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Nuevas variantes para la 'pizza' estadounidense Las posibilidades de que el presidente Bush gane las elecciones de noviembre está generando buenas dosis de irritación en determinados círculos occidentales Máxime porque se han publicado encuestas, de valor meramente testimonial, reveladoras de que si participaran votantes europeos los resultados serían favorables a Kerry. Todo ello sí confirmaría que nadie puede ser ajeno a lo que ocurra en los Estados Unidos, y que en terceros países al menos existe una especie de derecho moral o inlelectual a tomar parte en sus elecciones Por supuesto, cuestión diferente es que nuestras opiniones coinc¡dan con las del pueblo estadounidense, quien sí va a elegir su presidente, y que llegado el momento de la verdad lleguemos a cometer el error y la estupidez de más de un político, indignado porque el pueblo soberano no ha utilizado el voto como a él le hubiera gustado. Reñir a los estadounidenses en la eventualidad de quu Bush triunfe, actitud perfetamente inútil como la de escupir al c¡elo, es meterse un camisa de once varas o evidenciar una notoria faila de información y conocimiento sobre la vida política y el sentimiento nacional en los Estados Unidos.. Mientras siguen cayendo sus Soldados en Iraq y cada día manifiesta con creces el fracaso de la intervención armada, se asiste a una sorprendente constancia en la manera con que las autoridades reafirman sus posiciones políticas y militares sobre Iraq y Oriente Medio. Desde hace mucho tiempo se había sospechado que las autoridades y nosotros no leíamos lo mismo y que tal disparidad continúa, sin que aquellas se tambaleen pese al incesante caudal de documentos y otros testimonios ilustrativos de la falsedad, la torpeza, la crueldad y un larguísimo etcétera hecho público precisamente en aquel país. ¿Es que sólo leeemos nosotros? Esta sorpresa por la permanencia de actitudes públicas se amplía más cuando conocemos los datos de pocas semanas antes de las elecciones, en que se nos sugiere que el presidente Bush se presenta con encuestas favorables, y que la percepción de una parte sustancial de¡ electorado se inclina, pese a todo lo que ha llovido, hacia una especie de consenso, al que el Congreso no se ajeno, en que se considera la cuestión iraquí como una etapa en la guerra global contra el terrorismo que requiere el cierre de filas de la nación y la proyección al exterior de su poderío militar. 0 los estadounidenses se equivocan, están en su derecho, o es que no los conocemos bien. Quizás habría que inclinarse por esto último, y reconocer que en Europa y dentro de los Estados Unidos, no digamos en el resto de¡ mundo y en particular entre los árabes, el juicio sobre la Administración republicana no se correspondería con exactitud con el de un sector sustancial de la opinión pública estadounidense. Tal vez bebamos en las mejores fuentes, leemos los mejores libros y nos saciamos cada día con las denuncias que nos llegan sobre los desastres de la guerra y los despropósitos de la elite neoconservadora. Pero lo hacemos con tal frenesí que a lo mejor hemos relegado lo que nos atrae menos; es decir, la categoría adquirida por el presidente Bush como símbolo de la resistencia y el heroísmo ante los atentados del 11 de Septiembre, que por supuesto intenta revitalizar de, cara a las urnas, la ausencia de una auténtica alternativa en los programas electorales de los demócratas y, en fin, la riada de patriotismo, autoafirmación y confianza militar que. atraviesa el país, y que al menos en las próximos comicios podría beneficiar en especial a los republicanos. Podremos regañar a los estadounidenses si deciden reelegir al presidente Bush, podemos desear que lean lo que nosotros leemos, que todos sean bostonianos, pero lo que no podemos permitir es la persistencia en esta visión parcial, liberal y tolerante, de los Estados Unidos. Sin vivir en profundidad en allí pero participando de alguna manera en su cultura y su modo de vida nos hemos fabricado una especie de pizza con los variantes a nuestro gusto, que luego resulta no es la pizza que prefiere el estadounidense medio o la mayoría del país que, en contra de los bienpensantes de Occidente y de allí mismo, se inclina por variantes y resultados electorales que nos resultan poco digestivos. No olvidemos, por ejemplo, algunas de esas variantes: el pitriotismo, la solidaridad nacional en torno a la guerra, por muy objetable que nos pueda parecer, y las virtudes que se han acabado por atribuir al presidente Bush. Ni tampoco la pregunta del millón: la tensión terrorista, ¿perjudicará al presidente o aumentará sus posibilidades electorales como guerrero implacable y paladín de la libertad y la democracia? |