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Nº 631
10/1/2005

Desde esta orilla

Vista desde esta orilla la guerra de Iraq ha supuesto una enérgica llamada de atención sobre la situacion y el futuro de, las relaciones transatlánticas, que pueden recibir otra llamada no menos enérgica con el "Tratado por el que se establece una Constitución para Europa", o Constitución Europea. En Europa hasla ahora nos hemos preocupado casi exclusivamente del impacto del Tratado en la Constitución de cada país, la necesidad o no de reformarla, la primacía normativa, etc., así como de la conservación de la soberanía nacional. Poco nos hemos preocupado, casi con la excepción (le determinados círculos franceses, sobre la incidencia del Tratado en el vínculo transatlántico, tal y como se ha venido entendiendo bajo los auspicios del Tratado deWashington por el que se constituyo la OTAN. Esto es, prirnacía de la Alianza Atlántica en la seguridad y defensa de Occidenie, y prirnacía de los Estados Un¡(los en tal esquerna. Pero toda la aceleración política acarreada por la reunificación alemana y la desaparici('w de la Unión Soviética, con las sucesivas ampliaciones de la unión y la Alianza, Niza, Mastrique, etc., podrían habernos conducido a un csl)a( ¡o de recelos bilaterales.

La posibilidad de conflicto ya figuraba, sin embargo, en diversos escenarios establecidos desde hace poi:os años, y de, alguna manera se habría materializado por la guerra de Iraq, quizás no tanto por elaboraciones doctrinales y configuración de hipótesis, sino por la rivalidad política, la discrepancia estratégica y la reacción anflimperialista procedentes de Europa, todas (,¡las mJs o menos contrarias a la solución militar en el teatro iraquí. Paradójicamente el resentimiento europeo por la guerra de Iraq habría conducido a fortalecer la política europea de seguridad y defensa. Por ello no sería excluible que una de las peores consecuencias de la guerra de Iraq se situara de manera colateral en la crisis de la OTAN, al generar la actuación de Washington en círculos europeos determinadas propuestas compensatorias y revanchistas a favor del Ejército europeo y la lenta extinción de la Alianza. A su vez estas propuestas se relacionan con los designios deliberados de Washington para formar las ¡lamadas "coaliciones de voluntarios". Quiere esto decir que se descubren grandes tentaciones maximalistas en las dos orillas atlánticas, que en la nuestra podrían acentuarse con la Constitución Europea.

La proyección europea en estos asuntos podría encontrarse condicionada por los ánimos de rivalidad e incluso de revancha inclinados a compensar el poderío estadounidense, y por cierta tendencia estadounidense a buscar y reforzar actuaciones bilaterales con países muy próximos a Washington en el ámbito de la Unión y la Alianza. Además la proyección europea, que va a recibir un formidable endoso con la Constitución, se realiza en un contexto internacional muy cambiante, de cuya transíormación es un resultado y a la que a su vez contribuye. Insistir de manera estática en las fricciones entre los Estados Unidos y Europa por la guerra de Iraq, y en la gravedad de los problemas relacionados del Gran Oriente Medio, perdurables y pendientes de resolución unas y otros, parece incluso anacrónico, o insuficiente, cuando se contemplan los movimientos de la sociedad internacional a favor de los grandes conjuntos regionales y políticos, con la emergencia de, naciones- continente como China e India, y en detrimento de ese sistema de la Paz de Westfalia por el que todas las naciones, grandes y pequeñas, civilizadas o bárbaras, son entidades soberanas e iguales.

Pero resulta difícil imaginir enfrentados a Europa y los Estados Unidos, con historia común, valores compartidos y sometidos a las misinas amenazas. Ambas partes se complementan, exista o no total entendimiento estratégico y político. Lo que mejor se entiende en esta orilla es el internacional ismo liberal, por el que aquel país tanto ha contribuido a la organización y la defensa de la sociedad internacional, y de Europa muy especialmente. Pero sí es fácil su¡)()ner que los designios políticos surgidos en una Europa que se mueve hacia el Este, y en unos Estados Unidos desplazándose hacia el Pacífico, relacionados asimismo con nUeV.1S anICnazas, nuevos focos de tensión y carnbios estratégicos, modificarán las posiciones de los Estados Unidos y la OTAN, tal y como se concebían. Las cosas son diferentes y, sin embargo, la polémica transatlántica, reverdecida por la guerra de Iraq y posiblemente por la Constitución Europea, traiciona aún en algún actor la insistencia en los datos de los años 50 y la Guerra Fría, reacio a evocar la sensación de continentes que se desplazan, o a tener conciencia de un i---nundo en movimiento, como en los relatos de Frederich Prokosch. El esquema estratégico actual, en que se basa la primacía de la OTAN y de los Estados Unidos, es el de mediados del siglo pasado, no el correspondiente a 2005.

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