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Nº 619
11/10/2004

Sin inmunidad

En Iraq no secuestran mujeres", me respondió la periodista Angeles Espinosa cuando alabé su libertad
de movimientos en la ciudad de Faluya. Tendría razón hasta que, posteriormente, el secuestro de las
dos muchachas italianas de la ONG "Puente para Bagdad", acabó con la certeza de que en efecto las mujeres gozaban de algún tipo de inmunidad. Pero a partir de ahora en Oriente Medio y cualquier otro lugar conflictivo las mujeres, los niños y los ancianos tienen también que redoblar precauciones, corno han debido hacerlo desde hace un par de décadas al menos todos los demás que, como las cigüeñas, gozaban tradicionalmente de un trato privilegiado, observados como seres puros en medio de la refriega. Incluso en circunstancias muy dramáticas, porque se pensaba traían mensajes de paz, eran capaces de arbitrar treguas, dar buenos testimonios y aportar en definitiva algún consuelo espiritual o
material. La fisonomía misma del enfrentamienlo, la crispación y desconfianza que suscita un enemigo de agilidad fe
lina, terrorista o insurgente, según el día y el lugar, no dan ya ocasión para distinciones. Hay que matarlos a todos.

Las mujeres los ancianos y los niños, por una parte y por otra los diplomáticos, los clérigos, los periodistas y los miembros de las ONGs recibían tratamiento diferenciado, ya que se les evitaba el fuego, podían a cercarse de una trinchera a otra y no se consideraban objetivo a abatir. Cualquiera que haya actuado en tal condición sabía que por no llevar armas y por presumirse su buena fe, las oportunidades de acceso y circulación eran prácticamente ¡limitadas y casi totales las garantías concedidas por los combatientes. Las víctimas se debían sólo a errores y accidentes, y la inmunidad crecía en razón directa a las facultades de exhibirse, mostrar ¡a presencia, enarbolar bien alta la bandera de un país neutral, de las Naciones Unidas o la Cruz Roja, nunca por esconderse o retirarse. Todos ellos, en Tierra Santa o en Bosnia, eran gentes que de alguna manera acudían para ayudar a los que sufrían, pudiendo aliviar su pena o al menos informar de ello; gentes de Dios, actores de la democracia y la libertad, despenseros de alimentos y medicinas, etc. A menudos simbolizados por ese soldado nórdico de la ONU, limpio y sonriente, emergiendo en un paraje de basuras. Kenitra, Altos del Golán, 1986.

Innecesario pormenorizar la lista trágica que tanto han alargado sucesos en los Balcanes y el Caúcaso, el África subsahariana y Oriente Medio, con víctimas entre periodistas, diplomáticos, clérigos y miembros de ONGs, no caídos por accidente o error, sino por ser blanco de tiro, del coche bomba o el bombardeo indiscriminado, en que no hay distinción para nadie. Cualquiera puede ser muerto o secuestrado por ser objeto de sospecha, de ser espía como poco. Y porque, ciertimente y por desgracia, más de un Gobiemo ha escogido la cobertura de una profesión honorable para camuflarla con otros fines. Mal para todos, en consecuencia, que paguen justos por pecadores y se acabe cualquier presunción de inmunidad, como para ancianos, mujeres y niños, que a lo rnejor llevan encima la bomba o el fusil. Cualquier profesional tiene un protocolo diferente de actución sin que quepan en nuestros días la presencia visible y la actuación ejemplar. El uso de cuilquier distintivo, uniforme, vehículo, bandera, matrícula, etc., puede ser ya contraproducente, recomendandose no señalarse ante los combatientes, disparan a todo lo que se mueve y desconfían de manera genérica.

Mal cariz por tanto adquieren les situaciones en que nadie se va y en nadie puede residir el u( suelo, máxime con una industria la extorsión y el secuestro altame te rentable, cruel y eficaz con el error. Cada día aumentan las profesiones de riesgo, que apenas lo eran antes las de bombero y piloto de pruebas . 0, mejor dicho, cada día hay más riesgos en todas las profesiones que se ejercen en cualquier desastre, sean las antes enumerados pero también para intérpretes conductores o pinches, trabajen en una embajada, una iglesia o un hospital. Están ya muy lejos los franciscanos en Tierra Santa, los soldados daneses en Beirut o los amigos de la ONU caídos en la voladura del Hotel Canal de Bagdad, los veterinarios también de la ONU que en Iraq trataban la fiebre aftosa o cuidaban de los perros para detección de rninas, las hermanas de Teresa de Calcuta en Gaza, y tantas mujeres, niños y ancianos , todos ellos Santos Inocentes, tan respetados hasta hace pocos años pero hoy desaparecidos de este mundo, de sus puestos, escondidos o mimetizados para evitar identificaciones, asesinatos y secuestros, porque ya no hay inmunidad y al parecer todo vale, o todo vale con cualquiera.

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