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Irán y la bomba En este mes con toda seguridad se intensificará aún mas la vieja polémica sobre la polífica nuclear de Irán y el reactor de Arak, que se, superpone al incremento de los problemas políticos, económicos y sociales en el modelo revolucionario de 1979, más bien agotado ya. Hoy la renta per cápita es un tercio de la alcanzada en vísperas de la Revolución, la producción de petróleo llega a dos tercios del nivel de 1979 y la clase media se encuentra agarrotada por la continuada alta tasa de inflación, la generalización del desempleo y el paro encubierto y por el estancamiento de los salarios. Dos tercios de los iraníes tienen menos de 30 años, y sería necesaria la creación de 800.000 pueslos de trabajo al año para proporcionar oportunidades a este importantísimo sector de la población, frustrado y deseoso de cambio político y porvenir material. Ni una ni otra cosa ha logrado el presidente Jatami. Deja el puesto en mayo de 2005 sin haber conseguido cumplir con sus objetivos reformistas, derrotado en buena medida ante la muralla de la vieja guardia revolucionaria, los clérigos y sus intereses creados, fortalecidos sin cesar desde 1979. En Irán, corno en otros países con subdesarrollo económico y autoritarismo politico, se verifica esa tendencia favorable a la realización de costosísimos planes nucleares, en manos de los sectores más reaccionarios de los círculos militares y políticos. De esta manera, la política nuclear como poco parece la continuación de los esfuerzos para asegurar la permanencia de la élite del poder, reforzar los circuitos de la represión y la corrupción y, de paso, beneficiarse de una forma de respeto internacional. El falso debate sobre el derecho de todos a la bomba, en éste y otros casos en real ¡dad suele encubrir dudosas actuaciones políticas y dificultades difícilmente salvables en las relaciones exteriores de un país, que busca asustar a su propio pueblo y a los vecinos por la posesión de los medios más disuasorios. Si hay pleno acuerdo en que la inspección de la AlEA se realice en profundidad en Irán, también debería haberlo en que fuera acompañada de similar actuación respecto a Israel. Lo pidió Amer Mussa, secretario general de la Liga árabe, en Madrid el 11 de noviembre. La política nuclear de Irán genera indudables riesgos para la paz mundial, lo que no impide preguntarse por qué el país quiere de esta manera sentirse más seguro, y qué medios pacíficos y diplomáticos deben utilizarse para facilitarle vías alternativas de actuación. Precisamente con esa finalidad se viene personando en Irán la Unión Europea, a través de Francia, Alemania y el Reino Unido, para negociar con los iraníes el término de¡ proceso de enriquecimiento de uranio, el establecimiento de la cooperación para el uso civil de la energía nuclear, así como la intensificación de los intercambios comerciales. Irán debe ser controlado en su política nuclear, pero también necesita ser ayudado en la política y la economía para que responda de manera oportuna a las exigencias de su desarrollo y a las de su delicada posición en Asia Central, Oriente Medio y el mundo musulmán. Por sus fronteras físicas y espirituales -Afganistán, Iraq, los chiitas, etc.-, y por la animosidad que susciti en los Estados Unidos e Israel, la desestabilización del país generaría efectos devastadores en una amplísimi región y en los mercados internacionales del gas natural y el petróleo. En el escenario iraní confluyen por tanto la diplomacia preventiva europea, una cualificada irritación internacional, así como los grandes intereses de Rusia y China; Irán espera contar con su ayuda si el terna nuclear pasase de la AlEA al Consejo de Seguridad. China ha firmado importantes contratos de gas y petróleo con Iran, país del que Rusia es precisamente el principal proveedor de tecnología nuclear. Los tres países europeos intentan llegar a un acuerdo que evite el traspaso del tema nuclear al Consejo de Seguridad, en el que con toda probabilidad se registraría una gran división de opiniones y la utilización del veto por parte de algún miembro perminente. En lo que parece toda una cuenta atrás, con una irritación creciente que procede de determinados actores internacionales dispuestos a acumular acusaciones contri Irán, por su política nuclear, sus rnisiles y tambien por las violaciones de los derechos humanos, todavía hay un espacio para movimientos de rnocleración. Contando con la colaboración iraní, que no está clara, podrán promover soluciones negociadas, en lugar de nuevas sanciones y amenazas. Pero con la posibilidad, según afirma Kissinger, de que lis negociaciones realcen el prestigio (le Irán, como el de Corea de¡ Norte, sin garantizar su cooperación. |