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Sin inmunidad En
Iraq no secuestran mujeres", me respondió la periodista Angeles
Espinosa cuando alabé su libertad Las mujeres los ancianos y los niños, por una parte y por otra los diplomáticos, los clérigos, los periodistas y los miembros de las ONGs recibían tratamiento diferenciado, ya que se les evitaba el fuego, podían a cercarse de una trinchera a otra y no se consideraban objetivo a abatir. Cualquiera que haya actuado en tal condición sabía que por no llevar armas y por presumirse su buena fe, las oportunidades de acceso y circulación eran prácticamente ¡limitadas y casi totales las garantías concedidas por los combatientes. Las víctimas se debían sólo a errores y accidentes, y la inmunidad crecía en razón directa a las facultades de exhibirse, mostrar ¡a presencia, enarbolar bien alta la bandera de un país neutral, de las Naciones Unidas o la Cruz Roja, nunca por esconderse o retirarse. Todos ellos, en Tierra Santa o en Bosnia, eran gentes que de alguna manera acudían para ayudar a los que sufrían, pudiendo aliviar su pena o al menos informar de ello; gentes de Dios, actores de la democracia y la libertad, despenseros de alimentos y medicinas, etc. A menudos simbolizados por ese soldado nórdico de la ONU, limpio y sonriente, emergiendo en un paraje de basuras. Kenitra, Altos del Golán, 1986. Innecesario pormenorizar la lista trágica que tanto han alargado sucesos en los Balcanes y el Caúcaso, el África subsahariana y Oriente Medio, con víctimas entre periodistas, diplomáticos, clérigos y miembros de ONGs, no caídos por accidente o error, sino por ser blanco de tiro, del coche bomba o el bombardeo indiscriminado, en que no hay distinción para nadie. Cualquiera puede ser muerto o secuestrado por ser objeto de sospecha, de ser espía como poco. Y porque, ciertimente y por desgracia, más de un Gobiemo ha escogido la cobertura de una profesión honorable para camuflarla con otros fines. Mal para todos, en consecuencia, que paguen justos por pecadores y se acabe cualquier presunción de inmunidad, como para ancianos, mujeres y niños, que a lo rnejor llevan encima la bomba o el fusil. Cualquier profesional tiene un protocolo diferente de actución sin que quepan en nuestros días la presencia visible y la actuación ejemplar. El uso de cuilquier distintivo, uniforme, vehículo, bandera, matrícula, etc., puede ser ya contraproducente, recomendandose no señalarse ante los combatientes, disparan a todo lo que se mueve y desconfían de manera genérica. Mal cariz por tanto adquieren les situaciones en que nadie se va y en nadie puede residir el u( suelo, máxime con una industria la extorsión y el secuestro altame te rentable, cruel y eficaz con el error. Cada día aumentan las profesiones de riesgo, que apenas lo eran antes las de bombero y piloto de pruebas . 0, mejor dicho, cada día hay más riesgos en todas las profesiones que se ejercen en cualquier desastre, sean las antes enumerados pero también para intérpretes conductores o pinches, trabajen en una embajada, una iglesia o un hospital. Están ya muy lejos los franciscanos en Tierra Santa, los soldados daneses en Beirut o los amigos de la ONU caídos en la voladura del Hotel Canal de Bagdad, los veterinarios también de la ONU que en Iraq trataban la fiebre aftosa o cuidaban de los perros para detección de rninas, las hermanas de Teresa de Calcuta en Gaza, y tantas mujeres, niños y ancianos , todos ellos Santos Inocentes, tan respetados hasta hace pocos años pero hoy desaparecidos de este mundo, de sus puestos, escondidos o mimetizados para evitar identificaciones, asesinatos y secuestros, porque ya no hay inmunidad y al parecer todo vale, o todo vale con cualquiera. |