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Nº 623
8/11/2004

Ucrania, entre Moscú y Bruselas

Como era previsible, ninguno de los dos principales candidatos ha conseguido la mayoría necesaria para evitar la comparecencia en una segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Ucrania. El próximo día 21 se enfrentarán de nuevo Yanukovich y Yuschenko en una segunda oportunidad que probablemente registrará un incremento en las tensiones e incidentes conocidos, en la que es la cuarta elección que el país conoce desde su independencia. Pero están transcurriendo estos comicios de manera relativamente aceptable, con un elevado índice de participación en el voto y un nutrido equipo de observadores interna cionales que ya en la primera vuelta habían verificado determinadas irregularidades en el proceso. Ciertamente, Ucrania contempla la confrontación de dos recias personalidades, que a su vez representan las opciones de un país que parece en busca de autor, entre el Este y el Oeste, hacia Moscú o Bruselas, opciones que nunca podrán ser mutuamente excluyentes. Estas elecciones constituirían de forma indudable una importante etapa en la desovietización de Ucrania y la consolidación de su personalidad nacional. Para ello. Al país no le vendría mal la superación de características, fisonomías y personajes de otros tiempos que aún perduran.

Yushenko representa una nueva geotra mentalidad y otro estilo, que se alejan paulatinamente de Kravchuk, Kuchma y el otro candidato, Yakunovich, actual primer ministro, de la generación de los comunistas convertidos en corruptos y nacionalistas, muy atentos a los intereses de Moscú y más o menos reticentes ante la Unión Europea, la Alianza Atlántica, Washington y el Vaticano. De forma sutil y pacífica Ucrania se convierte en el teatro donde se plantean aún las tensiones entre las dos Europas y que recuerdan las de la Guerra Fría, las mismas que dividen Ucrania prácticamente por la mitad, por el eje de Kiev y los Cárpatos. Las elecciones que se celebran en el país han puesto en evidencia, y de nuevo, a católicos y ortodoxos, la obediencia a Roma o a Moscú, polacos y rusos, el mundo de Lvov y el mundo de Jarkov, porque se trata de una realidad nacional con múltiples variantes y orientaciones y sin apenas tradición de independencia y soberanía, convertida en Estado tras recibir su actual configuración, la de la antigua república soviética, de manos de Stalin y Krushev. Perla de la Unión Soviética, origen de Rusia precisamente en el llamado Rus de Kiev, muchos motivos de carácter sentimental y real explican que para Moscú Ucrania siga siendo algo de añoranza difícil de evitar.

También resulta difícil para Ucrania, en particular para su parte oriental, donde se localiza buena parte de la industria pesada y la población es mayoritariamente de origen rusa. Obtenida la independencia, Ucrania se vio repentinamente amputada al perder las ventajas de la localización industrial y el aprovisionamiento energético, establecidas según un modelo nacional organizado por Moscú. Es decir, se encontró sin petróleo y con gigantescas fábricas de mis¡les, tanques y aviones, produciendo componentes del camión GMZ o del coche Lada Niva que completaban los producidos en otras repúblicas soviéticas. Ucrania aún no ha podido reconvertir tal modelo, qué hacer con el material nuclear, los misiles, los aviones, tanques y vehículos a medias, ni tampoco con la flota del Mar Negro, arruinada en Oclessa y Sebastopol, como esta arruinada la flota rusa del Báltico en Kaliningrado, pagando la alegría geográfica de Krushev, ucraniano, que decidió asignar la Península de Crimea a Ucrania. Por supuesto, después de que Stalin decidiera expulsar a su población tártara.

Ucrania ha tenido que inventar bandera y nacionalidad, con una base infinitamente más reducicla que la de sus vecinos polacos, pero desde luego con más voluntad que la de los vecinos de Bielorrusia, sin ninguna personalidad nacional. Gane quien gane en estas elecciones, el nuevo presidente no podrá evitar una política de equilibrio entre Rusia y la Unión Europea, entidades de consideración obligatoria en todos los planos para un futuro estable. Se encuentra al principio de una reconciliación económica con Rusia, según el intento de recuperación postsoviético de Vladimir Putin, pero la eventualidad del ingreso en la Unión Europea tiene períodos y dificultades en principio mucho más dilatados que los que ofrece la opcien rusa. Los intercambios comerciales con Moscú y Bruselas son hoy de volumen similar, aunque se estiman mayores las oportunidades ele crecimiento respecto al mercado ruso, sin olvidar las que conceda la reconstrucción, aunque sea parcial, del antiguo sistema de localización productiva, en el que Ucrania ocupaba un lugar destacado.

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