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Democracia en Oriente Medio W
ilson
yTeddy Roosevelt, la zanahoria y el palo, se alternan en los mensajes
de las autoridades La santa violencia y la fuerza terrorista hasta el día de las votaciones han sido elementos de uso cotidiano en el conflicto iraquí, lo que no ha impedido que los ciudadanos acud¡eran a las urnas en un porcentaje sorprendente para apostar por la democracia, pese a tanto trauma de guerra, terrorismo y ocupación y a que las urnas hayan sido traídas por quienes invadieron y ocuparon el país. Iraq dista mucho de haberse liberado y su tragedia ha adquirido tal volumen y categoría que, las elecciones, por mucho que se las pueda objetar, son un acto de voluntad y de confianza para desembrollar el problema nacional creado. Hasta que se alcance un punto de satisfacción, de resultados sostenibles en frase de Kissinger, con la paz, la normalidad y la reconstrucción, la memoria de los iraquíes y las intenciones de los estadounidenses indudablemente seguirán moviéndose, en un panorama que aún autoriza a creer en cualquier resentimiento y en cualquier sorpresa, que la extremada dureza de la vida en Iraq habrían contribuído a actualizar y quizás a reforzar. Estamos, por tanto, en la lectura del nuevo capítulo, el de los Estados Unidos, después de los capítulos francés y británico, del voluminoso libro sobre los encuentros entre Occidente y Oriente Medio. Al invadir, ocupar e imponer un régimen político en Iraq, afirma Rashid Khalidi, los Estados Unidos corren el riesgo de calzarse los zapatos de naciones coloniales, Francia e Inglaterra, tengan o no tal intención, en una región que conserva aún un recuerdo muy vivo de su larga lucha para expulsarlas. En el caso de Irak, Egipto e Irán se vivieron experiencias constitucionales y parlamentarias que por muy imperfectas que fueran no se desarrollaron debidamente también por la negativa influencia de los ocupantes occidentales, la idea de la misión civilizadora de Occidente, la desconfianza hacia el autogobiemo y la independencia y, en fin, por la dualidad entre el liberalismo en boga en París o Londres, y una práctica política muy diferente para los árabes de El Cairo, Argel o Bagdad. Con un origen tan dudoso y polémico condicionado por la intervención armada, la democracia en Iraq y en Oriente Medio, si el modelo se amplía, suscita hoy todas las esperanzas pero no pocas sospechas de debilidad y desconcierto, especial mente en la perspectiva del proceso político previsto hasta finales de este año. Del éxito de la operación derivaría la recuperación del prestigio de los Estados Unidos en Oriente Medio. La violencia propiciada en Iraq no sólo ha hecho inevitable el mano a mano entre Wilson y Teddy Roosevelt, también ha acabado por dañar la reputación que los Estados Unidos tuvieron como aliado potencia contra las potencias coloniales, la "Vieja Europa" del secretario de Defensa Rumsfeld. De hecho desempeñaron tal papel en Libia, 1950-1951, en la guerra de Suez de 1956 y en la guerra de Argelia, de 1954 a 1962. Pero en la región se percibe que en las últimas décadas los Estados Unidos habrían pasado de ser una nación benevolente, altruista y desinteresada, a convertirse en una potencia de presencia militar abrumadora y una serie de objetivos e intereses no siempre compatibles con las poblaciones. Por ello mismo la democracia en Oriente Medio que hoy promueven los Estados Unidos, con frecuente recurso a las armas, tendría aspectos de cuadratura del círculo muy difíciles de conciliar. Van desde el control de la OPEP a la venta de armis, la alianza con regímenes dictitoriiles, la identificación con la política del Likud y, en definitiva, la inclinación a deslegitimar y derruir lo que discrepa con las variantes de li estritegia de expansión a que se refiere Stephen Pelletibre; Open door, Manitest destiny, Crusade against evil einpire, y War on terror. |