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China, atracción fatal En todos los planos de la actlividad mundial aparece China, fenómeno sorprendente desde el punto de vista militar y político. Como gran mercado y país inmenso y pobladísimo, acaba de llegara los 1.300 millones de habitantes, capaz de consumir y de fabricar a escalas desconocidas en 0ccidente; lugar predilecto para la inersión, la exportación y las experiencias culturales y sociológicas, que, sin embargo, no deja de inquietarnos por ser cada vez más frecuentes las hordas de turistas procedentes de aquel país, ¡del que era tan difícil salir hace pocos años!, y porque en nuestras ciudades proliferan como hongos tiendas y restaurantes regentados por chinos que nos atraen de manera fatal e irremediable. La altísima marea que China provoca aquí y allá acarrea constantes temores por la amenaza demográfica y/o por la amenaza comercial que podrían concretarse, respectivamente, en un tiempo predecible en Rusia, y que ya se ha concretado en los Estados Unidos. Por ejemplo, en las afueras de Vladivostok ya no se oyen croar las ranas en verano, porque son muy apreciadas en las mesas de los emigrantes chinos que viven en la zona. Su ha calculado que unos 35 m¡llones de ch¡nos pueden unirse a mujures rusas. Las magníficas oporiunidades que para Rusia puede proporcionar el mercado chino, especialmente por el desarrollo de la producción de petróleo y de gas nalural, no ocultan reticencias a las presiones demográficas del país vec¡no, a la emigración masiva de un país a otro; la población rusa en la región que va de Vladivostok a la frontera con Mongolia unos 7,5 millones de personas, pero la de las provincias chinas contiguas es 20 veces mayor. En fin, que la contigüidad física con los chinos tiene sus peligros, pero también los tiene, la contigüidad comercial, tan difíciles de evitar uni y otra. Efectivamente los Estados Unidos temen la amenaza comercial, aunque existe, toda una bibliograffa en que desde hace bastantes años se ha venido especulando con la posibilidad de colisión militar entre lis dos potencias, algo que se considera imposible de eluidir, porque el Pacífico no es espacio suficiente para albergar más de una potencia hegemónica. El enfrentamiento de Estados Unidos con China, en suma, seguiría las huellas y los motivos de su enfrentamiento con lapón. 0 sea, que parodiando a Clausewitz, la guerra sería el comercio por otros medios. Según un estudio del Economic Policy Institute sobre el comercio bilateral de 1989 a 2003, el creciente déficit comercial con China tiene un progresivo y negativo impacto en la economía estadounidense, que habria perdido 1,5 millones de puestos de trabajo en 14 años. En ese tiempo el déficit comercial de los Estados Unidos con China aurnentó 20 veces, de 6.200 rnillones a 124.000 millones de dólares, y se espera que en 2004 haya alcanzado un 20 por ciento mas, o sea hasta 150.000 millones. La pérdida de empleos en los Estados Unidos, imputada al desequilibrio comercial con China, se ha doblado desde su entrada en la Organización Mundial de Comercio, extendiéndose no sólo al sector textil y de la confección, sino también, pari sorpresa y imargura estadounidenses, a sectores de alto nivel tecnológico, intensivos en capital, como son el aeroespacial y el de los automóviles. Esto confirmaría que la penetración y la capacidad de China se observan no solo en cierlos sectores tradicionales, intensivos en trabajo y con bajos niveles salariales, sino en zonas industriales de alta sofisticación donde el dominio de los Estados Unidos y de Occidente en general parecía asegurado. En el centro y el origen de poderosísimos flujos comerciales y demográficos incontenibles, China sigue siendo objeto, día sí, día no, de sospechas y premoniciones por constituir una amenaza que no tardará mucho tiempo en materializarse, o por correr el riesgo de estrellarse, con graves repercusiones en todo el mundo, si sigue con el actual ritmo de crecimiento. Así, Anne Krueger, directiva del Fondo Monetario Iniernacional, nos ha asegurado que la actual expansión económica del país es insostenible con el nivel de crecimiento del Producto Nacional Bruto, una media del 9,7 por ciento de 1990 a 2003. En su opinión debe relajarse tal crecimiento hasta un ritmo más lento y sostenible, en beneficio de la economía mundial y del mismo pueblo chino. Otros dicen algo parecido respecto al ritimo de crecimiento de la población, también sobresaliente. Pero el secretario de Comercio norteamericano Evans ha reconocido que China es el mercado que más rápido crece para la exportación estadounidense, y que su inversión en los Estados Unidos también está aumentando. En resumen, que Rusia y los Estados Unidos, entre otros países, no pueden prescindir de China, pero tampoco pueden, podemos, eliminar algo de desasosiego por su presencia, lo que cada día se documenta y tergiversa, porque los chinos no paran de consumir, de producir y de procrear. |