Unión Soviética y la continuidad de la Guerra Fría, diríamos una Paz Fría, que al rnenos en la cuestión nuclear contribuyó sobremanera a la instalación de un orden internacional desprovisto de justicia pero no de seguridad. Desde entonces Estados Unidos y la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AlEA), se han dedicado esencialmente a revisar y elaborar tratados internacionales, aparte su labor de inspección de actividades y persecución de las prohibidas por lo acordado entre las naciones que han firmado y ratificado los acuerdos. El éxito es más bien relativo porque la verdad es que el arma nuclear sigue proporcionando un prestigio inaudito para el país que la posee, sin que el hostigamiento de los infractores que también ansían pertenecer al Club de la Aristocracia Nuclear, por definición reservado para unos pocos, y la constante denuncia de¡ desastre que para toda la Humanidad traería un conflicto nuclear, haya empañado tan altísima consideración, ni convencido a los aficionados para que combatan por otros medios su miedo y su inseguridad. Nadie ha suprimido arsenales nucleares, ni se ha atrevido a negar su eficacia en no usarlos. Por ello no resulta extraña la aparición de nuevos alumnos o de aprendices de brujo, mucho más osados e imprevisibles que en su día Estados Unidos y la Unión Soviética, unos verdaderos caballeros nucleares. Sabíamos en manos de quién estaban las armas y hoy apenas lo sabemos, no excluyendo que se manejen por manos irresponsables, estados en crisis o terroristas despiadados. Y es que la naturaleza de la amenaza nuclear ha cambiado de manera radical, pasando de¡ supuesto de un ataque por parte de una nación precisa a la posibilidad de una agresión de procedencia inesperada y vaga. Sin eliminar la posibilidad de un ataque clásico, por ello siguen manteniéndose arsenales y dispositivos, con resultados no siempre positivos, los mayores esfuerzos se realizan hoy en evitar la proliferación y en inventariar de manera fiable las armas nucleares almacenadas por doquier. Pero desaparecido el control que ejercían Moscú y Washington, la quiebra de la Unión Soviética y la liberación ulterior de su almacén nuclear, con el contrabando de material y tecnología, han acarreado los mayores riesgos en la posesión de unas armas que son hoy de relativo fácil acceso. Para los
nuevos miembros del Club -Corea del Norte, India, Irán, Israel
y Pakistán-, la posibilidad de disuadir al eventual enemigo refuerza
esa opción de carácter tanto militar como psicológico,
que fortalecería la seguridad y el prestigio del país, y
también la personalidad de sus dirigentes. Precisamente desde hace
años viene estudiándose el fenómeno nuclear, la fabricación
de armas cuyo máximo valor reside en no utilizarse, como un profundo
precipitado de la psicopatología política de un mundo en
crispación, de la paranoia internacional. Quiere esto decir que
el arma nuclear desde los años 50 del pasado siglo nos ha situado
en esas aguas intermedias en que nadan juntos el terror y la seguridad,
y que a partir de los 80, peor aún, en manos de terceros estados
y de terceras personas se aleja de cualquier garantía de seguridad
y respeto, para dejarnos en cualquier caso frente a lo imprevisto, el
chantaje y el espanto. La bomba sucia, la bomba barata, la bomba limpia
pero en manos de inexpertos, etc., vuelve a los desfiles de modas, figura
en los catálogos secretos y en las ofertas que se hacen boca a
boca, con destino a inseguros, criminales y paranoicos que proliferan,
como las mismas armas nucleares, por la generalizada y agudísima
paranoia que pidece la sociedad internacional. |